
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




En el contexto del siglo XVIII, la obra de Jean-Jacques Rousseau, particularmente su "Contrato Social", emerge como una crítica audaz y fundamental a las bases del absolutismo monárquico. En una época donde el poder se concentraba en figuras autoritarias que proclamaban su derecho divino a gobernar, Rousseau propone un cambio radical en la concepción de la soberanía. Su argumento central sostiene que la verdadera autoridad emana de la voluntad general del pueblo, y no de la fuerza o la tradición. La figura del rey absoluto, representada por Luis XIV, quien afirmaba "El Estado soy yo", se convierte en el blanco de las reflexiones rousseaunianas. Rousseau plantea que la legitimidad del poder no puede basarse en la fuerza, sino en un pacto social entre los ciudadanos que garantice sus derechos y libertades. En esta nueva visión, el Estado se convierte en un "cuerpo moral" donde cada individuo, al ceder parte de su libertad natural, participa en la creación de un bien común que trasciende los intereses particulares. A través de su crítica, Rousseau se posiciona como la "Casandra de la Ilustración", advirtiendo sobre las contradicciones del progreso y la razón que otros pensadores celebraban sin cuestionar. Su enfoque, que integra la emoción y el sentimiento en la política, contrasta con el racionalismo de figuras como Voltaire, lo que lo convierte en un precursor del Romanticismo. Rousseau considera que el gobierno debe ser un reflejo de virtudes cívicas, y no simplemente un mecanismo de control. Una de las aportaciones más significativas de Rousseau es el concepto de la voluntad general, que se convierte en el fundamento del Estado legítimo. Esta idea implica que el poder debe ser ejercido en función del bien común, y que los ciudadanos tienen el derecho no solo de elegir a sus gobernantes, sino también de revocar su mandato si estos se desvían de su deber. Rousseau introduce así la noción de un poder que, aunque delegado, permanece sujeto a la voluntad del pueblo, estableciendo una relación dinámica entre gobernante y gobernados. Sin embargo, el aspecto más controvertido de su pensamiento es la justificación de la coerción estatal. Rousseau argumenta que cuando un individuo se opone a la voluntad general, "se le forzará a ser libre". Este planteamiento ha sido objeto de intensos debates, ya que plantea la difícil cuestión de la libertad individual frente al imperativo colectivo. La tensión entre el derecho a la libertad y la necesidad de mantener el orden social es un dilema que continúa presente en la discusión política contemporánea. La obra de Rousseau también establece un puente con el pensamiento de Max Weber, quien, un siglo más tarde, analiza la dominación legítima y la naturaleza del poder. Weber introduce conceptos como Macht y Herrschaft, diferenciando entre el poder coercitivo y la autoridad legitimada. La visión weberiana complementa a Rousseau al ofrecer un marco para entender cómo se establece la obediencia en las relaciones de dominación y cómo la legitimidad se construye a través de creencias en el orden establecido. La crítica de Rousseau al despotismo se enmarca en una visión más amplia de la libertad humana. Para él, la enajenación de la libertad es una traición a la naturaleza humana misma. En este sentido, su obra se convierte en un llamado a la reflexión sobre los límites del poder y la necesidad de una democracia activa, donde los ciudadanos sean no solo sujetos pasivos, sino protagonistas de su propia historia. Rousseau sostiene que la libertad no puede ser sacrificada en nombre de la seguridad, y que cualquier gobierno que pretenda hacerlo es, en esencia, una forma de tiranía. A través de sus reflexiones, Rousseau también vislumbra el futuro de la democracia moderna, planteando la necesidad de un equilibrio entre la participación popular y la estabilidad del Estado. Si bien aboga por la igualdad y la no enajenación de la libertad, también reconoce que una democracia sin límites puede degenerar en caos. Por ello, su crítica a la "oclocracia" muestra una preocupación por la sostenibilidad de la libertad en un contexto donde los intereses individuales puedan prevalecer sobre el bien común. En la actualidad, las ideas de Rousseau resuenan en los movimientos sociales y en las discusiones sobre la legitimidad del poder político. Su pensamiento invita a cuestionar la autoridad y a reflexionar sobre el papel del ciudadano en la construcción de una sociedad más justa. El legado de Rousseau nos recuerda que la lucha por la libertad y la justicia es un camino complejo, donde la razón y la emoción deben coexistir para forjar una verdadera democracia. Así, la obra de Rousseau se convierte en un faro para aquellos que buscan desafiar la opresión y construir un futuro donde la soberanía resida en el pueblo y no en los poderes despóticos. Su advertencia de que "ni tiranos ni déspotas son tolerados", resuena con la urgencia de un pensamiento crítico que sigue siendo necesario en la búsqueda de una sociedad más equitativa y libre.