
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Brasil ha tomado una medida audaz al anunciar un recorte en los aranceles de importación de una serie de alimentos básicos, desde carne hasta sardinas. Esta decisión, que se implementará en cuestión de días, es parte de un esfuerzo más amplio para combatir la creciente inflación de alimentos y mejorar la situación económica de los 213 millones de habitantes del país. La medida responde a un contexto de presión creciente sobre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuya popularidad ha comenzado a erosionarse en medio de un aumento significativo en los precios de los productos alimenticios. El vicepresidente y ministro de Industria y Comercio, Geraldo Alckmin, destacó que el recorte arancelario no solo busca aliviar la carga sobre los consumidores, sino que se espera que no afecte la producción local. Sin embargo, muchos economistas son escépticos sobre la efectividad de este enfoque, ya que Brasil es un productor líder en varios de los productos que están siendo desgravados, como carne, café y azúcar. Esto plantea interrogantes sobre si realmente habrá un impacto positivo en los precios de los supermercados. Entre los productos cuyo arancel se elimina por completo se encuentran la carne, el café, el azúcar, el maíz, el aceite de girasol, el de oliva, las sardinas, las galletas y la pasta. La cuota de importación de aceite de palma también se duplicará, una medida que podría facilitar el acceso a este producto en un contexto de creciente demanda. Sin embargo, el efecto sobre la disminución de precios no está garantizado, y muchos analistas apuntan a que las condiciones climáticas extremas han afectado la producción local, lo que podría contrarrestar cualquier beneficio inmediato. El economista Felipe Camargo, de Oxford Economics, subraya que, aunque Brasil produce la mayoría de estos alimentos, la situación es compleja y los precios son influenciados por una variedad de factores, desde condiciones climáticas adversas hasta dinámicas de mercado globales. Por su parte, William Jackson, de Capital Economics, advierte que, aunque podría esperarse una ligera disminución en los precios finales, es probable que otros elementos, como incendios y sequías, continúen impactando negativamente en la inflación de alimentos. En un contexto donde la inflación general se ha mantenido por encima de los objetivos del gobierno, con un 4,96% en febrero, y donde los precios de alimentos y bebidas se elevaron un 7,12% en el mismo periodo, la presión sobre Lula se ha intensificado. A pesar de un crecimiento robusto del PIB y una baja tasa de desempleo, el aumento de los precios de los alimentos se ha convertido en un tema central en la agenda política y económica del país. La iniciativa de recortar aranceles también se inscribe en un contexto internacional más amplio, donde la política comercial del presidente estadounidense, Donald Trump, ha levantado barreras proteccionistas que podrían complicar las relaciones comerciales. La decisión de Brasil de flexibilizar algunas de sus barreras arancelarias podría ser una estrategia para prepararse para futuras negociaciones con el gobierno de Trump, que ha impuesto aranceles a varios países, incluyendo a China, Canadá y México. Cristiano Oliveira, director economista del Banco Pine, señala que el encarecimiento de los alimentos es un problema global que podría afectar cada vez más a mercados emergentes y a Estados Unidos. La creciente preocupación por la inflación alimentaria podría tener repercusiones en la política y economía tanto en Brasil como en otras naciones, lo que hace que este tema sea crucial para la estabilidad futura del país. En resumen, mientras Brasil busca mitigar el impacto de la inflación en los alimentos básicos y recuperar la confianza del electorado, queda por ver si estas medidas tendrán el efecto deseado. La complejidad del panorama económico y las influencias externas podrían limitar el éxito de esta estrategia. Sin embargo, lo que es evidente es que el gobierno de Lula se enfrenta a un desafío significativo en su intento de equilibrar el crecimiento económico con la necesidad de mantener la estabilidad de precios para sus ciudadanos.