
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La lucha contra el VIH y la tuberculosis en México se encuentra en una encrucijada crítica. Recientemente, durante la octava edición del Foro de Alto Nivel sobre Innovación para el Poder Legislativo Mexicano, se abordaron los retos y oportunidades que presenta el manejo de estas enfermedades, con un énfasis particular en la necesidad de romper el silencio que las rodea. Nelson Mandela lo resumió de manera elocuente: “El silencio mata, hablar sobre tuberculosis y VIH salvará vidas”. Esta frase resuena con urgencia en un contexto donde la falta de información y diagnóstico puede tener consecuencias fatales. En el país, se estima que 370,000 personas viven con VIH, y una alarmante proporción del 28% desconoce su estado serológico. Esto significa que un número significativo de personas no está recibiendo el tratamiento adecuado, lo que favorece la propagación del virus. El objetivo de México para 2030 es ambicioso: que el 95% de la población conozca su estado, que el 95% de los pacientes estén bajo terapia antirretroviral y que el 95% logren una carga viral indetectable. Sin embargo, los datos actuales muestran que aún queda un largo camino por recorrer. El boletín epidemiológico de la última semana de 2024 reportó un total de 17,953 casos confirmados de VIH, lo que representa un incremento del 9.4% en comparación con el año anterior. La mayoría de estos casos se concentran en hombres, y la distribución de los estadios clínicos revela una preocupación creciente sobre la progresión de la enfermedad. Esta tendencia alarmante debe ser abordada con urgencia, ya que cada nuevo diagnóstico representa una oportunidad perdida para la prevención y el tratamiento. Por otro lado, la tuberculosis también está experimentando un resurgimiento en el país. Durante la semana 52 del pasado año, se reportaron 20,289 nuevos casos de tuberculosis respiratoria y 517 de meningitis tuberculosa. La realidad es que esta enfermedad se ha vuelto más resistente y, cuando se combina con el VIH, el riesgo de complicaciones es aún mayor. En la primera semana de 2025, se registraron 284 nuevos casos de tuberculosis, superando la mediana histórica, lo que indica un problema en aumento que no puede ser ignorado. La convivencia del VIH y la tuberculosis crea una situación preocupante. El VIH, al debilitar el sistema inmunológico, favorece la activación de la tuberculosis latente, convirtiendo la enfermedad en un desafío mucho más difícil de tratar. Además, los flujos migratorios a través de México complican esta situación. Las personas que transitan por el país, a menudo en condiciones precarias, tienen más probabilidades de contraer y propagar estas enfermedades, aumentando la carga sobre un sistema de salud ya estresado. Tomemos el caso ficticio de María, una joven migrante que, sin saberlo, porta el bacilo de la tuberculosis. Al llegar a una ciudad fronteriza, se encuentra con Juan, un joven que vive con VIH sin haber recibido un diagnóstico. Este encuentro casual podría desencadenar una serie de contagios que amenazarían la salud pública. No obstante, es fundamental imaginar un desenlace diferente, donde ambos, tras ser detectados a tiempo, acceden a tratamientos que les permiten no solo recuperarse, sino también convertirse en agentes de cambio en sus comunidades. Este escenario alternativo se vuelve posible a través de la acción decidida y coordinada de todos los actores involucrados en la salud pública. No se trata solamente de un problema médico, sino de un desafío que conecta con las realidades sociales, económicas y políticas del país. Urge que los legisladores, la comunidad médica y la sociedad civil trabajen de la mano para construir un sistema de salud más robusto y accesible, que no deje a nadie atrás. La salud pública no reconoce fronteras, y el compromiso para enfrentar los retos del VIH y la tuberculosis debe ser trascendental y solidario. Los esfuerzos deben centrarse en aumentar el acceso a pruebas diagnósticas, tratamientos preventivos y programas educativos que desmitifiquen estas enfermedades y eliminen el estigma que todavía las rodea. Es momento de dejar de lado el silencio y fomentar una conversación abierta y constructiva sobre estas cuestiones. La experiencia y el conocimiento compartido pueden ser herramientas poderosas para cambiar la narrativa en torno a la salud pública. Si trabajamos juntos, podemos escribir un final esperanzador a esta historia que involucra a miles de mexicanos y migrantes, asegurando que tanto María como Juan puedan vivir en un país donde la salud, el bienestar y la dignidad sean derechos accesibles para todos.