
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente reelección de Donald Trump ha desatado un torrente de medidas económicas y políticas que han puesto en alerta a gran parte del mundo. Desde su primera semana en el cargo, ha dejado claro que su enfoque será uno de confrontación y unilateralismo. Una de las decisiones más controvertidas ha sido el aumento de aranceles a varios países, entre los que se incluyen México, Canadá y China, naciones clave en el comercio estadounidense. Este giro hacia el proteccionismo plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones comerciales globales y la estabilidad económica. Las medidas de Trump no se limitan a los aranceles. Su intención de reclamar derechos sobre el Canal de Panamá y Groenlandia, así como su injerencia en asuntos internos de naciones como Alemania y el Reino Unido, reflejan una visión agresiva de la política exterior. Al mismo tiempo, su postura en conflictos bélicos globales, como los de Gaza y Ucrania, sugiere un intento de consolidar el poder estadounidense a expensas de la cooperación internacional. La exigencia de un trato exclusivo en suministros de minerales en Ucrania es una muestra clara de su estrategia de "Estados Unidos primero". La desafección de Trump con organizaciones como la OMS y el Acuerdo de París son otros ejemplos de su política aislacionista. Al mirar hacia atrás, es evidente que este enfoque de "desvinculación" de convenios internacionales puede tener repercusiones negativas no solo para Estados Unidos, sino también para el mundo entero. En un momento en que la cooperación global es más necesaria que nunca, la postura de Trump parece contradecir la lógica de la interdependencia económica que ha caracterizado a las últimas cinco décadas. Es crucial preguntarse cómo responderán los demás países ante el aumento de aranceles. La respuesta podría ser rápida y contundente, generando un efecto dominó que alteraría las dinámicas de intercambio comercial. Si bien Trump parece convencido de que su país es indispensable para el mundo, la realidad muestra que ningún país está verdaderamente aislado. Las economías están interconectadas, y esto significa que un cambio en la política comercial de Estados Unidos podría tener efectos globales adversos, incluyendo un aumento en los costos de bienes esenciales. Este tipo de proteccionismo podría abrir oportunidades para otras potencias económicas, como China y la Unión Europea. Sin embargo, para que esto ocurra, la UE debe actuar con agilidad y cohesión para contrarrestar el impacto de las políticas de Trump. La falta de acción o la lentitud en la toma de decisiones podría significar perder terreno en un mercado global cada vez más competitivo. A medida que algunos países busquen otros mercados para sus productos, la ventaja competitiva de Estados Unidos podría verse erosionada. Además, es vital que Europa reconozca su propio potencial económico y cultural. A pesar de los desafíos actuales, la UE cuenta con una base sólida que puede ser aprovechada para mejorar su posición en el mercado global. La inversión en infraestructura, innovación y sostenibilidad podría ofrecer a Europa una ventaja competitiva significativa frente a un Estados Unidos que parece cada vez más aislado en sus decisiones. La situación actual presenta tanto desafíos como oportunidades. Si bien la estrategia de Trump puede parecer atractiva a corto plazo, es probable que a largo plazo sus decisiones lleven a complicaciones económicas que podrían poner en riesgo la capacidad de Estados Unidos para seguir siendo un líder global. En este sentido, la respuesta global deberá ser estratégica y orientada hacia la construcción de alianzas más fuertes y efectivas. La historia ha demostrado que la cooperación internacional es fundamental para enfrentar desafíos globales, y la era de Trump podría ser el momento adecuado para revaluar la forma en que los países interactúan entre sí. Europa, con su rica herencia cultural y un alto nivel de vida, podría beneficiarse de esta reconfiguración del panorama global, siempre y cuando actúe con rapidez y determinación. Finalmente, la pregunta que queda en el aire es si la comunidad internacional estará a la altura de las circunstancias. En un mundo donde las decisiones de un solo líder pueden tener efectos de gran alcance, es fundamental trabajar en conjunto para evitar que el proteccionismo se convierta en la norma. La colaboración y la innovación deben ser las piedras angulares del futuro, y aunque el camino por delante es incierto, la historia nos recuerda que las crisis pueden ser catalizadores de cambio positivo.