Eugenia de Beer: la grabadora que formó al infante Baltasar Carlos en la corte española

Eugenia de Beer: la grabadora que formó al infante Baltasar Carlos en la corte española

María Eugenia de Beer, grabadora del siglo XVII, influenció la educación del infante Baltasar Carlos, reflejando la lucha de las mujeres en el arte.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

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En la historia del arte y la cultura españolas, hay figuras que, aunque no se les haya concedido el brillo de un rostro conocido, han tenido un impacto significativo en su contexto. Una de estas figuras es María Eugenia de Beer, una grabadora cuyas obras se entrelazan con la historia dinástica de España en el siglo XVII. Su trabajo sirvió para instruir al infante Baltasar Carlos, quien, a su corta edad, llevaba sobre sus hombros el peso de la continuidad de la monarquía española. Baltasar Carlos, el único hijo sobreviviente de Felipe IV e Isabel de Borbón, fue visto como la esperanza de una dinastía que había sufrido profundas pérdidas. Conocido por su retrato ecuestre realizado por Diego Velázquez, el joven infante simbolizaba el futuro de una monarquía que aún dominaba un vasto imperio. El cuadro, que captura la majestuosidad y la luz de una época dorada, se ha convertido en una de las obras más emblemáticas del Museo del Prado. Sin embargo, detrás de este retrato se encuentra la figura de Eugenia de Beer, responsable de dotar al joven príncipe de las habilidades necesarias para cumplir con su destino real. Eugenia, nacida en el seno de una familia de artistas, aprendió el oficio de grabadora bajo la tutela de su padre, Cornelio de Beer. Aunque su fecha de nacimiento no está documentada, se estima que pudo haber venido al mundo alrededor de 1622. A temprana edad, su talento emergió, y a los 15 años ya comenzaba a dejar su huella en el mundo del arte con su cuaderno de aves, que servía de guía para el aprendizaje del príncipe en la monta a caballo. En una época en que la educación de los herederos reales incluía la caza y el manejo de armas, la monta a caballo ocupaba un lugar primordial. La técnica de “a jineta”, que requería destreza y precisión, era esencial para un futuro monarca. Así, las obras de Eugenia se convirtieron en herramientas fundamentales en la formación del infante Baltasar Carlos. Su cuaderno de ejercicios de la gineta, por ejemplo, es un testimonio del enfoque pedagógico que la grabadora aplicó, combinando arte y enseñanza para preparar al joven príncipe en su inevitable rol como rey. Sin embargo, la vida de Baltasar Carlos estuvo marcada por la tragedia. A medida que crecía, también lo hacía la presión sobre sus frágiles hombros. La muerte de su madre, Isabel de Borbón, dejó un vacío que nunca se pudo llenar, y las esperanzas para la continuidad dinástica parecían cada vez más inalcanzables. La historia de Eugenia de Beer, aunque brillante en su carrera, también refleja las dificultades de ser mujer en una época dominada por hombres, y su legado ha permanecido en la sombra, eclipsado por figuras más prominentes de su tiempo. A pesar de su corta carrera, Eugenia dejó un impacto duradero en la corte española. Se convirtió en la primera grabadora reconocida del siglo XVII y su trabajo se firmaba con orgullo, estableciendo un precedente para futuras artistas. Sus retratos de figuras de la corte y sus contribuciones a la iconografía de la época son un testimonio del talento que poseía, aunque su vida personal estuvo marcada por el matrimonio y la posterior mudanza a Francia, lo que limitó su producción artística. La muerte prematura de Baltasar Carlos en 1646, a los 17 años, figura como un capítulo sombrío en la historia de la monarquía española. Su fallecimiento dejó a Felipe IV enfrentando una nueva pérdida, una tragedia que se suma a las numerosas que caracterizaron su reinado. La figura de Eugenia de Beer se convierte entonces en una representación de las esperanzas que se desvanecieron, un eco de lo que pudo haber sido una era de esplendor. La historia de Eugenia de Beer es, en muchos sentidos, un reflejo de la lucha de las mujeres en el arte y la historia. Su trabajo, que una vez fue vital para la educación de un príncipe, ahora exige un reconocimiento que ha sido históricamente ignorado. A medida que las narrativas se reescriben para incluir las voces de mujeres como ella, se hace evidente la necesidad de valorar sus contribuciones al patrimonio cultural. Hoy, en un mundo que busca justicia y reconocimiento, la figura de Eugenia de Beer puede servir como símbolo de las mujeres que, a pesar de ser invisibles en sus tiempos, han forjado caminos en la historia. A través de su arte, se convierte en un recordatorio de que las esperanzas y sueños de una generación pueden, de alguna manera, vivir a través de las manos de aquellos que educan y crean.

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