Coca-Cola Light: el símbolo de productividad en la cultura laboral moderna

Coca-Cola Light: el símbolo de productividad en la cultura laboral moderna

La Coca-Cola Light se ha convertido en un símbolo de productividad en las oficinas de EE.UU., asociándose con largas jornadas laborales y cultura competitiva.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, y Vargas Llosa, premio Nobel Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, en celebración de Alianza Lima Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, Central Hidro Eléctrica Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, Central Hidro
Política

La Coca-Cola Light se ha convertido en un símbolo de la cultura moderna de la oficina en Estados Unidos, donde su consumo ha sido asociado con el aumento de la productividad entre aquellos que enfrentan largas jornadas laborales. En un mundo donde la presión por rendir se intensifica, este refresco con cafeína se ha transformado en un combustible que no solo impulsa a los empleados, sino que también está imbuido de un trasfondo cultural que refleja dinámicas más complejas. Desde sus inicios, la imagen de la Coca-Cola Light giraba en torno al control de calorías y la promoción de un estilo de vida saludable. Sin embargo, en la actualidad, la bebida ha sido cooptada por una ética laboral que, en algunos casos, se considera machista. Figuras prominentes como el expresidente Donald Trump y el empresario Elon Musk han contribuido a esta nueva narrativa. Trump, reconocido por su afición a la bebida, consume hasta 12 latas al día, utilizando un botón en su despacho para solicitar más. Esto ha llevado a que su consumo se convierta en un símbolo de su supuesta dedicación al trabajo. Ambos, Trump y Musk, han hecho de la Coca-Cola Light un emblema de su filosofía laboral. Con declaraciones que subrayan su ética de trabajo extremo, han normalizado la idea de que consumir Coca-Cola Light es parte del sacrificio personal que se espera de los empleados en un entorno competitivo. Musk, por su parte, ha establecido una cultura laboral "dura" en sus empresas, donde el incentivo de tener "abundante Coca-Cola Light" ha sido mencionado en la búsqueda de nuevos ingenieros para Twitter. Este uso de la Coca-Cola Light en el ámbito laboral también se entrelaza con una crítica a la estructura burocrática del gobierno y, por extensión, a la burocracia en general. Musk ha declarado que su propuesto Departamento de Eficiencia Gubernamental trabaja 120 horas a la semana, mientras que sus oponentes, según él, apenas alcanzan las 40. Este contraste sugiere que la bebida se ha convertido en un símbolo de la lucha constante por la productividad, una lucha que, para algunos, se mide en latas consumidas. La relación de Coca-Cola con esta narrativa no es nueva. La compañía ha estado en el radar de grandes nombres del mundo empresarial, como Bill Gates y Bob Diamond, quienes también han hecho de la Coca-Cola Light su bebida de elección en el entorno corporativo. La presencia de neveras llenas de latas en oficinas emblemáticas es testimonio de la forma en que esta bebida ha permeado la cultura laboral. Sin embargo, esta imagen de la Coca-Cola Light no es solo un fenómeno asociado a hombres en posiciones de poder. A lo largo de las décadas, la marca ha intentado atraer a un público más amplio, especialmente a las consumidoras, mediante campañas publicitarias que reflejan ideales de belleza y éxito. En las décadas pasadas, se podía ver a mujeres delgadas disfrutando de la Coca-Cola Light, haciendo pausas en sus trabajos físicamente exigentes, lo que promovía la idea de que la bebida era parte de un estilo de vida aspiracional. A pesar de su evolución cultural y de los desafíos de salud pública que enfrentan los refrescos azucarados, la Coca-Cola Light mantiene una base de consumidores leales. Un análisis reciente indica que el 29% de los bebedores de Coca-Cola Light en Estados Unidos consume la bebida al menos una vez al día. Esto sugiere que, para muchos, la Coca-Cola Light no es solo una opción dietética, sino una fuente de energía y un placer culpable en un mundo donde el alcohol puede ser cada vez menos atractivo por razones económicas y de salud. Los expertos en tendencias alimenticias, como Stephanie Mattucci, destacan que la popularidad de la Coca-Cola Light parece no verse afectada por las críticas sobre los alimentos ultraprocesados. Por un lado, la compañía ha intentado diversificar su oferta para alinearse con tendencias de salud, pero el público sigue buscando ese "lujo" de la bebida carbonatada que saben que no es saludable, pero que les proporciona un alivio. Eve Turow-Paul, autora y analista de tendencias, argumenta que, a pesar de las preocupaciones sobre la salud, la Coca-Cola Light sigue siendo un producto popular. Esto resalta una dicotomía en la percepción del bienestar y la necesidad de gratificación inmediata. "Nadie se toma una Coca-Cola Light pensando que está haciendo algo bueno por su salud", señala. En cambio, se percibe como un pequeño escape y una forma de obtener ese impulso necesario para enfrentar la jornada. En última instancia, la Coca-Cola Light ha trascendido su imagen inicial y se ha convertido en un reflejo de las luchas y aspiraciones de la cultura laboral moderna. A medida que los consumidores continúan eligiendo esta bebida, se revela no solo un gusto personal, sino también un compromiso con un estilo de vida que valora la productividad por encima de todo, en un mundo donde las largas horas y el sacrificio son la norma. La Coca-Cola Light, entonces, no es solo un refresco; es un símbolo de una era laboral que, para muchos, parece no tener fin.

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