Avances en la lucha contra el VIH amenazados por políticas regresivas globales

Avances en la lucha contra el VIH amenazados por políticas regresivas globales

La lucha contra el VIH enfrenta amenazas por cambios políticos que pueden desmantelar avances cruciales y poner en riesgo millones de vidas.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Salud

La lucha contra el VIH se encuentra en un momento crítico, donde los avances científicos pueden verse amenazados por cambios políticos regresivos. A pesar de que la ciencia ha logrado un avance notable en el tratamiento y prevención del VIH, con una nueva inyección de acción prolongada que podría ofrecer protección durante seis meses, el panorama actual muestra señales preocupantes que podrían resultar en un retroceso monumental en la respuesta global a esta epidemia. Uno de los mayores logros en la lucha contra el VIH ha sido el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR), un programa bipartidista estadounidense que ha salvado aproximadamente 25 millones de vidas en las últimas dos décadas. Sin embargo, el programa se enfrenta a ataques que podrían desmantelarlo, dejando a millones de personas en situación de vulnerabilidad sin acceso a tratamientos esenciales. Esta situación refleja un cambio en la política de salud pública que podría tener consecuencias devastadoras, especialmente en países de ingresos bajos y medianos que todavía luchan contra la carga del VIH. Paralelamente, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) están bajo un intenso escrutinio, con legisladores cuestionando la validez de décadas de investigación sobre el VIH. La designación de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de salud en EE. UU. es un signo alarmante de esta tendencia. Kennedy, conocido por sus posturas escépticas sobre las vacunas, ha sembrado dudas sobre la relación entre el VIH y el sida, lo que podría tener graves implicaciones para la política de salud pública. La deslegitimación de la ciencia basada en evidencia representa un peligro real que podría socavar no solo los avances en VIH, sino también en otras áreas de la salud. Mientras tanto, en el ámbito internacional, las restricciones a los derechos humanos continúan obstaculizando la respuesta al VIH, especialmente en regiones donde la epidemia es más prevalente. La reciente ratificación de una de las leyes antigay más severas en Uganda es un reflejo de cómo las políticas discriminatorias están ligadas a un aumento en las tasas de VIH. En África subsahariana, donde la criminalización de las relaciones entre personas del mismo sexo sigue siendo común, el estigma y la desigualdad dificultan el acceso a la prevención y el tratamiento del VIH. Es crucial reconocer que la defensa de los derechos humanos es una estrategia fundamental en la lucha contra el VIH. Las leyes punitivas que afectan a las poblaciones clave, como las comunidades LGBTQ+, los usuarios de drogas y los trabajadores sexuales, no solo perpetúan la discriminación, sino que también socavan los esfuerzos para detener la propagación del VIH. Proteger a estas poblaciones y empoderar a las organizaciones de la sociedad civil ha sido clave para una respuesta efectiva al VIH. Estos grupos han sido fundamentales en el diseño de políticas y en la provisión de servicios esenciales a quienes más lo necesitan. Sin embargo, el apoyo a la sociedad civil está siendo erosionado en muchos países, donde las leyes restringen la financiación extranjera necesaria para mantener las iniciativas de VIH. Esta tendencia es alarmante, ya que los espacios para el activismo y la organización se ven cada vez más limitados, lo que pone en riesgo las vidas de millones de personas. La reducción de estos espacios no solo afecta a las organizaciones que luchan por los derechos de las personas con VIH, sino que también compromete la salud pública en general. En el contexto de las lecciones aprendidas de la pandemia de COVID-19, la comunidad internacional aún lucha por establecer un nuevo tratado pandémico que aborde las desigualdades en la distribución de recursos sanitarios. A pesar de los esfuerzos, la falta de un acuerdo sólido pone en evidencia cómo la política geopolítica puede afectar la salud pública global. Es esencial que se priorice la equidad en salud en las negociaciones futuras para evitar que situaciones similares se repitan en el contexto del VIH. Además, la reintroducción de la Política de Mordaza Global, que impide la financiación de organizaciones que ofrecen servicios de aborto, representa otro obstáculo para la respuesta al VIH. Esta política, que ha sido vinculada a un aumento en las nuevas infecciones por VIH, refleja cómo las agendas políticas pueden tener un impacto directo en la salud de las comunidades más vulnerables. La dependencia de la financiación estadounidense para programas de VIH hace que la posible reinstauración de esta política sea particularmente devastadora. A pesar de estos desafíos, es crucial recordar que el progreso en la lucha contra el VIH depende de la colaboración entre la ciencia, la política y la sociedad civil. La historia ha demostrado que los movimientos sociales por los derechos humanos y la salud son fundamentales para lograr cambios sostenibles. En este sentido, es imperativo que se trabaje para construir sobre los logros alcanzados y resistir los movimientos que buscan deshacer las conquistas en salud pública. La necesidad de unir fuerzas para defender la ciencia y los derechos humanos nunca ha sido más urgente. La alternativa a este enfoque colaborativo es un regreso a la estigmatización y la marginación, que ya ha dejado huellas profundas en la historia de la humanidad. Al priorizar la equidad, el respeto por los derechos humanos y el apoyo a la investigación basada en evidencia, se puede avanzar hacia un futuro donde la lucha contra el VIH no solo continúe, sino que se fortalezca, garantizando que nadie se quede atrás.

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