
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Estados Unidos ha decidido suspender una serie de sanciones que planeaba imponer a Colombia, un giro significativo en las relaciones entre ambos países. Este cambio se produjo después de que el gobierno colombiano, encabezado por el presidente Gustavo Petro, accediera a aceptar la política de deportaciones del presidente Donald Trump, quien había ordenado aranceles del 25% a las importaciones colombianas en respuesta a la negativa de Bogotá a permitir el ingreso de vuelos militares con migrantes deportados. La Casa Blanca hizo el anuncio el pasado domingo por la noche, indicando que se había alcanzado un acuerdo que superaba el impasse que había surgido entre Washington y Bogotá. El canciller colombiano, Luis Gilberto Murillo, confirmó esta información en una rueda de prensa, afirmando que su país "seguirá recibiendo a los colombianos que retornen en condición de deportados". Este anuncio marca un cambio notable en la postura oficial de Colombia respecto a las deportaciones, las cuales habían sido rechazadas por el gobierno de Petro debido a preocupaciones sobre el trato a los migrantes. La decisión de Colombia de aceptar los términos de Trump se dio después de que el presidente estadounidense había implementado una serie de sanciones, que incluían restricciones de viaje y la revocatoria inmediata de visas para funcionarios colombianos. En un movimiento de reciprocidad, el presidente Petro había instruido a su cartera de Comercio Exterior a imponer aranceles a productos provenientes de Estados Unidos, aunque hasta el momento no se ha indicado que esta medida haya sido retirada. El canciller Murillo también mencionó que Colombia tiene dispuesto el avión presidencial para viajar a Estados Unidos y transportar a los migrantes que Trump pretendía deportar. Sin embargo, aún no se ha especificado cuántos migrantes estarían a bordo de esos vuelos, lo que deja en el aire la magnitud del impacto de esta decisión en la comunidad colombiana en EE.UU. Este enfrentamiento se convierte en el primer choque significativo entre el gobierno de Petro y la administración Trump, quien asumió la presidencia con un enfoque agresivo hacia la migración irregular. Petro ha defendido su postura, afirmando que "un migrante no es un delincuente" y que debe ser tratado con dignidad, subrayando la importancia de los derechos humanos en el manejo de la migración. Por su parte, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, acusó al gobierno colombiano de haber autorizado inicialmente los vuelos antes de cancelar su autorización, lo que ha generado tensiones adicionales entre ambos países. Estados Unidos había amenazado con medidas más severas si Colombia no cumplía con sus obligaciones de aceptar el retorno de sus ciudadanos. En el contexto de estas tensiones, el gobierno colombiano también ha hecho un llamado a los más de 15,600 estadounidenses que residen sin documentación en el país a que regularicen su situación migratoria. Esta medida muestra la complejidad de las relaciones migratorias entre ambos países y la necesidad de un marco claro para abordar el estatus de los ciudadanos de cada nación en el territorio del otro. Mientras tanto, la situación ha llamado la atención de otros países de la región, que observan cómo las políticas de Trump están afectando a sus ciudadanos. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, expresó su solidaridad con el gobierno colombiano, sugiriendo que ambos países podrían superar las dificultades y trabajar hacia la prosperidad compartida de sus pueblos. Brasil, por su parte, ha manifestado su indignación por el trato a sus ciudadanos deportados, lo que sugiere que las repercusiones de esta política migratoria no se limitan a Colombia. La respuesta de otros países latinoamericanos ha sido variada, con algunos como México planeando abrir refugios para recibir a sus ciudadanos deportados, mientras que Honduras ha anunciado programas de asistencia para deportados. Estas iniciativas reflejan una creciente preocupación en la región sobre el tratamiento de los migrantes y la necesidad de políticas más humanas en el contexto de la migración. En resumen, esta suspensión de sanciones por parte de Estados Unidos y la aceptación de la política de deportaciones por parte de Colombia marcan un momento crítico en las relaciones entre ambos países. A medida que las tensiones continúan, la comunidad internacional observa de cerca cómo evolucionarán estas dinámicas y cuáles serán las verdaderas implicaciones para los migrantes en ambos lados de la frontera.