
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El horario de verano, un fenómeno que implica cambiar la hora de los relojes dos veces al año, es un tema que despierta tanto interés como controversia. En Estados Unidos, el cambio se lleva a cabo el segundo domingo de marzo y el primer domingo de noviembre. En 2025, esto significa que los relojes se adelantarán el 9 de marzo y se atrasarán el 2 de noviembre. Este ritual de ajustar el horario tiene su origen en las estrategias de ahorro energético y eficiencia, aunque su implementación y consecuencias han sido objeto de debate durante más de un siglo. El horario de verano fue concebido con la idea de maximizar la luz solar durante las horas de actividad, aprovechando el día. Se atribuye a Benjamin Franklin ser el primero en proponer la idea a fines del siglo XVIII, aunque fue en el contexto de la Revolución Industrial y sus complicaciones logísticas donde esta política comenzó a tomar forma. Durante el siglo XIX, el caos creado por la falta de horarios estandarizados afectó especialmente a las compañías ferroviarias, que se vieron obligadas a encontrar una solución que facilitara la coordinación de horarios a lo largo de su red. A pesar de su implementación inicial, el horario de verano no ha estado exento de críticas. Para muchos, es una molestia que altera la rutina diaria, en especial para los padres que deben lidiar con el nuevo horario del sueño de sus hijos. Además, hay quienes argumentan que, lejos de ahorrar energía, el cambio de horario podría incluso incrementar el consumo eléctrico, como lo sugieren algunos estudios. A pesar de ello, sectores como el comercio y el entretenimiento defienden su existencia, argumentando que más luz al final del día promueve el gasto y la actividad económica. Los detractores del horario de verano han encontrado eco en varios legisladores, quienes se han manifestado a favor de su abolición. En marzo de 2022, el Senado aprobó un proyecto de ley que buscaba eliminar el cambio estacional de hora, haciéndolo permanente. Sin embargo, este proyecto no logró avanzar en la Cámara de Representantes, lo que refleja las divisiones en torno al asunto. Recientemente, el senador Rick Scott ha vuelto a presentar la propuesta, argumentando que el cambio de hora es un tema de sentido común para las familias estadounidenses. La situación en México es un reflejo de este debate. Mientras que en el país vecino se ha eliminado el horario de verano en la mayor parte de su territorio, la zona fronteriza con Estados Unidos sigue aplicando el cambio de horario, lo que crea una discrepancia que afecta a las comunidades locales. Esta decisión se enmarca en una tendencia más amplia, donde países como China, India, y Rusia han optado por no adoptar el horario de verano, al igual que varias regiones y territorios dentro de Estados Unidos. El cambio de horario ha suscitado también preocupaciones sobre su impacto en la salud pública. La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño ha lanzado advertencias sobre los riesgos asociados al cambio de horario, sugiriendo que este podría contribuir a un aumento en incidentes cardiovasculares y accidentes de tráfico. El desajuste temporal que provoca el cambio de hora afecta el reloj biológico de las personas, complicando su adaptación y, en algunos casos, exacerbando problemas de salud. Ante esta amalgama de opiniones y efectos, la discusión sobre el futuro del horario de verano continúa siendo relevante. Muchas personas se sienten frustradas por la necesidad de ajustar sus relojes cada seis meses, y un creciente número de voces pide una solución definitiva. La administración actual del presidente Trump ha expresado su apoyo a la abolición del horario de verano, lo que añade un nuevo elemento a la ya compleja dinámica legislativa en torno a esta cuestión. Mientras tanto, la tradición de cambiar la hora persiste, y con ella, las preguntas sobre su verdadera efectividad y necesidad. Las compañías que se benefician del horario de verano seguirán defendiendo su existencia, mientras que aquellos que abogan por su eliminación continuarán buscando apoyo en el Congreso. En este contexto, la decisión de si continuar con esta práctica o abandonarla dependerá de las fuerzas políticas, económicas y sociales que se manifiesten en el futuro cercano. Por lo tanto, el debate sobre el horario de verano no es solo una cuestión de tiempo en los relojes, sino un reflejo de cómo nuestras sociedades valoran la luz, la energía y, en última instancia, la calidad de vida. A medida que el mundo avanza, la necesidad de reevaluar viejas costumbres se vuelve más evidente, y el horario de verano se encuentra en el centro de esta reflexión colectiva.