
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El 9 de marzo de 2025, una manifestación en Katmandú vio el regreso de Gyanendra, el último rey de Nepal, quien fue destronado en 2008, lo que provocó nuevas discusiones sobre el lugar de la monarquía en el panorama político del país. Este evento, que atrajo a un estimado de 10,000 a 15,000 personas, alteró a políticos y al público en general, ya que despertó una compleja red de sentimientos sobre la efectividad de la república que ha gobernado Nepal desde el final de la monarquía. El trasfondo de esta manifestación está impregnado de historia. El viaje de Nepal hacia la democracia comenzó en 1951 con el regreso del rey Tribhuvan del exilio, un momento que está grabado para siempre en la memoria colectiva de la nación. Avancemos hasta 2025, donde el mismo aeropuerto—Tribhuvan Internacional—sirvió como escenario para la reaparición de Gyanendra. A diferencia del pasado, donde la multitud se manifestaba a favor de la democracia, esta reciente reunión resonó con llamados a la reinstauración de la monarquía. Muchos asistentes expresaron su desilusión con el actual liderazgo republicano, citando fallas en la gobernanza y la falta de oportunidades laborales como quejas clave. "La política se volvió demasiado centrada en el líder," comentó Sanjeev Uprety, profesor y escritor. Señaló que, aunque los asistentes a la manifestación pueden no identificarse todos como monárquicos, estaban unidos en su frustración hacia los líderes políticos actuales que sienten que no han cumplido con sus promesas. Este sentimiento fue compartido por un grupo de jóvenes participantes que articulaban su deseo de oportunidades educativas y laborales en lugar de un regreso al gobierno monárquico. "Quiero buenas universidades para estudiar, trabajos... No quiero ser etiquetado como alguien vinculado a ningún partido político. ¿No puedo ser solo un nepalí?" comentó un joven asistente a la manifestación. El panorama democrático de Nepal ha sido tumultuoso. Desde la imposición de un sistema unitario por parte del rey Mahendra en 1960 hasta la breve restauración de una monarquía constitucional a principios de la década de 1990, la nación ha visto su buena parte de agitación política. La naturaleza de puerta giratoria de su liderazgo ha resultado en un descontento generalizado. Desde que se abolió la monarquía, ha habido 13 gobiernos diferentes, lo que ilustra la inestabilidad que ha plagado a la república. Sin embargo, mientras algunos pueden ver la manifestación como un faro para los sentimientos monárquicos, analistas como Dambar Khatiwada advierten contra una interpretación demasiado profunda de sus implicaciones. "La historia de la monarquía fue larga antes de que fuera abolida, por lo que sus vestigios permanecerán," señaló. El debate actual es menos sobre querer regresar al pasado y más sobre un grito colectivo contra la ineptitud política. Agregando otra capa de complejidad, la sombra de la influencia de India es grande. Los lazos históricos y el apoyo político contemporáneo han llevado a sospechas sobre el respaldo indio a la monarquía, particularmente resaltado por la aparición de un cartel con Yogi Adityanath, el Ministro Principal de Uttar Pradesh, en la manifestación. Las reacciones políticas fueron rápidas, con muchos líderes de diversos sectores expresando preocupación por la manifestación, no necesariamente porque teman un resurgimiento de la monarquía, sino más bien debido al recordatorio contundente de sus propios fracasos. Los líderes están ahora a la defensiva, enfrentados a una población que se muestra impaciente ante el progreso estancado y la corrupción rampante. Dentro de este contexto, el Partido Rastriya Prajatantra, que tiene vínculos tanto con la monarquía como con el régimen anterior, organizó la manifestación con el objetivo de abogar por una monarquía constitucional. Argumentan que tal sistema podría proporcionar controles y equilibrios democráticos. Sin embargo, los críticos consideran que esta noción es poco práctica, especialmente dado el contexto histórico del reinado de Gyanendra, que incluyó severas restricciones a las libertades políticas. A medida que las discusiones continúan, se vuelve cada vez más claro que, aunque puede haber nostalgia por la monarquía entre algunos, la mayoría de los nepalíes está buscando soluciones en lugar de una regresión a una era pasada. El llamado a la introspección entre los líderes políticos se hace más fuerte, con analistas sugiriendo que, en lugar de un retorno a la monarquía, lo que realmente se necesita es un compromiso sólido para fortalecer las estructuras democráticas ya existentes. En última instancia, la manifestación del 9 de marzo sirvió tanto como un recordatorio del pasado como un reflejo del descontento presente, ilustrando la lucha continua por una gobernanza efectiva en Nepal. A medida que el país enfrenta estos desafíos, el futuro sigue siendo incierto, pero el deseo de un cambio significativo es innegable.