
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La política exterior de Estados Unidos ha dado un giro inesperado y potencialmente peligroso que ha suscitado preocupación entre sus aliados y en la comunidad internacional. En un acto que marca un drástico alejamiento de las posturas anteriores, la administración de Donald Trump votó en contra de una resolución en la Asamblea General de la ONU que condenaba la agresión rusa en Ucrania. Este cambio representa no solo un desmarque de la tradicional alineación con Europa, sino también una aproximación a regímenes autoritarios, generando un ambiente de incertidumbre en la geopolítica global. La resolución promovida por el presidente ucraniano Volodomyr Zelensky, que exigía la retirada inmediata de las tropas rusas de Ucrania, fue aprobada con 93 votos a favor. Sin embargo, el hecho de que Estados Unidos se alineara con países como Rusia, Bielorrusia y Corea del Norte en este contexto es revelador. Históricamente, Estados Unidos ha jugado un papel clave en la defensa de la soberanía de naciones agredidas, pero esta nueva postura podría tener repercusiones significativas en la estabilidad internacional. El resultado de la votación en la ONU no sólo es un indicativo de la erosión del apoyo a Ucrania, sino que también refleja un cambio en la percepción global sobre el papel de Estados Unidos. Mientras que en votaciones anteriores más de 140 naciones se manifestaron en contra de la agresión de Rusia, ahora el apoyo parece fragmentarse. Este retroceso ha llevado a analistas a señalar que Estados Unidos podría estar dando un respiro a la administración de Putin, justo cuando Rusia enfrenta serias dificultades en su economía y en su esfuerzo bélico. El contexto de esta decisión también es relevante. La semana pasada, Ucrania fue excluida de las conversaciones directas entre Estados Unidos y Rusia, lo que plantea interrogantes sobre el futuro del país en el marco de este conflicto. La falta de inclusión de Ucrania en estos diálogos podría ser vista como un acto de desdén, siendo que el destino de Ucrania debería ser decidido por sus propios líderes, y no por negociaciones entre potencias que no consideran su soberanía. Las enmiendas propuestas por los países europeos a la resolución estadounidense original fueron cruciales, ya que afirmaron el carácter agresor de Rusia en el conflicto. Este proceso de negociación y enmienda destaca la importancia de la colaboración y la defensa de principios democráticos que han guiado la política exterior de Estados Unidos durante décadas. Sin embargo, el giro actual sugiere que este enfoque ha cambiado, llevando a la comunidad internacional a preguntarse qué significa esto para la política exterior estadounidense en un contexto más amplio. Analistas como Roberto Heimovits advierten que este cambio podría abrir la puerta a un comportamiento más agresivo por parte de potencias expansionistas. La historia ha mostrado que la percepción de debilidad puede incentivar a los agresores, y un abandono de Ucrania podría tener ramificaciones en otros conflictos globales, como el que involucra a Taiwán y China. La posibilidad de que un debilitamiento de las democracias ante regímenes autocráticos se convierta en una norma puede transformar la geopolítica actual en un escenario mucho más volátil. La decisión de Trump de priorizar un acercamiento a Rusia ha generado un debate intenso sobre la racionalidad detrás de este enfoque. Algunos argumentan que se busca dividir el mundo en esferas de influencia, una estrategia que, según críticos, podría llevar a Estados Unidos a renunciar a sus intereses y valores en favor de un entendimiento con Moscú que favorezca a Putin. Este tipo de política podría resultar en una pérdida de credibilidad para Estados Unidos y un debilitamiento de las alianzas históricas con países europeos. Además, la crítica de Trump hacia Zelensky y su consideración de que Ucrania podría haber evitado la guerra mediante negociaciones previas, deslizan una narrativa que se alinea con la retórica rusa. Este tipo de declaraciones no solo deslegitiman la lucha de Ucrania, sino que también generan tensiones con los aliados europeos que han apoyado firmemente a Kiev desde el inicio del conflicto. Tal retórica puede ser interpretada como una forma de desviar la responsabilidad de la invasión atribuida a Rusia, un hecho que complica aún más el panorama. Las acciones de Trump desde su llegada al poder indican que su enfoque también se concentrará en asuntos internos, dejando en un segundo plano la política exterior. Sin embargo, la guerra en Ucrania sigue siendo un tema crítico que requerirá atención y acción decisiva. La promesa de Trump de resolver el conflicto en 24 horas plantea dudas sobre su comprensión de la complejidad de la situación y su disposición a considerar los intereses de los aliados y de Ucrania. En conclusión, el reciente cambio de dirección en la política exterior de Estados Unidos bajo la administración de Trump ha dejado al mundo en un estado de alerta. Mientras se avecinan elecciones y el futuro de las relaciones internacionales se tambalea, la forma en que Estados Unidos aborde las crisis globales, especialmente con respecto a Rusia y Ucrania, tendrá implicaciones duraderas. La comunidad internacional observa atentamente, y el desenlace de este conflicto podría redefinir el orden mundial tal como lo conocemos.