Nuevo estudio relaciona los retrasos en el sueño REM con la detección e intervención temprana del Alzheimer.

Nuevo estudio relaciona los retrasos en el sueño REM con la detección e intervención temprana del Alzheimer.

Un estudio revela que el sueño REM retrasado puede ser un signo temprano de Alzheimer, vinculando los patrones de sueño con la salud cognitiva y posibles estrategias de intervención temprana.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Salud

En un avance significativo para la detección temprana de la enfermedad de Alzheimer, un estudio reciente ha revelado que los retrasos en la entrada al sueño REM pueden servir como una señal de advertencia temprana para la enfermedad. Investigadores de instituciones en Estados Unidos y China encontraron que las personas que tardan más en alcanzar el sueño REM—frecuentemente asociado con sueños vívidos—exhiben niveles más altos de proteínas vinculadas al Alzheimer. El estudio, publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia, involucró un análisis exhaustivo de los patrones de sueño de 128 adultos, abarcando desde aquellos con función cognitiva normal hasta individuos diagnosticados con Alzheimer. Los investigadores se centraron en la estructura del sueño, que consta de fases distintas, incluyendo tres etapas de sueño no REM seguidas por el sueño REM. En circunstancias normales, este ciclo se repite múltiples veces durante la noche, pero cualquier interrupción podría señalar problemas neurológicos subyacentes. La investigadora principal, la Dra. Yue Leng, profesora asociada en la Universidad de California - San Francisco, explicó que los retrasos en el sueño REM podrían obstaculizar la capacidad del cerebro para consolidar recuerdos. Esta interrupción puede verse agravada por niveles elevados de cortisol, una hormona del estrés que puede afectar el hipocampo—una área del cerebro esencial para la consolidación de la memoria. Los participantes en el estudio se sometieron a evaluaciones de sueño nocturnas en un entorno clínico, lo que permitió a los científicos monitorear su actividad cerebral junto con imágenes avanzadas del cerebro y análisis de sangre para identificar marcadores asociados con el Alzheimer. Entre los hallazgos clave, aquellos que informaron tardar más de 193 minutos en entrar en sueño REM tenían niveles de beta amiloide un 16% más altos y un 29% más de proteínas tau fosforiladas—ambos indicadores reconocidos de la patología del Alzheimer. Notablemente, estos individuos también mostraron una reducción del 39% en el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína crucial para la función cognitiva y que típicamente se reduce en pacientes con Alzheimer. Lo que resulta particularmente interesante de esta investigación es que sugiere que los cambios en el sueño REM pueden ocurrir antes del desarrollo de problemas de memoria notables, lo que podría proporcionar una ventana para la intervención temprana. La Dra. Leng enfatizó la necesidad de explorar más a fondo cómo los medicamentos que influyen en los patrones de sueño podrían impactar la progresión del Alzheimer, destacando la melatonina como un candidato potencial que vale la pena investigar debido a sus efectos en la mejora del sueño REM. Las implicaciones de este estudio van más allá de la investigación clínica hacia estrategias prácticas para las personas preocupadas por su riesgo de desarrollar Alzheimer. Los expertos recomiendan abordar trastornos del sueño como la apnea del sueño y moderar el consumo de alcohol, ambos de los cuales pueden interrumpir los ciclos de sueño saludables. Además, aquellos que toman ciertos medicamentos que afectan el sueño REM, como algunos antidepresivos y sedantes, son alentados a consultar con sus proveedores de atención médica. Esta investigación pionera subraya la importancia del sueño en el mantenimiento de la salud cognitiva y destaca el potencial de utilizar los patrones de sueño como una herramienta predictiva para el Alzheimer, abriendo avenidas para futuros estudios enfocados en la prevención y el tratamiento. A medida que nuestra comprensión de la compleja relación entre el sueño y la salud cerebral se profundiza, la esperanza es no solo identificar riesgos más temprano, sino también desarrollar estrategias efectivas para mitigarlos.

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