Crisis humanitaria en Sudán y América Latina pone en jaque a millones de personas

Crisis humanitaria en Sudán y América Latina pone en jaque a millones de personas

La crisis humanitaria en Sudán y la República Democrática del Congo afecta a millones, con advertencias de inanición y brotes de enfermedades.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Salud

Las alarmas suenan en el continente africano y en América Latina, donde la crisis humanitaria y el impacto de la congelación de fondos están amenazando la vida de millones de personas. La situación en Sudán es especialmente crítica, con el Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, advirtiendo que la guerra que comenzó en abril de 2023 ha desatado la “mayor catástrofe humanitaria del mundo”. Más de 600.000 personas están al borde de la inanición y miles más han sido desplazadas, dejando al país al borde del colapso. La magnitud de la crisis en Sudán es devastadora. Según los informes, el Programa Mundial de Alimentos ha tenido que suspender sus operaciones de salvamento en algunas áreas debido a la violencia que ha estallado entre facciones rivales. “Nos asomamos al abismo”, dijo Türk, resaltando la urgencia de actuar para poner fin a la guerra y proporcionar asistencia humanitaria. Con 8,8 millones de personas desplazadas y una proyección alarmante de que cientos de miles podrían morir si no se toman medidas inmediatas, el tiempo se agota. En la República Democrática del Congo, la situación no es menos angustiante. Las organizaciones humanitarias han lanzado un plan que requiere 2540 millones de dólares para apoyar a 11 millones de personas afectadas por múltiples crisis, entre las que se incluyen conflictos armados y epidemias. Este país ha visto un aumento notable en el número de desplazados internos, alcanzando cifras que lo posicionan como uno de los lugares con mayor crisis de desplazamiento en el mundo. Al mismo tiempo, las autoridades de salud en la República Democrática del Congo están enfrentando un brote de enfermedad desconocida que ha provocado la muerte de al menos 60 personas. En medio de una situación de salud ya frágil, el país enfrenta retos enormes, entre los que se cuentan el aumento de casos de mpox y la falta de financiación suficiente para responder a emergencias de salud pública. Mientras Sudán y la República Democrática del Congo luchan contra sus respectivas crisis, América Latina enfrenta sus propios desafíos relacionados con el VIH. La reciente congelación de fondos de Estados Unidos ha impactado gravemente la respuesta al VIH en al menos 55 países. En regiones como América Latina y el Caribe, más de 20 naciones dependen de estos fondos para proporcionar tratamientos y servicios de prevención. El impacto de la congelación es particularmente evidente en países como Colombia y Perú, donde los migrantes y refugiados están sufriendo desproporcionadamente debido a una prevalencia de VIH que es el doble que la de la población general. En Haití, donde el 60% de la respuesta nacional al VIH depende del Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del SIDA (PEPFAR), la falta de financiación ha dejado a muchas personas sin acceso a atención crítica. La situación en Jamaica y la República Dominicana también es alarmante, con una alta dependencia de recursos externos para el tratamiento del VIH. Este escenario pone de relieve la fragilidad de los sistemas de salud en la región, que ya enfrentan un aumento del 9% en nuevas infecciones desde 2010. A medida que se multiplican las crisis humanas en Sudán, la República Democrática del Congo y América Latina, queda claro que la comunidad internacional debe actuar con rapidez y decisión. La falta de financiamiento y los conflictos armados están creando un caldo de cultivo para el sufrimiento humano, y la inacción no es una opción. La salud, la seguridad y el bienestar de millones están en juego, y es imperativo que se priorice la ayuda humanitaria y se revitalicen los programas de salud pública para evitar pérdidas de vidas masivas.

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