Desmitificando la criminalización de los inmigrantes indocumentados en EE.UU.

Desmitificando la criminalización de los inmigrantes indocumentados en EE.UU.

La política migratoria de EE. UU. genera debate; la presencia indocumentada es una infracción civil, no un delito, desmitificando estigmas.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

La política migratoria de Estados Unidos ha sido un tema candente desde que Donald Trump asumió la presidencia, generando un amplio espectro de opiniones y reacciones tanto a nivel nacional como internacional. La postura del presidente, que ha calificado a los inmigrantes indocumentados como "criminales", ha llevado a un intenso debate sobre la naturaleza de la ilegalidad en el contexto migratorio. Sin embargo, un análisis más profundo de la legislación estadounidense revela que esta afirmación no se sostiene legalmente. La ley estadounidense clasifica la presencia indocumentada en el país como una violación civil, no como un delito penal. En consecuencia, aquellos que se encuentran en Estados Unidos sin la debida autorización no tienen un "récord criminal" por su estatus migratorio. Este malentendido ha sido perpetuado por funcionarios de la administración Trump, como Karoline Leavitt, quien ha sostenido que los arrestos de inmigrantes reflejan un historial delictivo. No obstante, este argumento se desmorona bajo la luz de la ley. Es crucial entender que, aunque la falta de un estatus legal es una infracción civil, existen circunstancias en las cuales las acciones de los inmigrantes pueden ser catalogadas como delitos. Por ejemplo, el cruce de la frontera sin inspección se considera un delito menor, mientras que intentar ingresar nuevamente al país después de haber sido deportado puede ser calificado como un delito grave. Esta distinción es fundamental para comprender por qué muchos inmigrantes indocumentados son percibidos como criminales, aunque su situación legal sea, en la mayoría de los casos, una cuestión administrativa. Durante la última década, el enfoque del gobierno hacia la inmigración ha cambiado drásticamente, intensificándose bajo la administración de Trump. Las medidas implementadas han judicializado agresivamente los casos de personas que, por diversas razones, se encuentran en el país sin la documentación adecuada. Esta estrategia no solo ha aumentado la detención de inmigrantes, sino que también ha llevado a prácticas controvertidas como la separación de familias, un hecho denunciado en reiteradas ocasiones por organizaciones defensoras de derechos humanos. Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump ha emitido órdenes ejecutivas que priorizan la persecución penal de inmigrantes por "entrada indebida" y "presencia sin autorización continuada". Esta política ha permitido que diversas agencias del Departamento de Justicia se involucren en la detención de inmigrantes, amplificando el alcance de las operaciones contra aquellos que solo buscan una mejor calidad de vida. En este contexto, es importante recordar que detrás de las estadísticas y las políticas hay seres humanos que enfrentan situaciones difíciles. Muchas de estas personas vienen a Estados Unidos buscando refugio de la violencia, la pobreza o la persecución en sus países de origen. La deshumanización de los inmigrantes a través del lenguaje que los describe como "criminales" no solo es injusta, sino que también socava la complejidad de las realidades migratorias. El discurso que rodea a los inmigrantes indocumentados ha sido utilizado como una herramienta política, dividiendo a la opinión pública entre aquellos que apoyan políticas más estrictas de inmigración y quienes abogan por un enfoque más compasivo y humano. Sin embargo, la dependencia de un marco legal que califica a millones de personas como criminales por el simple hecho de buscar una vida mejor plantea serias preguntas éticas. La administración actual ha presentado la inmigración como un problema de seguridad nacional, desvirtuando las consideraciones humanitarias y los derechos de las personas implicadas. Esta narrativa ha encontrado eco en una parte de la población que siente que sus intereses están en juego, alimentando un clima de miedo y desconfianza hacia los inmigrantes. Mientras el debate continúa, es vital que los ciudadanos se informen sobre las realidades legales en torno a la inmigración. La confusión que rodea a este tema no solo afecta a aquellos que viven en la sombra del estatus migratorio, sino que también impacta a la sociedad en su conjunto, ya que el diálogo basado en la desinformación puede llevar a políticas que no solo son ineficaces, sino que también son dañinas. Así, la situación de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos es mucho más compleja que la simple etiqueta de criminal. A medida que nos adentramos en un futuro incierto en cuanto a la política migratoria, es fundamental que se escuche la voz de los que viven estas realidades y que se aborde el problema desde un enfoque que contemple tanto los derechos humanos como la seguridad pública. Solo así podremos construir un país que refleje verdaderamente sus ideales de libertad y justicia para todos.

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