
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La equidad de género en el mercado laboral peruano se erige como una de las asignaturas pendientes en el camino hacia un desarrollo más justo y sostenible. A pesar de los avances en otros sectores, el mundo laboral sigue reflejando una profunda desigualdad que afecta principalmente a las mujeres. Según el Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial de 2024, el Perú ha caído del puesto 33 al 40, lo que indica un retroceso en la lucha por la igualdad de género. Este desplazamiento es alarmante y revela un panorama donde las brechas salariales y las oportunidades laborales para las mujeres siguen siendo motivo de preocupación. Uno de los aspectos más críticos del informe es la equidad salarial, donde el país se posiciona en un preocupante puesto 103. Esta situación se traduce en una brecha salarial ajustada que se ha mantenido estancada en torno al 17% en los últimos años. Este fenómeno sugiere que, a pesar de contar con una fuerza laboral femenina cada vez más educada y calificada, persisten barreras estructurales que impiden un acceso equitativo al mercado laboral y a sus beneficios. La discriminación de género, los estereotipos sociales y las normas culturales juegan un papel fundamental en esta problemática. A pesar de que el acceso a la educación ha mejorado notablemente, esto no se ha traducido en una equiparación en el ámbito laboral. Las estadísticas muestran que, aunque las mujeres tienen niveles de matrícula y asistencia educativa elevados, su presencia en roles profesionales y técnicos sigue siendo alarmantemente baja, situándose en el puesto 95. Este desajuste entre educación y empleo pone de manifiesto que no basta con formar a las mujeres; es necesario garantizarles un entorno laboral que valore y reconozca sus capacidades y contribuciones. Para abordar esta situación, es urgente fortalecer las políticas de equidad de género en el mercado laboral. La Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) ha emitido 106 actas de infracción a empresas que no respetan la igualdad salarial entre hombres y mujeres en los últimos tres años. Este dato evidencia la necesidad de un sistema de fiscalización más robusto y efectivo que garantice el cumplimiento de leyes como la Ley 30709, que prohíbe la discriminación salarial, y la Ley 28983, que establece el principio de igualdad de oportunidades. Un aspecto crucial para mejorar la situación laboral de las mujeres en Perú es la provisión de beneficios de seguridad social, especialmente en sectores donde predominan las trabajadoras mujeres, como el servicio doméstico. La informalidad laboral es un obstáculo significativo, ya que el 89% de los trabajadores en Perú se encuentran en esta situación. A pesar de la existencia de la Ley 31047, promulgada en 2020 para regular el trabajo doméstico, su implementación ha sido deficiente, exacerbada por prejuicios culturales que desvalorizan esta labor esencial para la economía. En este contexto, se pueden considerar modelos exitosos de otros países. Por ejemplo, Brasil ha logrado avances en la formalización del trabajo doméstico a través de incentivos fiscales, como el programa Super Simples, que permite a los empleadores deducir costos relacionados con estos trabajadores en sus declaraciones de impuestos. Este tipo de políticas podría ser adaptado en Perú para mejorar la cobertura de seguridad social y fomentar la formalización de estos empleos. Además, las políticas de permisos parentales se han mostrado como herramientas efectivas para promover la equidad de género en el empleo. Sin embargo, su éxito depende de su diseño y de los incentivos que promuevan la corresponsabilidad en el cuidado de los hijos. Ejemplos como el sistema de licencias en Noruega, que incluye un alto porcentaje del salario y una parte intransferible para cada progenitor, son prueba de que es posible incentivar a los hombres a compartir las responsabilidades familiares, favoreciendo así la reintegración de las mujeres al trabajo. Por otro lado, la implementación de modelos de trabajo flexible y remoto podría favorecer la conciliación entre la vida laboral y familiar, permitiendo que hombres y mujeres puedan equilibrar sus responsabilidades sin sacrificar su crecimiento profesional. Es vital que este tipo de iniciativas vayan acompañadas de programas de capacitación que eliminen los sesgos de género en las organizaciones, promoviendo una mayor representación femenina en puestos de liderazgo. Finalmente, la equidad de género en el ámbito laboral no debe ser vista únicamente como una responsabilidad del Estado. La colaboración activa entre el gobierno, el sector privado y la sociedad civil es esencial para generar un cambio cultural que valore la contribución de las mujeres en la economía. Reconocer la igualdad de oportunidades como un pilar fundamental del desarrollo sostenible y la competitividad del país es un paso crucial hacia un futuro más equitativo para todos. La tarea está lejos de estar concluida, y cada acción cuenta en la lucha por un Perú más justo.