Gobierno vs. Negocios: Por qué las estrategias corporativas no pueden resolver los desafíos del sector público.

Gobierno vs. Negocios: Por qué las estrategias corporativas no pueden resolver los desafíos del sector público.

El debate sobre la aplicación de la eficiencia corporativa al gobierno resalta diferencias clave en los objetivos, enfatizando la necesidad de una gobernanza centrada en el bienestar público.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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Política

El debate en curso sobre la gestión del gobierno y su relación con los negocios ha ganado nueva atención, particularmente con declaraciones de figuras influyentes que sugieren que los principios de eficiencia corporativa podrían aplicarse al sector público. Sin embargo, varios corresponsales han señalado diferencias fundamentales entre dirigir un negocio y dirigir un gobierno que merecen un análisis más profundo. En el corazón del problema se encuentra el contraste en los objetivos. Como señala acertadamente Risa Mandell, mientras que las empresas se centran principalmente en generar ganancias, el mandato del gobierno es servir al bien público. Esta distinción moldea la naturaleza de sus operaciones y los tipos de proyectos que emprenden. John Martin amplía esto al destacar que el gobierno a menudo participa en iniciativas que carecen de incentivos económicos inmediatos, como la preparación ante desastres y la investigación científica, áreas que las empresas privadas evitan en gran medida. Esta necesidad de la participación gubernamental en sectores críticos para el bienestar social subraya los peligros de tratar la gobernanza como una mera extensión de las prácticas empresariales. Además, el argumento de que la experiencia de líderes empresariales exitosos puede traducirse sin problemas en operaciones gubernamentales es defectuoso, como señala Bruce Cost. Él desafía la noción de que Elon Musk u otros pueden simplemente resolver las ineficiencias del gobierno aplicando su perspicacia empresarial. En cambio, argumenta que las empresas de Musk, como SpaceX y Tesla, a menudo dependen de contratos y apoyo gubernamental para abordar desafíos que son intrínsecamente más complejos que las operaciones comerciales típicas. Brian Griffith añade otra capa a esta discusión al abordar la inconsistencia de aquellos que abogan por operaciones gubernamentales similares a las de los negocios. Observa que, aunque los defensores argumentan a favor de la eficiencia y la rendición de cuentas, a menudo resisten las inversiones necesarias en servicios públicos, como el IRS y programas educativos como Head Start. Esta inconsistencia revela una comprensión más profunda de lo que implica una gobernanza efectiva: la priorización del beneficio colectivo sobre los márgenes de ganancia. Bruce Balfe enfatiza aún más el peligro de simplificar la relación entre los negocios y el gobierno. Advierte contra la aplicación de metodologías de un ámbito a otro sin considerar sus distintos propósitos y complejidades operativas. Así como un fontanero y un urólogo manejan problemas de flujo, pero en contextos muy diferentes, también debemos reconocer los requisitos únicos de la administración pública en comparación con la gestión empresarial. En un comentario separado pero relacionado, Michele Neitz propone el establecimiento de un Tribunal Federal de Tecnología especializado para manejar el aumento de casos legales relacionados con la tecnología. Esta sugerencia destaca la creciente complejidad de los problemas contemporáneos que requieren jueces con experiencia específica. La necesidad de conocimiento especializado en la gobernanza se vuelve aún más clara en el contexto de las tecnologías emergentes, lo que indica que debemos fomentar un entorno donde el servicio público pueda adaptarse y evolucionar. Finalmente, las observaciones de Joshua P. Hill sobre el estado de la democracia estadounidense señalan un llamado urgente a una forma más robusta de liberalismo que aborde las necesidades de los individuos de clase trabajadora y contrarreste el auge del autoritarismo. Esta perspectiva se alinea con el argumento de que el gobierno debería priorizar el amplio bienestar social sobre los motivos centrados en las ganancias. En resumen, el diálogo en torno a la intersección de las prácticas empresariales y las operaciones gubernamentales revela malentendidos críticos sobre las diferencias inherentes entre ambos. A medida que la sociedad lidia con estas complejidades, se vuelve cada vez más vital mantener e invertir en los principios de gobernanza que priorizan el bien común, en lugar de simplemente adoptar estrategias corporativas que pueden no satisfacer las diversas necesidades del público.

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