Tensión entre un dólar fuerte y las demandas de un entorno económico competitivo

Tensión entre un dólar fuerte y las demandas de un entorno económico competitivo

La dinámica del dólar en EE.UU. genera incertidumbre. Un dólar fuerte enfrenta presiones por la política de Trump y temores de recesión.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, y Vargas Llosa, premio Nobel Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, en celebración de Alianza Lima Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, Central Hidro Eléctrica Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, Central Hidro

La reciente dinámica del dólar en el contexto económico estadounidense ha generado una serie de interrogantes entre analistas e inversores. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, ha enfatizado que la política de un dólar fuerte sigue siendo la norma, a pesar de las declaraciones contradictorias del presidente Donald Trump sobre la necesidad de un dólar más débil. Esta tensión entre el deseo de un dólar fuerte y la promoción de un entorno económico que favorezca las exportaciones ha dejado a muchos desconcertados. En los últimos meses, varias divisas han mostrado una apreciación frente al dólar, lo que ha suscitado especulaciones sobre la efectividad de la política monetaria actual. La fortaleza del dólar, alcanzando niveles históricos frente a una canasta de divisas, se ha visto impulsada por las expectativas de aranceles más altos, lo que, a su vez, podría aumentar la inflación y afectar la capacidad de la Reserva Federal para reducir las tasas de interés. Sin embargo, un creciente temor a la recesión ha llevado a los inversores a reconsiderar estas apuestas, debilitando así el dólar. Trump ha manifestado en repetidas ocasiones que considera la fortaleza del dólar como una "tremenda carga" para la industria manufacturera estadounidense. Este planteamiento ha encontrado eco entre algunos de sus aliados, quienes argumentan que un dólar más débil podría beneficiar a los fabricantes al hacer sus productos más competitivos en el mercado internacional. Sin embargo, esta visión se enfrenta a la realidad de que, históricamente, un dólar fuerte también ha proporcionado estabilidad económica y poder adquisitivo a los estadounidenses. El concepto del "Acuerdo de Mar-a-Lago", que ha surgido en círculos cercanos a la administración, busca debilitar el dólar para corregir lo que se percibe como una sobrevaloración persistente. Inspirado en el Acuerdo del Plaza de 1985, que involucró a varias naciones para reducir el valor del dólar, el nuevo acuerdo propuesto plantea que, a cambio de un debilitamiento de la moneda, otros países tendrían que aceptar condiciones que beneficien a EE.UU. en el ámbito comercial. Sin embargo, la implementación de un acuerdo de este tipo podría ser problemática. Los analistas advierten sobre la "inconsistencia interna" de querer un dólar débil mientras se imponen aranceles, una medida que tiende a fortalecer la moneda local. Además, la creciente incertidumbre sobre el futuro económico del país complica aún más las proyecciones y decisiones de los inversores. La posibilidad de recortes en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal ha comenzado a crear un ambiente propicio para que el dólar se debilite. Las expectativas ahora incluyen no solo un recorte, sino múltiples ajustes antes de que finalice el año, lo que contrasta con las proyecciones anteriores al ascenso de Trump a la presidencia. Este contexto ha llevado a cuestionamientos sobre la capacidad del dólar para mantener su estatus como refugio seguro. George Saravelos, del Deutsche Bank, ha planteado dudas sobre si el dólar está comenzando a perder su condición de moneda de reserva. No obstante, otros economistas, como Adam Posen, consideran que las condiciones actuales son diferentes a las del pasado, cuando el Acuerdo del Plaza fue efectivo, ya que hoy en día la dinámica de poder y las relaciones internacionales son mucho más complejas, especialmente con la presencia creciente de China y otras economías no aliadas. Por su parte, Michael Strain, del American Enterprise Institute, ha calificado la idea de un nuevo acuerdo como "inverosímil". La falta de voluntad de otros países para ajustar sus políticas económicas simplemente por voluntad de la administración estadounidense es un obstáculo significativo. La realidad es que, mientras otros países buscan estabilizar sus propias economías, la administración Trump enfrenta un desafío monumental. El mercado de bonos del Tesoro, valorado en casi 30 billones de dólares, se erige como la base del sistema financiero global, y cualquier intento de transformarlo o intervenir podría tener consecuencias impredecibles. Propuestas radicales, como la conversión de las tenencias de deuda actuales en bonos a un siglo, podrían ser vistas como un incumplimiento técnico, lo que generaría desconfianza en los mercados. Con el futuro del dólar en juego y un entorno económico lleno de incertidumbre, queda por ver cómo se desarrollarán estas dinámicas y si la administración podrá equilibrar sus ambiciones comerciales con la necesidad de mantener la confianza en su moneda. La situación actual no solo ejemplifica la complejidad de la política económica estadounidense, sino que también plantea preguntas sobre la dirección futura de la economía global.

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