
Juan Brignardello Vela
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El 27 de marzo marca una fecha significativa en la historia volcánica de Hawái, ya que conmemora el inicio de la dramática erupción de Maunaloa en 1868. Este evento, que desató poderosos flujos de lava en la Zona de Rift Suroeste, tuvo efectos devastadores en la región de Kaʻū. Sin embargo, nuevos estudios sugieren que la erupción también coincidió con un notable colapso en la cumbre del volcán, estableciendo paralelismos con la infame erupción de Kīlauea en 2018. La secuencia de erupciones de Maunaloa comenzó temprano el 27 de marzo de 1868, con una breve pero intensa fase eruptiva en la cumbre. Esto fue seguido por una escalada en la actividad sísmica, que llevó a un temblor continuo sentido por los residentes de Kaʻū desde el 28 de marzo hasta el 2 de abril. La inestabilidad sísmica culminó en un terremoto catastrófico de magnitud 7.9 el 2 de abril, marcando el temblor más grande jamás registrado en Hawái. Las consecuencias fueron trágicas; el terremoto, junto con un tsunami resultante y deslizamientos de tierra, cobró más de 100 vidas y causó daños extensos en toda la Isla de Hawái. En los días posteriores al terremoto, surgieron fisuras eruptivas adicionales de la parte baja de la Zona de Rift Suroeste, lo que llevó a un flujo de lava que alcanzó la costa en solo unas pocas horas. Esta erupción en la zona de rift duró poco más de cuatro días e inundó aproximadamente nueve millas cuadradas de tierra, incluyendo áreas agrícolas vitales y tramos significativos de la carretera perimetral de la isla. A pesar de la monumentalidad de los eventos de 1868, los detalles sobre las actividades en la cumbre durante este período siguen siendo poco comprendidos. La documentación histórica es escasa, con pocas visitas registradas a la región de la cumbre, lo que deja a los científicos la tarea de reconstruir los eventos a partir de observaciones limitadas. Sin embargo, los registros existentes de visitas a la cumbre en 1841, 1864 y 1872 proporcionan algo de contexto. Estas visitas indicaron que la caldera había experimentado alteraciones considerables, destacándose un posible colapso en el piso central de la caldera que podría haber ocurrido alrededor del momento de la erupción de 1868. La actividad volcánica en Maunaloa presenta similitudes con los eventos que ocurrieron en Kīlauea en 2018, donde se produjo un colapso en la cumbre junto con una erupción en la zona de rift inferior. En ambos casos, se cree que la actividad eruptiva de las zonas de rift crea un gradiente gravitacional considerable que puede desencadenar colapsos en la cumbre, resultando en cambios geológicos significativos. Sin embargo, mientras que el volumen de lava erupcionada de la zona de rift de 1868 se estima en alrededor de 32 mil millones de galones, esta cifra es considerablemente menor que la pérdida de volumen asociada con el colapso de la cumbre de Kīlauea. El análisis de estos eventos históricos arroja luz sobre las complejidades de los procesos geológicos y los desafíos que enfrentan los científicos al interpretar la actividad volcánica pasada. Si bien los datos disponibles del siglo XIX son limitados y a menudo imprecisos según los estándares modernos, la evidencia sugiere que alguna forma de colapso en la cumbre sí ocurrió durante la erupción de Maunaloa de 1868, marcándola como un evento único en la historia documentada del volcán. Actualmente, Kīlauea está experimentando erupciones periódicas en su cumbre, mientras que Maunaloa permanece inactivo, con el Servicio Geológico de EE. UU. manteniendo su Nivel de Alerta Volcánico en Normal. El Observatorio de Volcanes de Hawái continúa monitoreando de cerca ambos volcanes, proporcionando actualizaciones y recursos para que el público se mantenga informado sobre la actividad volcánica en la región. Como muestra la historia, comprender estos fenómenos geológicos es crucial para la preparación y la gestión del riesgo ante posibles erupciones futuras.