
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente decisión del expresidente Donald Trump de restringir la ciudadanía por nacimiento ha generado un clima de incertidumbre y ansiedad en las comunidades de migrantes en Estados Unidos, especialmente entre las mujeres embarazadas que temen por el futuro de sus hijos. La hondureña Meny, que se encuentra en California y que espera su segundo hijo, ha expresado su angustia al decir: "Mi hijo ni siquiera vino al mundo y ya le están violando derechos". Esta declaración resuena con la desesperación que sienten muchos migrantes ante la posibilidad de que su progenie no sea reconocida como ciudadanos estadounidenses, un derecho que ha sido parte fundamental de la Constitución desde su ratificación en 1868. Desde que Trump firmó la orden ejecutiva el 20 de enero, ha surgido un debate intenso sobre la interpretación de la 14ª enmienda, que establece que todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos son ciudadanos del país. Este cambio en la política migratoria busca limitar la ciudadanía a los hijos de padres que sean ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes. Los críticos de esta medida, que incluye a juristas y organizaciones de derechos humanos, argumentan que el expresidente no tiene la autoridad para alterar la ciudadanía con una simple orden ejecutiva, un cambio que solo podría realizarse a través de una enmienda constitucional. El temor de los migrantes como Meny se ve exacerbado por la posibilidad de que sus hijos nacidos en Estados Unidos sean considerados apátridas si se les niega la ciudadanía. La situación se complica aún más para aquellos que provienen de países donde no tienen acceso a consulados, lo que significa que no podrían obtener documentos de identidad para sus hijos, dejándolos sin nacionalidad y, por ende, sin derechos básicos. La abogada Leidy Pérez, que representa a varios de estos casos, recalca que el futuro de estos niños está en juego y que muchas preguntas quedan sin respuesta, como el estatuto legal que tendrían y cómo se les podría negar el acceso a servicios fundamentales como la educación y la salud. El fenómeno del "turismo de natalidad", que se menciona en el debate, se refiere a la supuesta práctica de mujeres indocumentadas que cruzan la frontera para dar a luz y asegurar la ciudadanía de sus hijos. Sin embargo, este argumento ha sido criticado por muchos, quienes sostienen que no representa la realidad de la mayoría de los migrantes, que huyen de situaciones de violencia y precariedad en busca de un futuro mejor. La familia de Trinidad García, quien está esperando un bebé en agosto, también vive con este miedo, cuestionando cómo su hijo podría nacer sin ningún estatus legal si se consuma la medida. El gobierno de Trump ha enfrentado múltiples demandas judiciales por esta orden, con la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y otros grupos luchando para bloquear su implementación. Un juez federal ya ha suspendido temporalmente la orden ejecutiva, catalogándola como "descaradamente inconstitucional". Este desarrollo ha generado un rayo de esperanza entre los migrantes, quienes han encontrado en la lucha legal una vía de resistencia contra las políticas restrictivas del gobierno. En el contexto de la incertidumbre, muchas familias migrantes continúan esperando la resolución de sus solicitudes de asilo. Meny y su familia, que han estado en el país desde 2021, aún aguardan una cita con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS). La situación se vuelve aún más angustiante considerando que el proceso puede tardar años, mientras intentan establecer una vida digna en un país que ahora siente como un campo de batalla legal. La posibilidad de que los hijos de migrantes sean despojados de la ciudadanía genera un clima de ansiedad que se manifiesta en todos los aspectos de la vida diaria. Las mujeres embarazadas viven con el constante temor de que sus bebés enfrenten un futuro incierto. La historia de Niurka, otra demandante que vive en Florida, ilustra esta preocupación, ya que ella y su pareja temen que su hijo, que nacerá en marzo, no tenga los mismos derechos que sus otras hijas. Las consecuencias de esta situación son potencialmente devastadoras en el corto y largo plazo. Si los niños nacen sin ciudadanía, podrían enfrentar la amenaza de la deportación, limitaciones para acceder a servicios básicos y la imposibilidad de participar plenamente en la sociedad estadounidense. Esto no solo afectaría a los individuos, sino que también tendría repercusiones en sus familias y en la comunidad en general. Con la lucha legal en curso, las mujeres migrantes están decididas a pelear por los derechos de sus hijos. Como Meny ha expresado, "Lucharemos el tiempo que sea necesario". Esta determinación pone de relieve la fuerza y la resiliencia de aquellos que se enfrentan a un sistema que parece diseñado para excluirlos. La batalla por la ciudadanía por nacimiento no es solo una cuestión legal, sino una lucha por la dignidad y un futuro digno para sus hijos.