
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente revelación de la fiscal de la Nación, Delia Espinoza, ha sacudido el escenario político peruano al informar que la presidenta Dina Boluarte enfrenta un total de 34 denuncias. La fiscal, en una entrevista que no dejó indiferente a nadie, subrayó que la mayoría de estas acusaciones provienen de ciudadanos y que no todas están bajo investigación activa, generando un clima de incertidumbre y tensión en el ámbito político. Espinoza ha sido clara en su defensa del proceso de investigación, enfatizando que el trabajo del Ministerio Público se basa en el cumplimiento de la ley y no en una supuesta persecución política. “La señora dice que se siente agobiada, que se le está persiguiendo irracionalmente, es falso”, afirmó Espinoza, desmarcando cualquier acusación de acoso hacia la mandataria. Esta afirmación ha sido recibida con escepticismo por algunos sectores, que consideran que la situación refleja un panorama más complejo de lo que la fiscal expone. La fiscal también explicó que no se llama a Boluarte a declarar en todos los casos, sino solo en aquellos que requieren esclarecimiento. Esto implica que la presidenta no necesariamente está siendo investigada por cada una de las 34 denuncias, aunque la existencia de un número tan elevado sigue siendo motivo de preocupación y controversia. La titulación de la jefa de Estado ante tales acusaciones podría tener implicaciones graves no solo para su gobierno, sino también para la estabilidad política del país. En este contexto, Boluarte ha defendido su posición, alegando que no teme a quienes intentan usar la justicia como arma en su contra. Ha rechazado las insinuaciones de un "golpe de Estado blando" que, según sus palabras, se orquestaría desde el Ministerio Público. Esta declaración refleja su intento por revertir la narrativa en torno a su administración, que ha enfrentado críticas desde diversos frentes, tanto políticos como sociales. La fiscal también se ha visto obligada a responder a las acusaciones de que su oficina podría estar involucrada en un complot en contra de Boluarte. Espinoza ha reiterado que su función es estrictamente judicial y que los fiscales tienen la obligación de investigar presuntos delitos cometidos por altos funcionarios. Este argumento, aunque válido desde el punto de vista legal, no ha logrado calmar las inquietudes de aquellos que ven un trasfondo político en la situación. El hecho de que Dina Boluarte no haya comparecido a declarar en más de una ocasión, como en el caso “Cofre”, ha alimentado las especulaciones sobre su compromiso con el proceso judicial. La falta de transparencia en la actuación de las autoridades ha llevado a una creciente desconfianza entre la ciudadanía, que exige claridad en un contexto donde la justicia y la política parecen entrelazarse de manera peligrosa. Mientras tanto, el Congreso de la República ha sido objeto de críticas por la manera en que se reparte más de S/276 millones al año en pagos extras para sus trabajadores. Este hecho ha generado un debate sobre la legitimidad de estos gastos en un país donde las necesidades son apremiantes. La situación evidencia una desconexión entre las prioridades del Legislativo y las demandas de la población, que lucha por condiciones de vida dignas y una administración pública más eficiente. En este marco, la declaración de la fiscal Espinoza acerca de su posible inhabilitación por parte del Congreso, tras la improcedencia de una denuncia constitucional contra varios legisladores, añade otra capa de complejidad a la situación. Su determinación de seguir adelante con las investigaciones, a pesar de las amenazas, resalta la lucha entre los poderes del Estado y plantea interrogantes sobre la relación entre la justicia y la política en Perú. Finalmente, la situación de Dina Boluarte y las revelaciones de la fiscal de la Nación plantean un escenario de incertidumbre que podría tener repercusiones en la gobernabilidad del país. La sociedad peruana observa atentamente cómo se desarrolla esta situación, consciente de que cada movimiento en este ajedrez político podría definir el rumbo del país en los próximos meses. La inestabilidad, la desconfianza en las instituciones y las acusaciones de corrupción seguirán siendo temas candentes mientras el gobierno de Boluarte navega por estas aguas turbulentas.