Estados Unidos intensifica vigilancia aérea en frontera por narcotráfico en México

Estados Unidos intensifica vigilancia aérea en frontera por narcotráfico en México

EE.UU. intensifica vigilancia aérea en la frontera con México para combatir cárteles de narcotráfico, generando preocupaciones sobre soberanía.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

En un contexto de creciente preocupación por la violencia relacionada con el narcotráfico, Estados Unidos ha intensificado significativamente su vigilancia aérea en la frontera con México. Según información revelada por la cadena de noticias CNN, los aviones espía de las Fuerzas Armadas estadounidenses han aumentado sus misiones de un promedio de uno mensual a 18 en un corto período entre finales de enero y principios de febrero de este año. Este notable incremento ha despertado inquietudes y preguntas sobre las verdaderas intenciones detrás de estas acciones. El objetivo declarado por Washington es controlar los movimientos de los cárteles del narcotráfico, que, de acuerdo con el gobierno de Donald Trump, serán designados próximamente como organizaciones terroristas. Esta decisión ha llevado a un enfoque más militarizado en la lucha contra las drogas, un cambio que se manifiesta claramente en el uso de aviones espía como el P-8 Poseidón y el icónico U-2, que han sido tradicionalmente empleados en operaciones de inteligencia en el contexto de conflictos más amplios. Los vuelos de vigilancia han abarcado amplias áreas en California, Arizona y Texas, con misiones que incluso han bordeado la península de Baja California, conocida por ser un bastión de operaciones del Cártel de Sinaloa. A pesar de que estos aviones no han cruzado la frontera, su capacidad para recolectar información en profundidad dentro del territorio mexicano plantea preocupaciones sobre la soberanía nacional y el tipo de operaciones que se están llevando a cabo en la región. Andrés Gómez de la Torre, especialista en defensa e inteligencia, advierte sobre la dualidad que encierra esta estrategia de vigilancia. Por un lado, está la política unilateral de Washington de catalogar a los cárteles como organizaciones terroristas. Por el otro, se encuentra la inminente militarización de la lucha contra las drogas, un fenómeno que se ha visto acentuado por el nombramiento de Ronald Johnson, un ex boina verde, como nuevo embajador de Estados Unidos en México, lo que sugiere un enfoque más agresivo en la cooperación entre ambos países. El uso de aviones como el RC-135 Rivet, que ha tenido un papel destacado en operaciones militares pasadas, confirma la intrusiva naturaleza de estas misiones. Este tipo de aeronaves, diseñadas para la vigilancia electrónica, son capaces de captar comunicaciones y realizar un seguimiento exhaustivo de las actividades en el terreno, lo que demuestra que la estrategia estadounidense no se limita a una simple recolección de datos, sino que busca una intervención más activa en la lucha contra la violencia relacionada con el narcotráfico. El general Gregory Guillot, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, ha confirmado ante el Senado que esta vigilancia aérea se utiliza para recopilar información sobre los cárteles y determinar la mejor manera de contrarrestar sus acciones. A pesar de los temores que puedan surgir de esta escalada de vigilancia, el general ha destacado que hay cooperación con las fuerzas armadas mexicanas, lo que podría abrir la puerta a un enfoque más colaborativo en la lucha contra el narcotráfico. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha manifestado ante los medios que no le inquietan los vuelos de vigilancia, aunque ha subrayado la importancia de que se respete la soberanía mexicana en este contexto. La mandataria ha hecho un llamado a la cooperación, enfatizando que cualquier información que Estados Unidos tenga sobre México debe ser compartida en los términos correctos, subrayando que la coordinación no debe implicar subordinación. El inminente anuncio del Departamento de Estado de Estados Unidos de incluir a varios cárteles mexicanos en su lista de organizaciones terroristas subraya la seriedad de la amenaza que perciben en esta dinámica. Estos grupos, que operan en estrecha colaboración con bandas colombianas como el Clan del Golfo, han sido identificados como actores clave en el tráfico de drogas y en el contrabando de migrantes hacia Estados Unidos. La estrategia del gobierno de Trump para abordar la violencia de los cárteles ha sido una de las más controvertidas y discutidas. Mientras algunos aplauden el enfoque más militarizado, otros advierten sobre las implicaciones que esto podría tener para la relación bilateral entre México y Estados Unidos, así como para la seguridad y la estabilidad en la región. A medida que el panorama se torna más complejo, queda por ver cómo se desarrollarán estos vuelos de vigilancia y qué impacto tendrán en la cooperación entre ambos países. La comunidad internacional observa con inquietud, ya que este enfoque puede sentar un precedente peligroso respecto a la intervención de una nación en los asuntos internos de otra, un tema que ha generado tensiones históricas y que, en este caso, podría desatar aún más caos en la ya frágil situación de seguridad en México.

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