
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Mauricio Claver-Carone, un abogado de 49 años de origen cubano y nacido en Miami, ha sido designado por el presidente Donald Trump como el nuevo enviado especial del Departamento de Estado para América Latina. Esta decisión marca un giro significativo en la política exterior estadounidense hacia la región, un área que ha resonado con ecos de incertidumbre y desafíos en los últimos años. Claver-Carone, quien ya ha desarrollado una relación de confianza con Trump desde su primera presidencia, se presenta como un agente de cambio, con la misión de "restaurar el orden" en un continente que, según el mandatario, ha estado sumido en el "caos y la anarquía". A medida que Claver-Carone inicia su gira oficial por Centroamérica, es evidente que su papel será crucial en la articulación de la política estadounidense hacia países como Venezuela, donde el régimen de Nicolás Maduro enfrenta presiones internas y externas. En su primera declaración como enviado, Claver-Carone subrayó la importancia de abordar temas como la inmigración masiva ilegal y la amenaza del fentanilo, cuestiones que, según él, afectan la vida de los estadounidenses en un nivel muy tangible. Claver-Carone, con su trayectoria marcada por una postura dura frente al gobierno cubano, ha sido un defensor del embargo comercial y ha trabajado incansablemente para influir en la política exterior de Estados Unidos respecto a Cuba y Venezuela. Su experiencia no solo se limita a sus años en el Consejo de Seguridad Nacional, donde se centró en el Hemisferio Occidental, sino que también incluye un rol destacado en el Fondo Monetario Internacional, donde logró un préstamo significativo para Argentina durante la gestión de Mauricio Macri. Sin embargo, su carrera no ha estado exenta de controversias. Su mandato como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) concluyó abruptamente tras un escándalo relacionado con su conducta personal, lo que lo convirtió en el primer presidente de la historia del BID en ser despedido. Aunque ha negado las acusaciones y sostiene que fue víctima de una campaña de difamación, este episodio ha dejado una marca en su reputación que podría influir en su nuevo rol. La designación de Claver-Carone llega en un momento en que Estados Unidos busca reafirmar su influencia en América Latina, particularmente ante el creciente interés y presencia de China en la región. A pesar de ser un conocido representante del ala dura del Partido Republicano, su enfoque parece estar alineado con una visión más amplia de cooperación con aliados estratégicos en la región, como han demostrado sus encuentros con líderes de países como El Salvador y Costa Rica. Los expertos en relaciones internacionales divididos en sus opiniones sobre la política exterior de Trump hacia América Latina, advierten que un enfoque duro podría resultar contraproducente. Según algunos analistas, la administración republicana tiende a ver a la región a través de un prisma de problemas y amenazas, lo que podría generar tensiones en lugar de construir alianzas efectivas. A pesar de estos desafíos, Claver-Carone ha expresado su intención de trabajar con líderes que gozan de altos niveles de aprobación en sus países, argumentando que esto podría facilitar una colaboración más fructífera en áreas clave como la migración y la seguridad. Esta estrategia sugiere un intento por parte de la administración de Trump de establecer un diálogo más constructivo, aunque el escepticismo sobre sus intenciones persiste. En su primer viaje oficial, Claver-Carone también se enfrentó a una crisis diplomática con Colombia, donde desempeñó un papel crucial para resolver la situación que involucraba el rechazo de aviones militares estadounidenses. Este incidente demuestra no solo su capacidad de negociación, sino también la importancia de América Latina en el contexto de la política exterior estadounidense. Claver-Carone se enfrenta a una tarea monumental: reconstruir la imagen de Estados Unidos en una región que ha experimentado años de desconfianza y desencanto. Mientras los líderes de la región ponen a prueba el compromiso de Estados Unidos, Claver-Carone deberá equilibrar la firmeza con la diplomacia para avanzar en los intereses estadounidenses sin alienar a sus socios potenciales. La próxima etapa de su misión en América Latina será observada de cerca, tanto por los aliados de Estados Unidos como por aquellos que se oponen a su influencia. En un contexto global donde los equilibrios de poder están en constante cambio, la figura de Claver-Carone podría ser clave para definir el rumbo de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en los próximos años.