
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El reciente contexto internacional, marcado por la inestabilidad provocada por la invasión de Ucrania y las continuas amenazas del presidente ruso Vladímir Putin, ha llevado a la comunidad internacional a replantear sus estrategias de defensa y seguridad. Sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez enfrenta serias dificultades para cumplir con las exigencias de la Unión Europea en esta materia. La presión para aumentar el gasto en defensa y fortalecer la capacidad militar española ha generado una crisis interna que pone en jaque la estabilidad del ejecutivo socialista. Los socios de Sánchez en el Gobierno han dejado claro su descontento con la propuesta de aumentar el gasto en defensa, lo que se traduce en una falta de apoyo crítico en un momento en que la seguridad nacional es una prioridad. Podemos, un socio clave en la coalición, ha calificado al presidente de "señor de la guerra", mientras que Sumar, también parte del Ejecutivo, ha optado por distanciarse de una política que, en su opinión, contradice los principios de pacifismo que han caracterizado su discurso. Esta fractura en el seno del Gobierno no solo debilita la posición de Sánchez, sino que también revela la profunda división ideológica que existe en torno a la defensa entre las diferentes fuerzas políticas. Para el presidente, la solución a este dilema parece pasar por buscar el apoyo del Partido Popular (PP), la principal fuerza de la oposición. Sin embargo, su orgullo y la tendencia a adoptar una postura de confrontación han dificultado el establecimiento de un diálogo constructivo. Si Sánchez realmente desea implementar una política de defensa sólida, tendrá que dejar de lado su "síndrome del muro" y buscar un consenso que, hasta el momento, parece inalcanzable. La falta de confianza en las instituciones y la incapacidad de alcanzar acuerdos se han traducido en una parálisis política que limita la capacidad de España para actuar en el ámbito europeo. Las recientes rondas de contacto que ha mantenido Sánchez con diferentes grupos políticos, salvo con Vox, han sido percibidas como intentos superficiales de disimular su incapacidad para cumplir con los compromisos adquiridos. Preguntas cruciales sobre el financiamiento de la defensa, la soberanía energética y el futuro de las tropas españolas en el conflicto ucraniano han quedado sin respuesta, lo que genera una sensación de vacío en el debate político. La idea de utilizar un "fondo de contingencias" para abordar un compromiso de defensa estructural es, a todas luces, insostenible. La defensa no puede ser un asunto temporal que se resuelva con parches financieros. Se requiere un enfoque a largo plazo que trascienda el ciclo político, y eso implica que el Gobierno deba tener un plan claro y recursos asignados de manera coherente. La composición del actual Gobierno, caracterizada por su heterogeneidad y diversidad ideológica, ha demostrado ser un obstáculo para la aprobación de iniciativas clave, como los Presupuestos Generales del Estado. La falta de unidad en el Gabinete no solo afecta la formulación de políticas públicas efectivas, sino que también limita la capacidad de Sánchez para responder a los retos que plantea la situación internacional. Es preocupante que los aliados políticos de Sánchez, que forman parte de esta coalición, mantengan posturas que a menudo se sitúan en los márgenes de la razón, apoyando regímenes autoritarios y criticando a aliados tradicionales como Estados Unidos y la OTAN. La ambigüedad de estas posiciones y la falta de una postura clara hacia Putin generan incertidumbre sobre el rumbo que tomará España en materia de defensa. Si el presidente Sánchez quiere cumplir con las expectativas de Europa, no podrá eludir el paso por el Congreso. La defensa no puede ser un tema que se resuelva mediante encuestas manipuladas o propaganda, sino que requiere un debate serio y profundo con todos los actores políticos. En este contexto, resulta evidente que la situación es insostenible. La pregunta que queda en el aire es si este Gobierno realmente puede defender a España frente a las amenazas externas. Lamentablemente, la respuesta es negativa. Sin un cambio significativo en la política interna y en la búsqueda de consensos, el Gobierno de Sánchez se encontrará cada vez más aislado, incapaz de articular una respuesta efectiva a los desafíos que plantea el mundo actual. La seguridad de España y su posición en el ámbito internacional dependen de decisiones firmes y consensuadas, algo que, por el momento, parece estar fuera del alcance del actual Ejecutivo.