
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Friedrich Merz ha tomado las riendas de la política alemana con una rapidez que ha sorprendido a muchos. Después de que su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), lograra el primer lugar en las elecciones recientes, Merz se ha posicionado como el canciller en espera, instando al país a una acción inmediata frente a los retos que se ciernen sobre Alemania. Sin embargo, detrás de su llamado a la acción se asoma una imagen más compleja y preocupante sobre su liderazgo y visión para el futuro del país. La urgencia que Merz ha expresado no está infundada. Alemania se enfrenta a una serie de desafíos que van desde la turbulenta situación económica hasta el creciente apoyo a partidos de extrema derecha, como Alternativa para Alemania (AfD), que ha alcanzado un 20% de los votos en las últimas elecciones. Este fenómeno no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial y plantea una amenaza real a los principios democráticos que han regido el país durante décadas. Merz, sin embargo, parece estar más centrado en regresar a un pasado idealizado que en abordar las nuevas realidades. Su enfoque incluye propuestas económicas que favorecen a los ricos y recortes en el bienestar social, lo que ha generado críticas sobre su capacidad para liderar en un momento que requiere un cambio radical. En lugar de ofrecer una visión innovadora, Merz parece estar jugando a la defensiva, evadiendo la necesidad de adaptarse a un mundo en constante evolución y a las demandas de una ciudadanía cansada de la inacción. Merz, con una trayectoria política que se remonta a sus años como miembro del Parlamento Europeo, ha mostrado una tendencia a promover una cultura de exclusión, encapsulada en su concepto de "Leitkultur", que impone normas culturales a los inmigrantes. Esta estrategia, que busca reafirmar una identidad nacional, ha sido objeto de críticas por su falta de consideración hacia la diversidad que caracteriza a la Alemania moderna. A lo largo de su carrera, Merz ha tenido enfrentamientos notorios con grupos minoritarios, acumulando un historial de comentarios despectivos que han suscitado la indignación pública. Su retórica, a menudo incendiaria, parece alinearse más con los intereses de la ultraderecha que con el futuro inclusivo que muchos alemanes desean. Este enfoque ha llevado a preguntas sobre su capacidad para gobernar de manera efectiva y unificada. Una de sus decisiones más controvertidas fue el apoyo a medidas estrictas contra la migración tras un ataque violento en Baviera, que involucró a un solicitante de asilo. Al aliarse con la AfD para impulsar esta legislación, Merz no solo rompió promesas previas, sino que también cruzó una línea que había permanecido intacta desde el final de la Segunda Guerra Mundial: la colaboración con el extremismo. A pesar de estas acciones cuestionables, Merz se ha presentado como un defensor de los valores democráticos europeos frente a las amenazas autoritarias globales. Su retórica sobre la importancia de la Unión Europea y la OTAN es un intento de consolidar su imagen como un líder firme en el ámbito internacional. Sin embargo, sus propuestas económicas, que se asemejan a las reformas de Gerhard Schröder, parecen obsoletas en un contexto donde las dinámicas del mercado han cambiado drásticamente. El desafío que enfrenta Alemania en términos de competitividad económica requiere más que un regreso a las políticas del pasado. Merz podría considerar una reorientación hacia las energías renovables y la inversión en infraestructura, áreas que son vitales para el futuro del país. Sin embargo, su compromiso con el freno a la deuda y su negativa a implementar impuestos a las grandes fortunas limitan severamente su capacidad para estimular el crecimiento económico. Además, su intención de deshacer las reformas sociales moderadas y de endurecer las políticas migratorias refleja un deseo de retroceder en lugar de avanzar hacia un futuro inclusivo. Si bien puede buscar alianzas con los socialdemócratas, la pregunta persiste: ¿hasta qué punto se permitirá que desafíen su agenda retrógrada? En última instancia, Merz representa un dilema central del conservadurismo contemporáneo: la lucha entre un deseo de restaurar un orden social que ya no existe y la urgencia de adoptar reformas progresistas que puedan brindar soluciones efectivas. A pesar de su slogan de campaña, "adelante de nuevo", parece que con Merz, Alemania está condenada a mirar hacia atrás, en lugar de avanzar hacia un futuro que responda a las necesidades cambiantes de su población.