
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente decisión de la Unión Europea de aumentar sus inversiones en defensa ha generado un intenso debate sobre sus posibles repercusiones en la economía del euro. Mientras el crecimiento de la economía europea ha sido anémico en los últimos años, muchos analistas ven en el rearme una oportunidad para revitalizar la industria comunitaria y mejorar las tasas de crecimiento del PIB. Este cambio de rumbo surge en un contexto donde la competencia en tecnología y energía ha dejado a Europa rezagada, y la falta de innovación ha contribuido a la debilidad de su tejido productivo. El llamado a aumentar el gasto en defensa tiene su origen en la presión ejercida por Estados Unidos, que ha advertido sobre la necesidad de que los países europeos asuman una mayor responsabilidad en su propia seguridad. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha propuesto que los Estados Miembros incrementen su gasto en defensa al 1,5% del PIB, lo que se traduce en una inyección de hasta 650.000 millones de euros. Esta estrategia no solo busca fortalecer las capacidades defensivas, sino que también podría generar un impacto positivo en la economía, al destinar parte de esos fondos a la compra de material y tecnología producida en Europa. Las proyecciones iniciales sugieren que este rearme podría traducirse en un incremento del PIB de hasta seis décimas en los próximos dos años. Goldman Sachs ha estimado que por cada 100 euros invertidos en defensa, el PIB podría crecer en 50 euros, especialmente si se prioriza la producción interna sobre las importaciones. Sin embargo, hay preocupaciones sobre la capacidad de la industria armamentística europea para satisfacer esta demanda incrementada, tras años de disrupción debido al conflicto en Ucrania. Alemania, que históricamente ha liderado los esfuerzos de defensa en Europa, se encuentra en una posición privilegiada para beneficiarse de estas nuevas dinámicas. Con planes para crear un fondo de hasta 500.000 millones de euros destinado a defensa e infraestructuras, el país tiene el potencial de impulsar su economía de forma significativa. Moritz Schularick, presidente del Instituto de Kiel de Investigación Económica, ha destacado que el gasto militar puede ofrecer un impulso estructural, aunque el efecto positivo en el PIB podría tardar en materializarse, proyectando un crecimiento del 1,5% para 2026. Sin embargo, la situación es más compleja para otros países, como España, que ha liderado el crecimiento en la zona euro post-pandemia, pero enfrenta restricciones fiscales que podrían limitar su capacidad para aumentar el gasto en defensa. El Banco de España ha advertido que cualquier incremento en las inversiones militares requerirá ajustes en otras partidas del presupuesto, un desafío que el gobierno de Pedro Sánchez podría encontrar difícil de sortear, especialmente en un entorno político delicado. El panorama no es más alentador en Francia o Italia, donde los expertos también alertan sobre la necesidad de equilibrar las cuentas públicas. La economista Isabelle Mateos de BNP Paribas sugiere la creación de un banco multilateral de rearme, que permitiría un aumento rápido en el gasto sin perjudicar la deuda soberana. Esta propuesta podría ser una solución viable para enfrentar los retos financieros que se presentan. El rearme de la UE podría ser un catalizador importante para la economía del euro, pero no está exento de riesgos. Las diferencias en la capacidad financiera y política entre los Estados Miembros podrían crear disparidades en el impacto económico de estas inversiones. La cooperación y la planificación estratégica serán cruciales para garantizar que el impulso prometido por el aumento del gasto en defensa se traduzca en un crecimiento sostenible y equitativo en toda la región. A medida que Europa navega por estos tiempos inciertos, la inversión en defensa se presenta como una doble espada: una oportunidad para revitalizar la economía y un reto para la cohesión política. La forma en la que los líderes europeos aborden estos desafíos determinará no solo el futuro del continente en términos de seguridad, sino también su competitividad económica en un mundo cada vez más complejo y desafiante.