Inédito alineamiento entre Estados Unidos y Rusia transforma la política exterior global

Inédito alineamiento entre Estados Unidos y Rusia transforma la política exterior global

La política exterior de EE. UU. bajo Trump muestra un inesperado alineamiento con Rusia, generando tanto oportunidades como desafíos internacionales.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

El reciente giro en la política exterior de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump ha llevado a una sorprendente alineación de intereses con Rusia, algo que hace unos meses pareciera inimaginable. Durante una entrevista en el canal estatal Rossiya-1, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, celebró este cambio, indicando que las nuevas configuraciones políticas estadounidenses resuenan con la visión de Moscú. "Este nuevo gobierno está cambiando rápidamente todas las configuraciones de política exterior. Esto coincide mayormente con nuestra visión", afirmó Peskov, evidenciando una convergencia que podría tener repercusiones significativas en el escenario internacional. Peskov destacó que, a pesar de los avances, persisten desafíos en la reconstrucción de las relaciones bilaterales, dañadas durante años de tensiones. Sin embargo, mostró optimismo al afirmar que si hay voluntad política de ambos líderes, el presidente Putin y el presidente Trump, el proceso de mejora puede ser ágil y exitoso. Esta declaración sugiere que Moscú ve en Washington una oportunidad para fortalecer lazos y modificar el rumbo de su relación, que ha estado marcada por la desconfianza. Uno de los ejemplos más palpables de esta nueva sintonía se observó en las recientes votaciones en la ONU, donde Estados Unidos y Rusia coincidieron en su postura sobre la guerra en Ucrania. Washington, al presentar una resolución ante el Consejo de Seguridad, adoptó una posición neutral, omitiendo culpar a Rusia y pidiendo un fin inmediato al conflicto. Esta postura fue rechazada por los países europeos, que intentaron reafirmar la integridad territorial de Ucrania y señalar la responsabilidad rusa en la guerra. El resultado fue la aprobación de la resolución estadounidense con diez votos favorables, incluyendo el de Rusia, y la abstención de varios miembros europeos. Este hecho se presenta como un indicativo de la nueva dinámica en las relaciones entre ambos países, en la que las opiniones coinciden en foros internacionales, algo que era impensable en el contexto de los últimos años de tensiones diplomáticas. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, también se pronunció sobre este cambio, elogiando el enfoque pragmático de Trump, que, según él, implica un sentido común en la manera de abordar conflictos internacionales. Lavrov destacó que este cambio en la diplomacia estadounidense podría facilitar un nuevo enfoque hacia la guerra en Ucrania, sugiriendo que una mayor cooperación podría ser posible si se mantienen estos principios. Trump, durante su campaña, expresó su intención de poner fin al conflicto en Ucrania, aunque no ofreció detalles sobre cómo lo lograría. En las semanas posteriores a su regreso a la Casa Blanca, se han reabierto canales de comunicación con Rusia, destacando una conversación telefónica "larga y productiva" entre Trump y Putin, así como reuniones entre delegaciones de ambos países en Arabia Saudita. Estos encuentros sugieren un deseo de diálogo y resolución, en contraposición a las décadas de fricción que caracterizaron la relación. Uno de los puntos más discutidos es la postura de Trump sobre Ucrania. El presidente estadounidense ha señalado que desea una neutralidad en el conflicto, lo que ha llevado a la disminución del respaldo a Ucrania frente a la agresión rusa. Esta percepción es alarmante para muchos, que ven en esta estrategia una falta de compromiso con los principios de soberanía y autodeterminación que han guiado la política internacional en los últimos años. Adicionalmente, el gobierno de Trump ha dejado claro que no apoya la integración de Ucrania en la OTAN, ni considera realista la idea de que Rusia devuelva los territorios ocupados. Esta posición podría tener consecuencias a largo plazo para la arquitectura de seguridad en Europa y para la estabilidad de la región. La falta de un compromiso firme por parte de Estados Unidos podría empoderar a Rusia en su búsqueda de consolidar el control sobre las áreas en conflicto. Este sorprendente cambio en la política exterior estadounidense está generando un amplio debate en los círculos internacionales sobre las implicaciones de una posible "alianza" entre Washington y Moscú. Mientras algunos ven una oportunidad para la paz, otros advierten sobre los peligros de normalizar relaciones con un país que continúa violando principios fundamentales del derecho internacional. En conclusión, el cambio drástico en la política exterior de Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, ha logrado crear un inédito alineamiento con Rusia. Este fenómeno, que plantea desafíos y oportunidades, será objeto de atención en el ámbito internacional en los próximos meses, ya que las decisiones tomadas por ambos gobiernos podrían reconfigurar el equilibrio geopolítico en el mundo. La comunidad internacional observa con cautela los pasos futuros de esta nueva era diplomática.

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