La lucha de Cecilia Alcón y su hijo Mateo contra el cáncer infantil en el Hospital del Niño

La lucha de Cecilia Alcón y su hijo Mateo contra el cáncer infantil en el Hospital del Niño

Cecilia Alcón lucha por su hijo Mateo, diagnosticado con leucemia. Es presidenta de una asociación que busca mejorar la atención para niños con cáncer.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

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Salud

Cecilia Alcón se apresura a salir de la sala de Quimioterapia ambulatoria en el Hospital del Niño, donde su hijo Mateo, de siete años, acaba de recibir su tratamiento. La imagen de Mateo, con su gorra de lana y el barbijo que oculta parte de su rostro, es un recordatorio del arduo camino que han recorrido juntos desde que a los cuatro años fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda, un tipo de cáncer en la sangre. Para Cecilia, ese día trajo consigo una tormenta de emociones y un diagnóstico que jamás imaginó que recibiría. El primer golpe fue devastador. La fiebre que parecía inofensiva se convirtió en un enemigo silencioso que amenazaba la vida de su pequeño. Al recibir la noticia, Cecilia se sintió impotente. La idea de que su hijo estaba gravemente enfermo era un concepto que no podía procesar. Sin embargo, el amor y la determinación de una madre son fuerzas poderosas, y Cecilia no tardó en involucrarse en una lucha que se extendía más allá de su propia familia. Como presidenta de la Asociación de Familiares de Niños Niñas y Adolescentes con Cáncer, Cecilia ha encontrado una nueva familia entre los 203 miembros de la organización. Esta red de apoyo se ha vuelto esencial para ella y otros padres que enfrentan la difícil batalla contra el cáncer infantil. Juntos comparten sus historias, sus miedos y, sobre todo, su deseo de mejorar la vida de sus hijos mientras enfrentan el tratamiento. La lucha colectiva de la asociación es inspiradora, pero también está marcada por la frustración. Cecilia señala la falta de recursos económicos y el escaso apoyo institucional que reciben. A pesar de la existencia de campañas de concienciación y recaudación de fondos, ella siente que su voz a menudo no es escuchada. "Aquí no llega nada", afirma, reflejando la realidad de muchas familias que dependen de la solidaridad de la comunidad para sobrevivir. La situación se complica aún más cuando se considera el impacto emocional que el tratamiento tiene en los niños y sus familias. Mateo ha recibido su quimio número 103, y cada sesión es una montaña rusa de emociones. Mientras que los adultos pueden entender el proceso, para los niños, la experiencia es confusa y aterradora. La soledad y el dolor que sienten son incomprensibles para ellos. Cecilia se convierte en su mayor defensora, explicando cada paso y asegurándose de que Mateo sepa que, a pesar de los momentos difíciles, ella siempre estará a su lado. El camino ha sido incierto y lleno de retos. Cecilia recuerda momentos desgarradores en los que sintió que todo estaba perdido. Cuando Mateo estuvo en terapia intensiva, ella se enfrentó a sus peores temores. "Tal vez esta noche ya no salga", le dijo un médico, palabras que resonaron en su corazón como un eco de desesperanza. Pero Mateo, con su espíritu luchador, le devolvió la vida y la fuerza. "Mamá, ¿por qué quieres que me vaya? Yo quiero estar contigo", le respondió, y esas palabras se convirtieron en un faro de esperanza para Cecilia. A pesar de las dificultades, la pareja madre-hijo ha encontrado formas de sobrellevar el tratamiento. Cecilia ha aprendido a cuidar la dieta de Mateo y ha buscado información sobre la enfermedad, convirtiéndose en una madre experta en la atención del cáncer. Sin embargo, no todos los padres tienen acceso a la misma información o recursos, lo que hace que la labor de la asociación sea aún más crucial. Cecilia no solo es madre, sino también una cuidadora incansable de su padre y de su hijo. El abandono de su esposo antes del diagnóstico de Mateo la dejó con una carga adicional. Sin embargo, su amor por Mateo eclipsa cualquier resentimiento. "He dejado de trabajar porque mi prioridad es él", dice con determinación. Su vida gira en torno a su pequeño, y cada día es un nuevo capítulo en esta historia de amor y lucha. La realidad del cáncer infantil no solo se refleja en la vida de Mateo y Cecilia, sino en la de muchas otras familias que se enfrentan a una enfermedad que no discrimina. La Asociación de Familiares de Niños Niñas y Adolescentes con Cáncer se ha convertido en un baluarte en la lucha por mejores condiciones de atención médica. Desde movilizaciones hasta la exigencia de equipos médicos y medicamentos, estos padres no se rinden. "Estamos aquí para reclamar lo que nuestros niños necesitan", afirma Cecilia. Mientras tanto, la comunidad sigue enfrentando desafíos. En 2023, más de 50 niños fueron diagnosticados con cáncer en el Hospital del Niño, y la tasa de sobrevivencia es alarmantemente baja. Las historias de aquellos que luchan por sobrevivir se entrelazan con las de aquellos que, lamentablemente, se convierten en víctimas invisibles de la enfermedad. Para Cecilia, lo más importante no son los recursos materiales, sino la vida de su hijo. "Lo único que deseo y pido con fe es que se sane", dice con una mezcla de esperanza y resignación, recordando que, en esta batalla, cada día cuenta.

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