
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente decisión de la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) de prohibir el colorante conocido como rojo 3 ha generado un debate significativo en torno a la seguridad alimentaria y la exposición a sustancias potencialmente cancerígenas. Esta medida, que se produce casi 35 años después de que el colorante fuera prohibido en cosméticos, responde a preocupaciones sobre su posible vínculo con el cáncer, así como a la presión ejercida por defensores de la salud pública y legisladores preocupados por los efectos en los consumidores, especialmente en los niños. El rojo 3, también conocido como eritrosina o FD&C Rojo número 3, es un colorante artificial que ha sido utilizado durante años para dar un atractivo color rojo a una variedad de alimentos y medicamentos. Sin embargo, el hecho de que la FDA haya encontrado evidencia de que el rojo 3 puede causar cáncer en ratas de laboratorio ha llevado a la agencia a actuar bajo la Cláusula Delaney, una legislación que exige la prohibición de cualquier aditivo que cause cáncer en humanos o animales. La decisión de la FDA no solo elimina el rojo 3 de la lista de aditivos aprobados en alimentos y medicamentos ingeridos, sino que también establece un plazo para que los fabricantes eliminen esta sustancia de sus productos. Los productos alimenticios deberán estar libres de rojo 3 para enero de 2027, mientras que la fecha límite para los medicamentos es enero de 2028. Esta medida es vista como un paso crucial hacia una mayor protección de la salud pública, aunque algunas voces en la industria podrían cuestionar la suficiencia de las evidencias científicas que respaldan la prohibición. Desde su prohibición en cosméticos y fármacos de aplicación externa en 1990, el rojo 3 continuó siendo permitido en alimentos y medicamentos ingeridos. Sin embargo, la FDA parece haber reconsiderado su postura ante la creciente presión social y la evidencia acumulada. El doctor Peter Lurie, director del Centro para la Ciencia en el Interés Público, expresó que esta acción, aunque tardía, es un paso en la dirección correcta al abordar un "doble estándar" que permitía el uso del colorante en alimentos mientras estaba prohibido en productos cosméticos. No obstante, la FDA ha reconocido que la manera en que el rojo 3 provoca cáncer en ratas no se ha demostrado que ocurra de la misma forma en humanos. Esta distinción ha abierto la puerta a la posibilidad de que la prohibición enfrente desafíos legales por parte de los fabricantes de alimentos, quienes podrían argumentar que la evidencia científica no justifica la prohibición. Durante una reciente audiencia, el comisionado de la FDA, el doctor Robert Califf, advirtió que si la agencia no podía demostrar que el colorante es dañino para los humanos, podrían perder en los tribunales. La presión pública y política también ha desempeñado un papel importante en la decisión de la FDA. En noviembre, un grupo bipartidista de casi dos docenas de miembros del Congreso envió una carta instando a la agencia a tomar medidas. Los legisladores subrayaron la necesidad de proteger a los niños, quienes, en base a su peso corporal, consumen más rojo 3 que los adultos. Esta preocupación por la salud infantil ha sido un motor clave en la lucha por la eliminación del colorante. A pesar de la prohibición en Estados Unidos, el rojo 3 aún es permitido en otros países, aunque con restricciones. Por ejemplo, está prohibido para uso alimentario en Europa, Australia y Nueva Zelanda, excepto en algunas variedades de cerezas. Esto pone de relieve una desconexión en la regulación de aditivos alimentarios a nivel global, que podría llevar a confusiones entre los consumidores y a la necesidad de un marco regulador más uniforme. La Asociación Internacional de Fabricantes de Colorantes ha defendido el uso del rojo 3, asegurando que es seguro en las concentraciones que los humanos suelen consumir. Sin embargo, este tipo de afirmaciones son desafiadas por muchos defensores de la salud, quienes argumentan que el principio de precaución debería prevalecer, especialmente cuando se trata de la salud de los más jóvenes. La controversia sobre el rojo 3 es un reflejo de una lucha más amplia sobre la seguridad de los aditivos alimentarios y la necesidad de regulaciones más estrictas. Con esta nueva regulación, se espera que muchos fabricantes de alimentos comiencen a reformular sus productos. Algunas compañías ya han comenzado a sustituir el rojo 3 por alternativas naturales, como el jugo de remolacha y otros pigmentos de alimentos. Este cambio no solo responde a la nueva normativa, sino también a una creciente demanda de los consumidores por opciones más saludables y naturales en sus alimentos. En conclusión, la prohibición del rojo 3 por parte de la FDA representa un avance significativo en la regulación de aditivos alimentarios en los Estados Unidos. Aunque la medida ha sido bien recibida, el camino hacia una mayor seguridad alimentaria sigue siendo complejo, marcado por desafíos legales y debates sobre la relevancia de la evidencia científica. La salud pública y la seguridad de los consumidores, especialmente de los más vulnerables, deben seguir siendo la prioridad en la regulación de los productos alimenticios y farmacéuticos en el país.