Reserva Federal de EE. UU. se retira de iniciativa climática y genera preocupación

Reserva Federal de EE. UU. se retira de iniciativa climática y genera preocupación

La Reserva Federal de EE. UU. abandona la NGFS, generando preocupaciones sobre la cooperación climática y debilitando esfuerzos por la sostenibilidad.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

La reciente decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de abandonar la Network for Greening the Financial System (NGFS) ha generado un eco de preocupación entre los defensores de la cooperación climática a nivel global. Este movimiento, que se produce en el contexto de un cambio de liderazgo en la Casa Blanca, resalta las tensiones subyacentes entre las políticas monetarias y la urgente necesidad de abordar el cambio climático. En un momento en que el mundo enfrenta alarmantes predicciones sobre el calentamiento global, esta retirada podría ser un golpe significativo a los esfuerzos por integrar la estabilidad financiera con la sostenibilidad ambiental. La NGFS se estableció con el propósito de alinear la política monetaria con los desafíos que plantea el cambio climático, promoviendo la participación activa de todos los actores financieros. Con la colaboración de bancos centrales de diversas naciones, se buscaba crear un enfoque cohesivo para alcanzar la neutralidad de carbono, afirmando que la sostenibilidad ambiental no es incompatible con la estabilidad económica. Sin embargo, la decisión de la Fed de retractarse de esta red, bajo la dirección de Jerome Powell, plantea interrogantes sobre la consistencia de este enfoque en la política económica estadounidense. La salida de la Fed de la NGFS no se produjo bajo presión directa de la Casa Blanca, pero refleja un cambio en la percepción de la política climática como prioridad nacional. Powell había argumentado anteriormente que la política climática era competencia del Gobierno, lo que sugiere que la Fed actúa en consonancia con las directrices políticas del Ejecutivo. Este ciclo de entrada y salida de la red climática, en paralelo con los cambios de administración, ilustra la fragilidad de los compromisos climáticos en un entorno político fluctuante. La cooperación internacional en torno al cambio climático ha sido, en su esencia, una lucha constante por la convergencia de intereses. Desde la firma del Acuerdo de París, la comunidad internacional ha intentado construir un frente unido contra el calentamiento global. Sin embargo, la administración Trump, con su enfoque menospreocupado ante la crisis climática, ha dejado una marca indeleble en la política ambiental estadounidense. A medida que el mundo se enfrenta a un aumento de 1.6 grados en las temperaturas por encima de los niveles preindustriales, los esfuerzos por mantener el impulso hacia la sostenibilidad se ven erosionados. La reciente tendencia hacia el escepticismo climático también se refleja dentro de instituciones como la Comisión Europea, donde se cuestionan los fundamentos del Green Deal. Este cambio de enfoque, que parece relegar las preocupaciones climáticas a un segundo plano, plantea la alarmante posibilidad de que la urgencia del problema no esté siendo adecuadamente reconocida ni abordada. En lugar de avanzar, muchos países se encuentran en una espiral de retroceso, priorizando intereses económicos sobre la acción climática. Con la creciente intensificación de fenómenos climáticos extremos y la inminencia de puntos de no retorno, el tiempo para actuar se está agotando rápidamente. La ciencia climática advierte que sin una acción decidida y coordinada, las consecuencias serán devastadoras. Sin embargo, la narrativa actual parece moverse hacia el crecimiento económico y la inteligencia artificial, relegando la crisis climática a un tema de menor importancia. Este giro radical en la agenda global provoca una disonancia entre la realidad científica y la dirección política. El clima, que alguna vez fue visto como un bien común que requería la colaboración de todos, ha sido desplazado por un nuevo paradigma enfocado en las relaciones de poder. Este cambio no solo es preocupante, sino que también refleja una transformación en cómo las naciones perciben su responsabilidad hacia el futuro del planeta. En lugar de un enfoque colaborativo, ahora observamos una lucha por la dominación donde los intereses nacionales a menudo eclipsan la necesidad de una respuesta colectiva al cambio climático. La inestabilidad provocada por esta dinámica de poder puede tener repercusiones duraderas. La falta de compromiso por parte de potencias económicas clave, como Estados Unidos, puede debilitar la confianza entre naciones y obstaculizar la cooperación necesaria para enfrentar la crisis climática. Las decisiones unilaterales, como el abandono de la NGFS, pueden llevar a un efecto dominó, donde otros países se sientan legitimados para seguir el mismo camino, desmantelando acuerdos y compromisos previamente establecidos. En conclusión, el escenario actual plantea una encrucijada crítica. La retirada de la Fed de la NGFS no es solo una decisión institucional; es un símbolo de un cambio más amplio en la política climática global. A medida que las alarmas climáticas resuenan con mayor fuerza, la comunidad internacional debe reconsiderar su enfoque y priorizar la acción colectiva sobre las estrategias individualistas. Solo a través de un esfuerzo conjunto y un compromiso renovado hacia la cooperación climática podremos enfrentar los desafíos que se avecinan y trabajar hacia un futuro sostenible.

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