
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El reciente ascenso del partido nacionalista Alternativa para Alemania (AfD) ha sorprendido a muchos observadores políticos, situándose como la segunda fuerza política del país tras las elecciones del domingo. Este resultado marca un hito histórico, dado que representa el mejor desempeño de la extrema derecha en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial, un desarrollo que plantea serias preguntas sobre la dirección futura del país y de Europa en general. El contexto en el que se produce este avance es complejo y multifacético. En primer lugar, la crisis económica que Alemania ha enfrentado en los últimos años ha creado un caldo de cultivo propicio para el crecimiento de movimientos políticos radicales. La dependencia del gas ruso y el impacto de la guerra en Ucrania han puesto en evidencia las vulnerabilidades de una economía que antes se consideraba robusta. Esta situación ha llevado a muchos alemanes a cuestionar la gestión económica de las autoridades y a buscar alternativas que prometen soluciones más drásticas. Además, la migración ha emergido como uno de los temas centrales en el debate político. Con más de un millón de solicitantes de asilo acogidos en el país durante la crisis migratoria de 2015/2016, las tensiones sociales han aumentado. La AfD ha capitalizado este descontento, utilizando un discurso que apela a la reemigración y a la seguridad, logrando resonar especialmente en un electorado que se siente cada vez más inseguro ante la creciente diversidad cultural. El hecho de que la AfD haya sido calificada de "anticonstitucional" por el servicio de inteligencia interior alemán no parece haber desalentado a sus votantes. Al contrario, la retórica de la formación ha encontrado eco en un sector de la población que, cansado de la multiculturalidad promovida por años, ahora anhela una identidad nacional más definida y menos influenciada por lo que consideran una "ideología de género" que no les representa. Este cambio en la percepción social también se refleja en el apoyo creciente que recibe la AfD entre los jóvenes. Según un estudio del Pew Research Center, el 26% de los hombres alemanes se siente identificado con el partido, un aumento significativo respecto a años anteriores. Esta tendencia hacia la extrema derecha se ve reforzada por un contexto donde los partidos de izquierda parecen no atraer a estos votantes, quienes no se sienten representados por las agendas de género y diversidad que dominan gran parte del discurso político actual. Las redes sociales han jugado un papel crucial en este fenómeno, permitiendo a la AfD eludir los medios tradicionales y llegar directamente a un público más joven. La capacidad del partido para conectar con los jóvenes a través de plataformas como TikTok ha sido notable, y cuenta con el respaldo de personajes influyentes que amplifican su mensaje. Este uso estratégico de las redes no solo ha facilitado la difusión de su discurso, sino que también ha normalizado una narrativa que antes se consideraba inaceptable. Otro aspecto relevante es la evolución de la discusión en torno a la inmigración. A medida que se han registrado incidentes violentos relacionadas con solicitantes de asilo, el temor ha crecido entre la población. La AfD ha sabido capitalizar estos miedos, prometiendo medidas estrictas contra la criminalidad asociada a la inmigración, lo que ha seducido a un electorado que siente que su seguridad está en juego. La narrativa de que la inmigración debe estar acompañada de una integración efectiva ha sido distorsionada por la extrema derecha para justificar su agenda. En el contexto actual, el partido liderado por Alice Weidel ha logrado posicionarse como una alternativa atractiva para aquellos que buscan respuestas claras a problemas complejos. El discurso de la AfD, que se presenta como una voz de "salvación" frente a una élite política desconectada, ha calado hondo en aquellos que sienten que sus preocupaciones no están siendo atendidas por las fuerzas tradicionales. Esto ha llevado a que el partido obtenga cerca del 20% de los votos en las encuestas, consolidando su lugar en el panorama político. Sin embargo, a pesar de este éxito, la posición de la AfD es también un síntoma de las fracturas que atraviesan la sociedad alemana. La polarización se ha intensificado, y los votantes jóvenes se dividen entre la atracción por la extrema derecha y la extrema izquierda, evidenciando un paisaje político fragmentado. Las elecciones recientes no solo reflejan un cambio en la opinión pública, sino que también revelan un país que lucha por reconciliar su pasado con sus aspiraciones futuras. La historia de Alemania, marcada por su pasado nazi, ha sido un factor que tradicionalmente se pensó que protegería al país de la resurrección de la extrema derecha. Sin embargo, el ascenso de la AfD sugiere que este peso histórico puede estar perdiendo su influencia, a medida que nuevas generaciones buscan definir su identidad nacional en un contexto de crisis y transformación. Frente a este panorama, queda por ver cómo responderán los partidos tradicionales y la sociedad en su conjunto a este fenómeno. La capacidad de la AfD para mantenerse como una fuerza relevante en la política alemana dependerá de su habilidad para innovar y adaptarse, al tiempo que se enfrenta a la creciente oposición de quienes ven en su discurso un peligro para los valores democráticos y para la cohesión social. La lucha por el futuro de Alemania está en marcha, y las elecciones han dejado claro que el país se encuentra en un momento decisivo.