
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En medio de un panorama político cada vez más polarizado y confrontativo, el próximo ciclo electoral en Perú se perfila como un campo de batalla en el que las retóricas centradas en la confrontación serán protagonistas. La mandataria Dina Boluarte ha comenzado a trazar su estrategia al atacar a lo que ella denomina "caviares", un término que ha tomado fuerza en el discurso político y que se refiere a un amplio espectro de opositores, especialmente aquellos de izquierda. Este fenómeno no es exclusivo de Perú; en múltiples democracias se observa un aumento en la politización del conflicto, donde las diferencias se convierten en el principal motor de campañas y movilización. La figura del "antifujimorismo" ha sido históricamente un catalizador en las elecciones peruanas, sirviendo como un eje unificador para diversas fuerzas políticas que buscan distanciarse de la influencia de la familia Fujimori. Sin embargo, el surgimiento del "anticaviarismo" da cuenta de un cambio en el paisaje político, donde un 63,6% de los encuestados siente una lejanía respecto a este término y lo que representa. Es un indicador claro de que la oposición a ciertos sectores de la política, ya sean fujimoristas o "caviares", puede ser una jugada estratégica que permita a diferentes candidatos ganar terreno. Boluarte ha aprovechado esta dinámica, denunciando lo que considera ataques de una "mafia caviar" que socava la democracia. Su discurso no solo busca movilizar a sus bases, sino que intenta establecer un frente contra lo que percibe como una amenaza a su gobierno. Al acusar a la fiscalía de colaborar con esta supuesta mafia, la presidenta intenta deslegitimar a sus opositores, reforzando la idea de que su lucha es por una justicia y una política más pura y alejada de las corruptelas del pasado. El discurso de la presidenta ha obtenido respaldo incluso de sectores del fujimorismo, con figuras como Alejandro Aguinaga defendiendo su posición. Este apoyo circunstancial muestra cómo, en tiempos de crisis, los políticos están dispuestos a aliarse con adversarios ideológicos si ven en ello una oportunidad de sobrevivencia política. La retórica de Boluarte parece estar diseñada no solo para consolidar su poder, sino también para crear un enemigo común al que atacar, en lugar de enfocarse en propuestas concretas que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos. A medida que se acercan las elecciones de abril, la situación se torna crítica para los congresistas que buscan reelegirse. La popularidad del gobierno de Boluarte está en niveles alarmantes, y podría ser perjudicial para aquellos que se asocien demasiado estrechamente con ella. En este contexto, distanciarse del gobierno se vuelve crucial, aunque la política de la confrontación también puede resultar atractiva para algunos sectores que se benefician de una narrativa de lucha y resistencia. Carlos Meléndez apunta a que la crisis de ideologías propositivas está llevando a una movilización política en contra de fantasmas del pasado, como el comunismo y el fascismo. Esta dinámica presenta un terreno fértil para que la política se torne más agresiva y menos orientada a la construcción de consensos. En este sentido, las elecciones se vislumbran como una oportunidad para revitalizar viejas heridas y rencores, en lugar de proponer soluciones innovadoras a problemas contemporáneos. La política en Perú, como en otras partes del mundo, parece estar atrapada en un ciclo de confrontación que dificulta el diálogo y el entendimiento. En un mundo ideal, los partidos y candidatos deberían centrarse en los retos que enfrenta el país y en cómo reconciliar las diferencias para avanzar hacia un futuro común. Sin embargo, la realidad indica que, a medida que se intensifican las divisiones, las propuestas constructivas pueden perderse en el ruido del conflicto. Las recientes declaraciones de Boluarte y su retórica confrontativa podrían ser una estrategia deliberada para ganar adeptos entre aquellos que se sienten atraídos por su lucha contra el "caviarismo". Si bien esta táctica podría ofrecerle una ventaja momentánea, también plantea preguntas sobre la sostenibilidad de un enfoque que se basa en la división en lugar de la unidad. El éxito en las elecciones dependerá de la capacidad de los actores políticos para navegar en este mar de polarización sin naufragar. Con la sombra de las elecciones de abril acechando, el escenario se pinta complejo. Los votantes buscan respuestas y soluciones, pero también son seducidos por narrativas que prometen justicia y cambio. La pregunta es si los políticos serán capaces de salir de la espiral de confrontación y construir un futuro donde el diálogo y el consenso sean posibles, o si perpetuarán un ciclo de división que podría llevar a una mayor inestabilidad. En este contexto, el resultado de las elecciones será un reflejo no solo de las preferencias políticas, sino también de la capacidad del país para sanar sus profundas heridas.