
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Las abejas, esos pequeños seres que a menudo pasamos por alto en nuestra rutina diaria, juegan un papel crucial no solo en el ecosistema, sino también en la economía global. Su importancia como polinizadores es fundamental para la producción de una gran variedad de alimentos, que van desde frutas y verduras hasta frutos secos. Sin embargo, su supervivencia está amenazada por diversas causas, lo que plantea un problema significativo que podría afectar no solo a la agricultura, sino también al bienestar humano en un sentido más amplio. En un mundo donde el 75% de los alimentos que consumimos dependen de la polinización, la disminución de las poblaciones de abejas y otros insectos polinizadores representa un riesgo inminente. En España, la situación es especialmente preocupante. La agricultura española, que se basa en gran medida en cultivos que requieren polinización, podría enfrentar pérdidas devastadoras. La contribución económica de estos cultivos supera los 2.400 millones de euros anuales, lo que equivale a un 70% del total de la producción agrícola en el país. Esta cifra resalta la interconexión entre la salud de las poblaciones de abejas y la estabilidad económica del sector agrícola. Las causas detrás del declive de las abejas son múltiples y complejas. La agricultura industrial, con su uso intensivo de pesticidas y monocultivos, ha reducido drásticamente la diversidad de las plantas que las abejas necesitan para alimentarse. Además, la fragmentación de sus hábitats naturales debido a la expansión urbana y el cambio climático ha perjudicado su capacidad de sobrevivir y reproducirse. La contaminación del aire y el agua, así como la introducción de enfermedades a través de la globalización, también han contribuido a su deterioro. A pesar de esta sombría realidad, hay iniciativas que buscan revertir esta tendencia. La Comisión Europea, consciente de la importancia de los polinizadores para la agricultura y la comida, ha lanzado un informe que propone una reflexión estratégica sobre el futuro de la agricultura en la UE. Este documento promueve la resiliencia ante amenazas ambientales y económicas, y sugiere medidas para mejorar la gestión de tierras agrícolas y fomentar prácticas de cultivo que sean más amigables con los polinizadores. La protección de las abejas es, por tanto, una cuestión que va más allá de la conservación de una especie. Impacta directamente en la seguridad alimentaria y la economía de países como España. La variedad en la producción agrícola europea es una riqueza cultural y económica que no puede ser ignorada. Con el tiempo, si no actuamos para proteger a estos vitales polinizadores, podríamos ver un empobrecimiento de nuestra dieta y un aumento en los precios de los alimentos, lo que afectaría a todos los consumidores. Es vital entender que las abejas son más que simples obreras en la producción de miel. Son un eslabón crítico en la cadena alimentaria y un indicador de la salud general de nuestros ecosistemas. Sin su labor, muchas plantas no podrían reproducirse, lo que resultaría en un colapso de la biodiversidad y una crisis alimentaria de grandes proporciones. La conciencia sobre este problema ha ido en aumento, y cada vez más personas están tomando medidas para ayudar a las abejas. Desde la creación de jardines amigables con polinizadores hasta el apoyo a la agricultura sostenible, cada pequeño gesto cuenta. La educación también juega un papel fundamental; entender la importancia de las abejas y cómo podemos ayudar a protegerlas es esencial para fomentar un cambio positivo. La situación actual requiere una acción colectiva. Gobiernos, agricultores y ciudadanos deben unirse para crear un entorno en el que las abejas puedan prosperar. Esto implica adoptar prácticas agrícolas sostenibles, reducir el uso de pesticidas y restaurar hábitats naturales. La colaboración es clave, y todos tenemos un papel que desempeñar en la protección de estos insectos esenciales. En conclusión, las abejas son mucho más que obreras. Son guardianas de nuestra seguridad alimentaria y un indicador de la salud de nuestro planeta. Protegerlas debe ser una prioridad, no solo por el bien de la agricultura, sino por el bienestar de la humanidad. La economía española y global depende de su existencia, y es nuestra responsabilidad asegurarnos de que continúen zumbando en nuestros campos y jardines por muchos años más.