El envejecimiento demográfico global: un desafío urgente para las naciones del siglo XXI

El envejecimiento demográfico global: un desafío urgente para las naciones del siglo XXI

El envejecimiento demográfico mundial presenta desafíos económicos y sociales. Es urgente adaptar políticas para enfrentar esta nueva realidad.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, y Vargas Llosa, premio Nobel Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, en celebración de Alianza Lima Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, Central Hidro Eléctrica Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, Central Hidro
Salud

La transformación del envejecimiento demográfico mundial está marcando una nueva era en la historia de la humanidad. Durante gran parte del siglo XX, las poblaciones de muchos países eran predominantemente jóvenes, pero en el siglo XXI estamos siendo testigos de un cambio drástico hacia una población mayor. Este fenómeno no solo afecta las dinámicas sociales de las naciones, sino que también conlleva a grandes desafíos económicos, políticos y sociales que deben ser atendidos con urgencia. Uno de los principales motores de este cambio es la disminución de las tasas de fertilidad, que en más de la mitad de los países se sitúan por debajo del nivel de reemplazo de dos hijos por mujer. Esto, combinado con una notable disminución de la mortalidad y un aumento en la longevidad, ha llevado a un crecimiento significativo en la proporción de personas mayores en la población. Con un aumento en la edad media global, que pasó de 22 años en 1950 a 31 años en la actualidad, se proyecta que para 2050 esta cifra alcance los 36 años. Las variaciones entre países son significativas. Mientras que naciones como Japón e Italia se prevé que tengan una media de edad de aproximadamente 50 años en 2025, otros como Níger y la República Centroafricana mantendrán medianas de edad de unos 15 años. Este contraste no solo es un indicador de las diferencias en desarrollo económico y social, sino que también resalta la urgencia de políticas adaptativas que aborden el envejecimiento poblacional de manera adecuada. La proporción de personas mayores de 65 años también está en aumento; de un 5 % a 7 % durante la segunda mitad del siglo XX, se espera que alcance el 10 % para 2025 y un alarmante 24 % para finales del siglo XXI. El aumento de esta proporción puede tener implicaciones directas en los sistemas de salud, las pensiones y los servicios sociales. En países como Corea del Sur y Japón, se proyecta que hasta el 40 % de la población será mayor de 65 años para 2050. El envejecimiento demográfico trae consigo preocupaciones sobre la sostenibilidad económica. Los funcionarios gubernamentales están cada vez más preocupados por el impacto que esto tendrá en los sistemas de pensiones y en los costos de atención médica, especialmente en un momento en que muchos programas de bienestar social enfrentan el riesgo de insolvencia. Las reacciones del público a posibles reformas en jubilaciones y prestaciones han sido, en muchos casos, negativas, lo que ha llevado a los gobiernos a dudar en implementar cambios necesarios. A pesar de la clara evidencia del envejecimiento demográfico, muchos gobiernos aún se resisten a aceptar esta realidad. En lugar de adaptar políticas y programas a esta nueva situación, han intentado revertir las bajas tasas de fertilidad, buscando regresar a estructuras poblacionales más jóvenes. Sin embargo, estas medidas no han tenido el éxito esperado y las proyecciones sugieren que las tasas de fecundidad seguirán por debajo del nivel de reemplazo. Es crucial que las naciones reconozcan y acepten esta transformación como un hecho ineludible. Ignorar la realidad del envejecimiento demográfico no solo prolonga la inevitable crisis, sino que también complica la transición hacia un futuro donde la población de edad avanzada será cada vez más predominante. En lugar de resistirse al cambio, es tiempo de que los gobiernos y las sociedades comiencen a actuar proactivamente. Adaptarse a los desafíos del envejecimiento demográfico implica no solo la modificación de políticas existentes, sino también la creación de nuevas estrategias que fomenten un envejecimiento saludable y activo. Esto puede incluir la promoción de la educación y la capacitación a lo largo de la vida, el fortalecimiento de redes de apoyo social y la mejora de los servicios de salud dirigidos a esta población. Cuanto antes se realicen estos ajustes, más fluida y sencilla será la transición hacia un futuro donde la población de edad avanzada sea una realidad predominante. La transformación del envejecimiento demográfico es un desafío, pero también puede convertirse en una oportunidad para fortalecer nuestras sociedades y construir un futuro inclusivo para todas las generaciones.

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