
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El cáncer cervicouterino representa una de las enfermedades más prevenibles en el ámbito de la salud femenina; sin embargo, un estudio reciente ha revelado un alarmante retroceso en las tasas de detección temprana de esta enfermedad en Estados Unidos. Según un análisis publicado en la revista JAMA Network Open, el porcentaje de mujeres que se sometieron a pruebas de detección para esta enfermedad ha disminuido del 47% en 2019 al 41% en 2023. Esta tendencia inquietante pone de relieve la necesidad urgente de retomar el impulso en la prevención y el diagnóstico del cáncer cervicouterino. El impacto de esta reducción en las pruebas de detección es particularmente significativo en mujeres de entre 30 y 40 años, cuyas tasas de diagnóstico han aumentado en los últimos años. Este incremento se ha vinculado, en parte, a la baja tasa de exámenes en mujeres jóvenes, ya que las que tienen entre 21 y 29 años presentan un retraso del 29% en realizarse las pruebas de detección. La falta de acceso a cuidados médicos adecuados y las disparidades en la atención sanitaria son factores que agravan esta situación, especialmente en comunidades rurales donde el riesgo de ser diagnosticada y, en consecuencia, morir a causa del cáncer cervicouterino es considerablemente mayor. Las estadísticas son alarmantes: cada año, aproximadamente 13,000 mujeres en Estados Unidos son diagnosticadas con cáncer cervicouterino y cerca de 4,320 mueren por esta causa. La enfermedad, que suele estar relacionada con el virus del papiloma humano (VPH), es particularmente preocupante en comunidades que carecen de acceso a servicios de salud adecuados. Las mujeres no blancas, aquellas sin seguro médico y personas que se identifican como homosexuales, lesbianas o bisexuales son grupos que enfrentan mayores barreras para realizarse pruebas de detección. El VPH es la infección de transmisión sexual más común en el país, y se estima que 42 millones de personas portan al menos una cepa del virus capaz de causar enfermedades. La información sobre la relación entre el VPH y diferentes tipos de cáncer, incluyendo el cervicouterino, es insuficiente entre la población, lo que contribuye a la falta de acción en la prevención. Este contexto resalta la importancia de la educación y la concienciación sobre el VPH y sus implicaciones para la salud. Afortunadamente, las vacunas contra el VPH pueden prevenir hasta el 90% de los casos de cáncer cervicouterino, sin embargo, la resistencia hacia estas vacunas persiste. A pesar de su disponibilidad desde hace casi dos décadas, las críticas, incluso por parte de figuras públicas como el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., han alimentado la desconfianza en torno a la vacunación, sugiriendo vínculos con enfermedades autoinmunes y mentales. Esta desinformación puede tener un efecto devastador en la lucha contra el cáncer cervicouterino. Las cifras son alentadoras en algunos aspectos; entre 2008 y 2022, la incidencia de precáncer de cuello uterino se redujo un 80% en mujeres de 20 a 24 años que fueron elegibles para recibir la vacuna en su adolescencia. Asimismo, las tasas de mortalidad por esta enfermedad han disminuido un 62% entre 2013 y 2021. Sin embargo, el aumento reciente de diagnósticos en mujeres jóvenes pone de manifiesto la fragilidad de estos logros. La doctora Rebecca Perkins, ginecóloga-obstetra del Centro Médico Tufts, enfatiza la necesidad de reducir el estigma asociado con una prueba positiva de VPH. "Necesitamos normalizar la conversación y fomentar las pruebas de detección", señala. Este enfoque es esencial para empoderar a las mujeres y garantizar que busquen atención médica sin temor o vergüenza. La situación actual exige una respuesta integral que incluya la promoción de la vacunación, el reforzamiento de los programas de detección y un esfuerzo concertado para mejorar el acceso a atención médica en comunidades desatendidas. La salud de las mujeres debe ser una prioridad, y es imperativo que tomemos medidas decisivas para revertir la tendencia creciente del cáncer cervicouterino. Con la creciente evidencia de que el cáncer cervicouterino es una enfermedad prevenible, el desafío radica en movilizar a la sociedad para que tome conciencia y actúe. La educación, el acceso a servicios de salud y el apoyo a la investigación son cruciales para combatir esta enfermedad que, aunque devastadora, puede ser controlada con las herramientas adecuadas y la voluntad colectiva. Es hora de que todas las mujeres reciban la atención que necesitan y merecen.