
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente reevaluación de la política económica de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump ha generado una mezcla de inquietud y desconcierto tanto en el ámbito internacional como en el propio sector empresarial del país. En sus primeras semanas de mandato, Trump ha adoptado un enfoque que, lejos de clarificar el rumbo de la economía norteamericana, parece más bien destinado a enredar las relaciones comerciales y socavar la confianza de los inversores. Esta estrategia ha suscitado preocupaciones, especialmente entre los aliados tradicionales de Washington, que se ven obligados a navegar en un mar de incertidumbre. La guerra comercial que Trump ha amenazado con llevar a cabo podría resultar profundamente perjudicial para la economía de Estados Unidos. A medida que las empresas enfrentan un clima de inversión incierto, un número creciente de ellas ha empezado a congelar sus planes de expansión y contratación. La falta de claridad en la política económica no solo ahoga la innovación y el crecimiento, sino que también puede llevar a una desaceleración económica que afectaría a la ciudadanía en general. Una de las manifestaciones más llamativas de este desconcierto es la forma en que se están gestionando los aranceles. Trump ha utilizado la amenaza de imponer altos aranceles como una herramienta de presión, lo que ha dejado a países como Canadá y México en la cuerda floja. Estos países, firmantes de un acuerdo de libre comercio, se encuentran ahora en un estado de constante incertidumbre respecto a las condiciones que regirán sus exportaciones hacia Estados Unidos. Este tipo de maniobras no solo crean un ambiente de tensión internacional, sino que también perturban las relaciones comerciales que resultan vitales para la economía estadounidense. Los impactos de esta estrategia no son simplemente teóricos. Los primeros indicadores económicos revelan que el mercado laboral y la actividad productiva en Estados Unidos no están rindiendo como se esperaba. La promesa de un crecimiento robusto y sostenido está comenzando a desmoronarse, y los analistas sugieren que los efectos negativos de la política de Trump podrían materializarse más rápidamente de lo que la Administración anticipa. Esto genera una doble preocupación: por un lado, la pérdida de confianza por parte de los inversores; por otro, la posible erosión de la reputación de Estados Unidos como un mercado estable. Los ecos de este desconcierto se sienten en el sector empresarial estadounidense, donde muchos líderes esperaban que la llegada de Trump al poder condujera a un entorno más favorable para los negocios. Sin embargo, la realidad es que la imprevisibilidad de su administración ha llevado a muchos a revisar sus estrategias. La presión de sectores clave, como la industria automotriz, ha llevado a la Casa Blanca a moderar algunas de sus políticas proteccionistas, pero el clima de incertidumbre persiste y afecta la toma de decisiones de las empresas. El valor del dólar, que también se ha visto afectado por las políticas económicas de Trump, no ha respondido a las expectativas generadas durante la campaña electoral. Esto se suma a los temores de una nueva espiral inflacionaria, que podría complicar aún más una economía ya frágil. La gestión de la política monetaria se entrelaza con las decisiones de política comercial, y la falta de un enfoque coherente está alimentando la ansiedad en los mercados. La retórica agresiva de Trump y su tendencia a utilizar aranceles como un arma en sus relaciones diplomáticas han suscitado críticas sobre la eficacia de su enfoque. Al amenazar con sanciones a países con los que intenta negociar, como es el caso de Rusia, Trump parece ignorar las advertencias sobre las consecuencias de una guerra comercial. Este enfoque podría provocar represalias que agraven aún más la balanza comercial de Estados Unidos, desplazando la carga de la economía hacia los consumidores y pequeñas empresas. El futuro de la política económica de Estados Unidos en la era Trump es, sin duda, incierto. Las decisiones que tome en los próximos meses no solo afectarán a los aliados tradicionales, sino que también tendrán un impacto significativo en la vida de millones de estadounidenses. La necesidad de una estrategia clara y coherente nunca ha sido tan urgente. Sin ella, la economía podría estar condenada a enfrentar un periodo prolongado de confusión y estancamiento. En resumen, la geopolítica del desconcierto que Trump ha puesto en marcha no solo representa un desafío para los líderes extranjeros, sino que también plantea graves riesgos para la economía estadounidense. A medida que el tiempo avanza, la presión sobre la Administración para que aclare su rumbo y estabilice el clima económico se intensifica. Sin una dirección clara, la incertidumbre seguirá pesando en el futuro económico del país, lo que podría tener repercusiones que trasciendan fronteras y generaciones.