
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En un movimiento significativo que subraya el paisaje en evolución de la seguridad alimentaria y la protección del consumidor, la administración de Biden ha anunciado una prohibición del Colorante Rojo No. 3, un colorante alimentario controvertido vinculado al cáncer en animales. Esta decisión llega décadas después de que se plantearan las primeras preocupaciones científicas sobre el aditivo, que está presente en casi 3,000 productos alimenticios en los Estados Unidos, según el Grupo de Trabajo Ambiental. El anuncio se hizo el miércoles, y el Departamento de Salud y Servicios Humanos detalló que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) está revocando los usos autorizados del FD&C Rojo No. 3 en alimentos y medicamentos ingeridos. Esta acción sigue a una petición del Centro para la Ciencia en el Interés Público (CSPI) y otras organizaciones de defensa, que invocaron la "Cláusula Delaney". Esta disposición exige que cualquier colorante aditivo que se muestre que causa cáncer en humanos o animales debe ser prohibido. Las preocupaciones de la FDA sobre el Rojo 3 no son nuevas. Ya en 1990, la agencia reconoció la posible relación del colorante con el cáncer de tiroides en ratas machos, lo que llevó a su prohibición en cosméticos. Sin embargo, su uso continuado en productos alimenticios enfrentó resistencia de los fabricantes, particularmente aquellos que producen cerezas al marrasquino, quienes dependían del Rojo 3 para preservar el color vibrante de sus productos. A pesar del reconocimiento de la FDA sobre el vínculo con el cáncer en estudios en animales, la agencia ha mantenido que la evidencia actual no indica un riesgo similar en humanos. Esta posición se basa en las diferencias percibidas en las respuestas hormonales entre ratas y humanos, así como en los niveles más bajos de exposición entre la población general. La controversia que rodea a los colorantes alimentarios sintéticos como el Rojo 3 se ha visto agravada por investigaciones emergentes que sugieren posibles efectos neuroconductuales, especialmente en niños. Un informe de 2021 del gobierno de California destacó asociaciones entre los colorantes alimentarios sintéticos y resultados adversos como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Los estudios han indicado que estos colorantes pueden afectar los sistemas de neurotransmisores y alterar la estructura cerebral, lo que podría impactar funciones cognitivas como la memoria, el aprendizaje y los niveles de actividad. La decisión de Estados Unidos de prohibir el Rojo 3 marca un cambio significativo en comparación con las acciones tomadas por otras economías importantes. La Unión Europea, por ejemplo, prohibió su uso en 1994, con prohibiciones similares impuestas en Japón, China, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda. Este retraso en la acción reguladora ha generado críticas por parte de defensores de la salud pública, quienes abogan por una postura más proactiva en la seguridad alimentaria. El CSPI ha acogido la prohibición de la FDA como una medida tardía y ha instado a la administración entrante del presidente electo Donald Trump a tomar más medidas para mejorar la protección del consumidor. La organización está abogando por límites más estrictos en metales pesados como plomo, arsénico y cadmio en los alimentos, particularmente en aquellos consumidos por niños. A medida que la industria alimentaria enfrenta las implicaciones de esta prohibición, el diálogo más amplio sobre los aditivos y productos químicos alimentarios sigue evolucionando. Hay un reconocimiento creciente en todo el espectro político de que los colorantes alimentarios sintéticos y otros aditivos pueden representar riesgos para la salud pública, con defensores que piden regulaciones más estrictas para garantizar la seguridad del consumidor. La decisión de la FDA de prohibir el Colorante Rojo No. 3 puede señalar un cambio hacia una supervisión más rigurosa de la seguridad alimentaria en los Estados Unidos, ya que los consumidores exigen cada vez más transparencia y protección contra sustancias potencialmente dañinas en sus alimentos.