Caracas enfrenta un clima de miedo y represión tras elecciones presidenciales controvertidas

Caracas enfrenta un clima de miedo y represión tras elecciones presidenciales controvertidas

Caracas vive un clima de miedo y desconfianza tras elecciones, con represión y protestas que han marcado la vida social y política.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

En las últimas semanas, Caracas ha experimentado un cambio drástico en su ambiente social y político, marcado por la controversia que rodeó las elecciones presidenciales del 28 de julio. Las calles, que durante un tiempo parecieron revivir con un aire de optimismo y cierta normalidad, ahora están impregnadas de miedo y desconfianza. La euforia previa a la elección ha dado paso a una sombría realidad en la que cada rostro en la calle podría ser un potencial espía del régimen, cada sonido de moto un recordatorio del control que ejerce el gobierno. Los días previos a la elección, muchos caraqueños se sintieron esperanzados. La economía mostraba leves signos de recuperación, y la vida nocturna parecía estar floreciendo en ciertos sectores. Sin embargo, esta percepción de normalidad se desvaneció rápidamente. Andrea, una joven comerciante del barrio 23 de Enero, relató cómo el miedo se ha apoderado de su vida cotidiana. Desde la elección, la actividad en su comunidad ha disminuido considerablemente. "Las calles se vacían después de las siete de la noche. La gente ya no se atreve a hablar de política en público", asegura. Un ambiente que antes vibraba con música y risas, ahora está marcado por un silencio inquietante. La represión se hizo evidente poco después de que los resultados electorales fueron anunciados. La oposición, liderada por figuras como Edmundo González y María Corina Machado, disputó abiertamente la victoria de Nicolás Maduro, alegando que su candidato había sido el verdadero ganador, con un 80% de respaldo según sus actas. Las protestas que estallaron en respuesta a lo que muchos consideran un fraude electoral fueron rápidamente sofocadas por fuerzas de seguridad que respondieron con violencia. En un triste reflejo de la situación, al menos 11 personas perdieron la vida y más de mil fueron detenidas. Carlos, un joven del barrio El Calvario, describió momentos aterradores de esa noche. Fue testigo de cómo las fuerzas policiales irrumpieron en casas buscando a manifestantes. "Se llevaron a seis chicos, y de los que quedaron, no sabemos nada. La tensión es palpable; la gente sale solo cuando es necesario", relató. Esta sensación de asfixia se ha extendido por gran parte de la ciudad, donde hasta actividades cotidianas están marcadas por la necesidad de actuar con precaución. La represión gubernamental ha encontrado su camino hacia los barrios más humildes, donde muchos se sienten atrapados en una espiral de miedo. Gonzalo Himiob, abogado y defensor de derechos humanos, destaca la naturaleza indiscriminada de las detenciones. "Las autoridades no solo arrestan a quienes protestan, sino también a aquellos que solo están en el lugar equivocado en el momento equivocado", advierte. Los métodos de control del gobierno han llevado a la creación de una atmósfera en la que incluso la mera posesión de un teléfono móvil puede ser peligrosa, si se encuentra información que pueda incriminar a sus dueños. La opresión ha llevado a muchos a tomar medidas drásticas para protegerse. Andrea comentó que algunos de sus conocidos han comenzado a borrar conversaciones y fotos de sus dispositivos antes de salir, temerosos de represalias. La paranoia se ha filtrado en la vida diaria, afectando incluso las relaciones sociales. "La gente ya no confía en los demás. Se mira con desconfianza y todos tratan de no dar un paso en falso", dice. A medida que la vida comercial intenta reanudar sus actividades, muchas tiendas y restaurantes abren sus puertas con la esperanza de atraer a los pocos clientes que se aventuran a salir. Sin embargo, la afluencia ha disminuido drásticamente, con negocios en el 23 de Enero y Catia, zonas tradicionalmente vibrantes, que luchan por sobrevivir bajo la presión de los colectivos y la extorsión. "El que no trabaja no come, pero la venta ha bajado", lamenta un comerciante. En las zonas de clase media, aunque la vida puede parecer más tranquila, el miedo persiste. Valentina, ingeniera de Bello Campo, comparte su experiencia tras asistir a una protesta: "Fue aterrador. Nunca pensé que podría vivir algo así en mi propia ciudad". La sensación de inseguridad ha hecho que muchos eviten salir, y esto afecta la dinámica de la comunidad. A pesar de la represión y el miedo que ha envuelto a Caracas desde las elecciones, algunos se aferran a la esperanza. "La vida continúa", dicen algunos comerciantes, intentando reactivar la economía local. Sin embargo, la incertidumbre y el temor a lo que pueda venir mantienen a muchos en un estado de alerta constante. La ciudad, que una vez mostró signos de una vida vibrante y alegre, ahora se enfrenta a una nueva realidad donde el miedo gobierna. Es difícil predecir cómo evolucionará esta situación en el futuro cercano. La polarización política y la represión continúan marcando la pauta en Caracas, mientras los ciudadanos lidian con la angustia de vivir en un entorno donde cada palabra y cada acción pueden tener consecuencias severas. La búsqueda de un cambio sigue latente entre la población, pero la sombra del miedo se cierne sobre cada movimiento, limitando la capacidad de los venezolanxs para soñar con un futuro más esperanzador.

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