
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Los inversores en oro parecen estar más enfocados en las promesas de rentabilidad que en los riesgos inherentes a su elección. Mientras que otros activos han mostrado un rendimiento superior en los últimos tiempos, el oro se mantiene como refugio seguro en medio de la incertidumbre geopolítica, la inflación creciente y la presión de los tipos de interés más bajos. Con el precio del metal precioso superando los 3.000 dólares por onza troy, es evidente que su atractivo no ha disminuido, incluso en un panorama financiero volátil. Históricamente, el oro ha sido un refugio en momentos de crisis. Desde su ascenso durante la crisis financiera de 2008, cuando superó los 1.000 dólares, hasta su reciente récord en tiempos de pandemia, el metal ha demostrado ser un amortiguador efectivo. Este patrón parece continuar, dado que los analistas prevén que los precios del oro seguirán aumentando. Goldman Sachs, por ejemplo, ha ajustado sus previsiones a 3.100 dólares para finales de este año, reflejando una creciente confianza en la estabilidad del oro frente a las fluctuaciones del mercado. El contexto actual está marcado por un clima político y económico incierto. La retórica agresiva del gobierno estadounidense, combinada con políticas comerciales cuestionables, ha creado un ambiente propicio para el incremento en la demanda de oro. Desde las elecciones de noviembre, las reservas de oro del país han más que duplicado, lo que indica un movimiento significativo hacia la protección de activos en tiempos de inestabilidad. La dinámica de la inversión en oro ha cambiado, y la actividad de compra está evolucionando. Mientras que el año pasado los inversores individuales superaron a los bancos centrales en la compra de oro, este año hemos visto un cambio en la tendencia, con un notable aumento en las compras de los bancos centrales. Más de 1.000 toneladas fueron adquiridas en cada uno de los últimos tres años, y los países en desarrollo están diversificando sus reservas para reducir su dependencia del dólar estadounidense. Además, el resurgimiento de los fondos cotizados respaldados físicamente por oro es un fenómeno digno de mención. Tras tres años de salidas, estos fondos han atraído 9.400 millones de dólares en el último mes, lo que indica un renovado interés por parte de los inversores institucionales. Este cambio puede ser un indicativo de una estrategia más amplia de cobertura contra la volatilidad del mercado. La reciente introducción de un proyecto piloto en China, que permite a las aseguradoras comprar oro, también podría abrir nuevas oportunidades para el mercado. Si se aprueban las propuestas fiscales en Estados Unidos que podrían redirigir inversiones hacia el oro, podríamos estar ante un cambio de juego en la forma en que los grandes fondos gestionan sus activos. El atractivo del oro radica, en gran parte, en su capacidad para proporcionar seguridad en tiempos de crisis. Aunque algunos críticos argumentan que el oro no genera flujos de caja como otras inversiones, los rendimientos históricos del metal, con un promedio del 8% anual desde 1971, hablan por sí mismos. La tendencia sugiere que, a largo plazo, el oro ha mantenido su valor de forma más efectiva que muchas otras clases de activos. Sin embargo, el camino del oro no está exento de riesgos. La posibilidad de que el futuro sea menos incierto de lo que se prevé plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del interés en el oro. A pesar de ello, la inestabilidad geopolítica y económica parece asegurarse de que la demanda por activos refugio como el oro siga siendo alta. Los inversores en oro, aunque nerviosos, parecen respaldados por la historia. La capacidad del metal para resistir crisis y proporcionar un refugio seguro en tiempos de turbulencia no debe subestimarse. A medida que la situación global continúa evolucionando, el oro podría seguir siendo un faro de estabilidad que ilumina el camino en tiempos de incertidumbre.