
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente conferencia de prensa de Donald Trump, celebrada el 7 de enero en su residencia de Florida, no solo dejó a la audiencia atónita por sus declaraciones sobre la anexión de territorios y su particular visión sobre los molinos de viento, sino que también marcó el inicio de un enfoque renovado hacia la política de inmigración en Estados Unidos. En el mismo día, la Cámara de Representantes aprobó la Ley Riley Laken, que podría facilitar la deportación de inmigrantes indocumentados por delitos menores, lo que sugiere que la administración entrante tiene la intención de tomar medidas drásticas en este ámbito. La inmigración ha sido un tema candente durante años en la política estadounidense, y los problemas derivados de la misma han generado tanto oportunidades para la reforma como desafíos significativos. Con la llegada de Trump a la presidencia, se prevé que su enfoque sea más agresivo que en su primer mandato, cuando se registraron menos deportaciones que durante la administración de Barack Obama. La retórica incendiaria de Trump, que ya ha comenzado a resonar en su campaña, incluye comentarios que deshumanizan a los inmigrantes, sugiriendo que representan una amenaza para la sociedad estadounidense. Las cifras respaldan la preocupación por la inmigración: el aumento neto de 2.8 millones de inmigrantes en 2023 es el más significativo en más de un siglo. Aunque muchos estadounidenses apoyan la inmigración legal, la percepción negativa crece cuando se trata de aquellos que buscan asilo y terminan viviendo en el limbo de un sistema judicial abarrotado. Esta situación ha creado un caldo de cultivo para que Trump y su administración busquen implementar políticas más restrictivas. La composición del gabinete de Trump deja entrever su intención de llevar a cabo un enfoque drástico. Con figuras como Stephen Miller, conocido por sus posturas antiinmigrantes, y Tom Homan, defensor de la política de separación familiar, el camino hacia la deportación masiva de indocumentados parece estar sobre la mesa. Sin embargo, deportar a una cifra tan elevada como 15 millones de personas no solo es logísticamente inalcanzable, sino que también representaría un golpe severo a la economía estadounidense, que depende en gran medida de la mano de obra inmigrante. A medida que se plantea esta situación, es probable que Trump considere la opción de trasladar la carga de la inmigración a México, presionando al gobierno mexicano para que reciba a aquellos que intenten cruzar la frontera. La disposición de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, a colaborar con Estados Unidos en la aplicación de la ley migratoria podría facilitar este proceso; sin embargo, hay un riesgo inherente en desestabilizar a un país vecino más pobre. Los efectos a largo plazo de estas políticas podrían ser devastadores, no solo para los inmigrantes y sus familias, sino para la cohesión social en Estados Unidos. La historia reciente ha demostrado que políticas tan severas como las que Trump podría proponer generan una reacción adversa en el público, como se evidenció con el aumento del apoyo a la inmigración tras la separación de familias durante su primer mandato. Aun así, Trump podría encontrar un equilibrio al reforzar la frontera y centrarse en la deportación de delincuentes, lo que podría abrir la puerta a un consenso que ha eludido a sus predecesores. La realidad es que, para abordar de manera efectiva la situación migratoria, se debe encontrar una solución que combine el control de la frontera con la posibilidad de regularizar la situación de aquellos inmigrantes que han vivido en Estados Unidos de manera estable. Este enfoque pragmático puede ser lo que Estados Unidos necesita para avanzar en una cuestión que ha sido históricamente divisiva. La creación de un sistema que permita a los inmigrantes indocumentados que cumplen con la ley obtener derechos podría ser la clave para evitar que nuevas oleadas de migrantes busquen entrar al país de manera ilegal. La cooperación entre los partidos será fundamental para encontrar una solución duradera. En un contexto donde la política migratoria sigue siendo un tema candente, Trump tiene la oportunidad de marcar un cambio significativo en su enfoque. El desafío será equilibrar las demandas de una base que espera mano dura con la realidad de un país que, al final del día, necesita a esos inmigrantes para seguir funcionando. La historia nos ha enseñado que la crueldad no es un camino sostenible y que, en lugar de construir muros, es posible construir puentes hacia un futuro compartido.