Ascenso de la AfD: El impacto de la ultraderecha en la política alemana moderna

Ascenso de la AfD: El impacto de la ultraderecha en la política alemana moderna

El ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) a la segunda fuerza política genera alarma en un contexto de crisis económica y descontento social.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

El reciente ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) a la segunda fuerza política del país ha encendido alarmas en el panorama político nacional y europeo. Este partido, que ha evolucionado notablemente desde su fundación en 2013 en Berlín, ha logrado captar la atención y el apoyo de un segmento creciente de la población, especialmente en la Alemania del Este. Su discurso antiinmigrante, nacionalista y conservador ha resonado en un contexto marcado por la crisis económica y la incertidumbre social. A medida que las elecciones más recientes arrojaron resultados favorables para la AfD, Friedrich Merz, líder del partido conservador CDU, ha reconocido que este fenómeno es un "llamado de atención" para los partidos del centro democrático. Sin embargo, Merz y otros líderes políticos se han mantenido firmes en su rechazo a colaborar con la AfD, un partido que muchos consideran extremista y que ha sido objeto de vigilancia por parte de los servicios de inteligencia alemanes. La historia de la AfD se origina en un contexto euroescéptico, cuando sus fundadores, entre los que se encuentran Bernd Lucke y Alexander Gauland, decidieron escindirse de la CDU. Desde ese momento, han transformado su imagen y agenda, incorporando un fuerte discurso en contra de la inmigración que, según expertos, se potenció especialmente durante la crisis de refugiados de 2015. El flujo masivo de solicitantes de asilo, en su mayoría provenientes de Siria, generó un impacto profundo en la sociedad alemana, ofreciendo un caldo de cultivo para la expansión de la AfD. El analista internacional Francisco Belaunde subraya que el crecimiento de la AfD también está vinculado a las diferencias económicas que persisten entre las regiones oriental y occidental de Alemania. La percepción de abandono en ciertas áreas, combinada con la crisis económica que afecta a la nación, ha llevado a muchos a buscar alternativas en partidos que prometen un cambio radical. Alice Weidel, actual líder visible de la AfD, ha logrado captar la atención del electorado, a pesar de su perfil que podría parecer contradictorio para un partido de ultraderecha, siendo ella abiertamente homosexual y proveniente de un entorno multicultural. Su ascendencia en las encuestas también ha sido impulsada por su capacidad para utilizar las redes sociales de manera efectiva, logrando interacciones con figuras influyentes como Elon Musk. Estas conexiones han aumentado su visibilidad y, posiblemente, su atractivo entre los votantes. Sin embargo, el hecho de que la AfD sea catalogada como un partido de ultraderecha no es fortuito. A pesar de que algunos de sus miembros podrían ser considerados "populistas de derecha" más que extremistas, el partido ha atraído a elementos radicales y, en ocasiones, a militantes con vínculos neonazis. La Oficina para la Protección de la Constitución ha señalado preocupaciones sobre este extremismo interno, dejando claro que la AfD no está exenta de controversias y de una peligrosa ideología que puede afectar la democracia alemana. En términos de política, la AfD ha presentado un "Plan de Futuro para Alemania", que incluye propuestas para endurecer la ley de asilo y ciudadanía, así como medidas para proteger las fronteras y limitar los beneficios a solicitantes de asilo. Este enfoque ha encontrado eco en un electorado que ha perdido la confianza en los partidos tradicionales, a quienes acusan de no abordar los problemas que más afectan su vida cotidiana. El impacto de la AfD se ha visto mayormente en estados como Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Brandemburgo, y Sajonia, donde la familiarización con la democracia es más reciente y la economía es menos robusta. Esta situación ha creado un caldo de cultivo donde el descontento con el sistema actual puede traducirse en apoyo a una agenda que promete un cambio radical y una revisión de los principios democráticos establecidos. A medida que Alemania enfrenta problemas internos como la crisis económica, la violencia en las calles, y las secuelas de la guerra en Ucrania, el papel de la AfD en el parlamento se vuelve crucial. Se posiciona como una fuerza de oposición que podría influir en la política nacional, especialmente si se implementan políticas más restrictivas en materia de inmigración y derechos de los refugiados. Finalmente, la AfD se presenta como un fenómeno político que refleja no solo el descontento social, sino también un cambio en la percepción de la identidad alemana en un mundo globalizado. Los desafíos que enfrenta el nuevo gobierno de coalición, encabezado por Merz, serán considerables, y la influencia creciente de la AfD en la política alemana plantea preguntas fundamentales sobre el futuro democrático del país. En un paisaje político que se torna cada vez más polarizado, la AfD no solo ha encontrado su lugar, sino que también ha desafiado las nociones de lo que significa ser parte de la política en Alemania.

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