
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Un reciente estudio ha puesto de relieve la preocupante situación de las personas mayores de 50 años que viven con VIH en España, revelando que un 10% de este grupo sufre de soledad. Este dato, que proviene de una investigación llevada a cabo por expertos del Grupo de Estudio del SIDA de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (GeSIDA), refleja no solo la realidad de una enfermedad crónica, sino también las implicaciones sociales y psicológicas que padecen estos pacientes. La investigación, publicada en la revista 'HIV Medicine', se realizó en 22 centros hospitalarios y abarcó a un total de 399 personas, en su mayoría hombres (77,4%) con una edad media de 59,9 años. La mayoría de los participantes eran españoles y residían en zonas urbanas. Estos datos demuestran que la población afectada es predominantemente masculina y que muchos de ellos están integrados en un entorno urbano, donde la interacción social debería ser más accesible. Sin embargo, el estudio revela una dura realidad: un 5,8% de los encuestados se siente aislado socialmente, y un 6,5% enfrenta tanto la soledad como el aislamiento. La situación se complica cuando se observa que un 29,1% presenta síntomas significativos de ansiedad y un 21% de depresión. Estos hallazgos indican que, a pesar de tener un tratamiento antirretroviral efectivo, la salud mental de estas personas está en riesgo, lo que subraya la importancia de una atención integral que no solo se centre en el aspecto físico de la enfermedad. El informe también destaca que un 4,5% de los encuestados vive solo en contra de su voluntad, lo que indica una falta de redes de apoyo y una vulnerabilidad que puede acentuar los problemas de salud mental. La soledad no deseada se ha convertido en un factor de riesgo significativo para estos pacientes, afectando su calidad de vida y su bienestar general. Los expertos han identificado varios factores que se asocian con la soledad y el aislamiento social en esta población. Entre ellos, la franja de edad de 50 a 59 años, el desempleo o la jubilación, vivir solo sin desearlo, estar soltero, y la presencia de un grado elevado de estigma relacionado con el VIH. Estos elementos crean un contexto en el que la salud emocional se ve comprometida, lo que a su vez puede impactar negativamente en la adherencia al tratamiento y en la carga viral. El estigma sigue siendo una barrera importante en el tratamiento del VIH, y aquellos que experimentan una mayor carga de estigmatización parecen ser más susceptibles a sentimientos de soledad y aislamiento. Es crucial que la sociedad y los profesionales de la salud trabajen para desmantelar estas percepciones negativas y fomenten una mayor inclusión y apoyo a las personas que viven con VIH. Con estos datos en mano, los investigadores concluyen que es imperativo desarrollar estrategias que favorezcan la detección y el manejo de la soledad y el aislamiento social en este grupo etario. La atención no solo debe centrarse en el tratamiento médico, sino también en el bienestar emocional y social de los pacientes. Las iniciativas podrían incluir programas de acompañamiento, grupos de apoyo y actividades comunitarias que faciliten la interacción social y la construcción de redes de apoyo. El desafío es grande, pero la necesidad es aún mayor. Abrir espacios de diálogo y apoyo puede facilitar que las personas mayores de 50 años con VIH rompan con el ciclo de soledad y aislamiento. La salud integral debe ser nuestra prioridad, y para ello, es crucial escuchar y atender las necesidades de esta población que, a pesar de los avances médicos, sigue luchando con la carga del estigma y la soledad.