
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En la actualidad, el Perú se encuentra sumido en una aguda crisis política que parece haber alcanzado su punto más alto desde la controvertida elección de 2021. La llegada de Pedro Castillo al poder, un candidato de un partido comunista, fue recibida con incredulidad y rechazo por parte de la derecha, que rápidamente comenzó a alegar fraude electoral sin presentar pruebas concluyentes. Esta situación condujo a un éxodo de capitales hacia el extranjero y a la búsqueda de residencias fiscales fuera del país, especialmente hacia Ecuador, lo que marcó el inicio de un periodo de inestabilidad política que ha dejado profundas huellas en la sociedad peruana. La polarización política que caracteriza a nuestro tiempo ha llevado a que las élites y la ciudadanía se dividan en facciones ideológicas extremas. La ausencia de partidos consolidados ha dado paso a la formación de grupos ideologizados que se enfrentan en batallas culturales sobre temas como la influencia de la "ideología de género" o las acusaciones contra figuras prominentes como el cardenal Cipriani. Mientras tanto, el peruano promedio enfrenta preocupaciones mucho más inmediatas, como la lucha por llegar a fin de mes, lo que genera una desconexión entre las élites y la realidad cotidiana de la población. Dina Boluarte, quien asumió la presidencia tras la destitución de Castillo, parece vivir en una burbuja de negación. Aunque su gobierno ha presentado cifras económicas que podrían considerarse positivas, su impopularidad se eleva a niveles alarmantes, lo que la lleva a culpar a la prensa y a las encuestas de su situación. Su incapacidad para reconocer su realidad política la ha llevado a rodearse de un gabinete de ministros que, a ojos de muchos, parece más centrado en mantener la fachada de un gobierno en crisis que en realmente abordar los problemas del país. La indolencia y frivolidad de Boluarte han sido criticadas por quienes esperaban que su gobierno pudiera ser un puente hacia la estabilidad. En lugar de eso, su ambición por permanecer en el poder ha generado un entorno de desconfianza en las instituciones, contribuyendo al deterioro de la gestión pública. La comparación entre su administración y la de Castillo revela que ambos han dejado una marca indeleble de ineficiencia y mala gestión que ha complicado aún más la ya frágil democracia peruana. Muchos analistas coinciden en que este periodo podría ser uno de los peores en la historia política reciente del Perú, aunque las cifras económicas no reflejan la misma desesperación. La economía ha demostrado una sorprendente capacidad de resiliencia frente a la inestabilidad política, pero ello no ha sido suficiente para atenuar el creciente problema de la inseguridad. La expansión del crimen organizado y la informalidad han socavado los cimientos del Estado de derecho, creando un ambiente en el que la corrupción y la impunidad parecen ser la norma. Los parlamentos y el sistema judicial también han sido objeto de críticas severas. La percepción de que las instituciones se encuentran bajo el control de intereses corruptos es cada vez más generalizada, lo que ha llevado a una erosión de la confianza pública. Esta situación ha creado un escenario donde la política se percibe como una "cachina", un mercado donde los ideales se han mercantilizado en beneficio de intereses particulares, reflejando la fragilidad de nuestra democracia. Mientras que la política peruana se transforma en un espectáculo, diversos candidatos emergen en el horizonte electoral. Desde figuras catapultadas por el escándalo hasta outsiders que buscan aprovechar el descontento social, el electorado parece atrapado en un mar de confusión. A medida que se aproximan las elecciones, la falta de propuestas coherentes y la proliferación de candidaturas pueden convertir los comicios en una mera lotería, donde la mayoría de los ciudadanos no logran identificar a los candidatos que realmente representen sus intereses. El fenómeno de la informalidad también se suma a esta crisis, impidiendo el avance de una política que busque el bienestar colectivo. En un contexto donde la pobreza sigue siendo una realidad palpable, los políticos prometen paz y orden, pero lo que realmente se necesita es un enfoque que aborde la economía informal y su impacto en la vida diaria de la población. Sin una solución a estos problemas estructurales, cualquier avance será efímero. Con un panorama electoral que parece abarrotado de candidatos, la percepción de que el electorado se encuentra dividido y desilusionado se hace más evidente. La falta de liderazgo claro entre los partidos políticos, y más aún entre la izquierda, plantea interrogantes sobre el futuro del país. La izquierda, que alguna vez tuvo la oportunidad de crecer, hoy se enfrenta a un vacío de liderazgo y a la desconfianza del electorado, lo que la deja en una situación de debilidad ante un electorado que sigue buscando alternativas viables. Finalmente, el papel de los medios de comunicación y el llamado "periodismo independiente" también se cuestiona en este contexto. La falta de recursos y la dependencia de financiamiento externo han llevado a que muchos periodistas pierdan credibilidad, lo que a su vez ha profundizado la polarización de la información. En este caos informativo, la verdad se convierte en un recurso escaso, lo que plantea serios desafíos para el futuro de la democracia en el Perú y la capacidad de la sociedad para encontrar un camino hacia la reconciliación.