
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Este lunes 20 de enero, el mundo presenció la ceremonia de juramentación de Donald Trump como el 47 presidente de Estados Unidos. La ocasión, marcada por la llegada de autoridades de la administración saliente y otros dignatarios, se desarrolló en el emblemático Capitolio de Washington. La atmósfera estaba cargada de expectativas, no solo por el regreso de Trump al poder, sino por las promesas audaces que delineó en su discurso inaugural, donde se comprometió a proteger la Constitución y a iniciar lo que él define como una "edad de oro" para el país. En su primera intervención como presidente, Trump se enfocó en varios temas sensibles que han dominado la agenda política estadounidense en los últimos años. Uno de los puntos más destacados fue su intención de lidiar con la crisis migratoria. Anunció la declaración de una emergencia nacional en la frontera sur y el restablecimiento de la controvertida política de "Quédate en México". Esta medida, que busca disuadir la llegada de migrantes indocumentados desde México, ha generado una serie de interrogantes sobre sus implicaciones tanto legales como humanitarias. Los analistas han expresado su preocupación sobre la viabilidad de las propuestas de Trump, dado que el sistema migratorio de EE.UU. ha estado bajo presión durante años y las leyes existentes no han sido actualizadas. María Puerta Riera, especialista en temas migratorios, subrayó la necesidad de una reforma sustancial, argumentando que sin un cambio significativo en la estructura burocrática y el financiamiento, las promesas de deportar a millones de migrantes quedan en el aire. En un giro más agresivo, Trump anunció su decisión de designar a los cárteles de narcotráfico como organizaciones terroristas extranjeras. Esta medida, que parece un intento por abordar el problema del narcotráfico y la violencia asociada, plantea un dilema ante la complejidad de las relaciones internacionales, especialmente con México. Según Riera, esta acción podría forzar al gobierno de Claudia Sheinbaum a actuar en función de las demandas estadounidenses, lo que complica aún más el panorama político en la región. El discurso de Trump no se limitó a la migración y el crimen organizado. También abordó el tema del Canal de Panamá, un punto estratégico en el comercio internacional. Al afirmar que "China está operando el Canal de Panamá y nosotros no se lo dimos a China", dejó entrever su intención de recuperar influencia sobre esta vía, a pesar de que actualmente es administrada por Panamá. La respuesta rápida del presidente panameño, José Raúl Mulino, quien reafirmó la soberanía panameña sobre el canal, sugiere que las declaraciones de Trump podrían generar tensiones diplomáticas. Los analistas han señalado que este tipo de retórica podría ser más que un simple desplante. El experto Francesco Tucci advirtió que para llevar a cabo estos planes, Trump tendría que navegar por un complicado mar de tratados internacionales que limitan la intervención militar y la soberanía de otros países. En el contexto de Venezuela, aunque Trump no mencionó directamente al país en su discurso, los ecos de su política hacia la nación sudamericana resuenan. La presión por el petróleo venezolano y la situación de los migrantes apuntan a que la administración podría adoptar un enfoque más agresivo, especialmente con figuras como Marco Rubio en el gabinete, quien ha abogado por medidas más duras contra el régimen de Nicolás Maduro. Además, Trump hizo hincapié en su compromiso con la industria del petróleo, proclamando que "vamos por el petróleo", lo que indica un giro en la política energética de EE.UU. La intención de declararse en "emergencia energética nacional" y el anuncio de que se retirará del acuerdo climático de París son pasos que sugieren un retroceso en la lucha contra el cambio climático. El discurso de Trump, que abarcó diversos temas como la desigualdad de género y la inversión aeroespacial, proyecta una imagen de un líder decidido a retomar el control y la influencia de EE.UU. en la escena global. Sin embargo, los expertos advierten que la dificultad no radica solo en la ambición de sus propuestas, sino en la capacidad de implementación real de estas medidas en un entorno internacional cada vez más complejo. La figura de Trump sigue polarizando la opinión pública, y su retórica de "América primero" resuena en un contexto donde China se perfila como un competidor formidable. Analistas como Marco Carrasco sugieren que la rivalidad con China podría ser uno de los desafíos más significativos para la administración Trump, dado que la economía y la hegemonía global del país dependen en gran medida de la capacidad de EE.UU. para hacer frente a esta nueva realidad. A medida que se despliega la nueva administración, las promesas de Trump se enfrentan a un escrutinio intenso. Las decisiones que tome en los próximos meses no solo definirán su legado, sino que también tendrán un impacto profundo en la política interna y externa de Estados Unidos, así como en sus relaciones con América Latina y el resto del mundo. La incertidumbre que rodea su gobierno deja abierta la pregunta de cómo se desarrollarán estos eventos en el futuro cercano.