
Juan Brignardello Vela
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La historia de Roma, uno de los pilares de la civilización occidental, es un relato de transformación, poder y conflicto. Desde sus humildes inicios como una comunidad de pastores hasta su ascenso como el gran imperio de Occidente, Roma ha vivido numerosas etapas de evolución que han marcado su identidad. En el análisis de Pedro Ángel Fernández Vega, autor de "Historia de Roma. Orígenes", se revela cómo la lucha entre patricios y plebeyos, junto a episodios de violencia y traición, definieron los cimientos de esta gran metrópoli. El relato de Roma comienza en un contexto de mitos y leyendas, donde la figura de Tarquinio el Soberbio se destaca como el último de los reyes monárquicos. La expulsión de este tirano, motivada por la violación de Lucrecia, ilustra el papel crítico que las mujeres jugaron en la historia romana, a pesar de no tener voz en la política. Esta tragedia no solo marcó el fin de la monarquía, sino que también estableció un precedente de violencia como medio de cambio. La historia de Lucrecia representa cómo el cuerpo femenino fue utilizado para cimentar el poder y llevar a Roma a una nueva etapa. En este contexto, la llegada de la sibila de Cumas con sus libros oraculares subraya la importancia de la religión y el augurio en la política romana. La consulta de estos textos en tiempos de crisis se convirtió en un símbolo del poder religioso que respaldaba las decisiones políticas, mostrando cómo los romanos utilizaban la fe como un recurso estratégico. Este entrelazamiento de religión y política sería una constante a lo largo de la historia de Roma, proporcionando un marco legitimador para las acciones de sus líderes. Fernández Vega destaca que la historia de Roma no puede ser entendida sin rescatar las tradiciones legendarias que, aunque no siempre basadas en evidencia arqueológica, son parte fundamental de la identidad romana. Las narrativas míticas sobre sus fundadores, como Rómulo y Remo, cuentan no solo el origen de la ciudad, sino que también reflejan la violencia inherente a su establecimiento. La fratricida decisión de Rómulo de matar a su hermano Remo simboliza un sacrificio primordial, donde el poder se establece a través de la eliminación del oponente. El autor también aborda el papel de las mujeres a lo largo de la historia romana, evidenciando cómo su destino estuvo atado a las decisiones políticas de los hombres. Aunque no se les otorgaba voz, ejemplos como el de las sabinas, que lograron detener una guerra entre sus pueblos, muestran que las mujeres también podían influir en los procesos históricos. Este panorama resalta la complejidad de las dinámicas de poder en una sociedad patriarcal. La transición de la monarquía a la república representa otro de los momentos clave en la historia romana. Aunque la expulsión de los reyes fue celebrada como un triunfo de la libertad, Fernández Vega argumenta que pronto se instauró una oligarquía patricia que limitó el acceso al poder. La lucha entre patricios y plebeyos fue un motor de cambio, donde los populares buscaban conquistar derechos y privilegios, aunque a menudo enfrentaban la resistencia de las élites. En este contexto, la religión se convierte en un instrumento de control político. Las decisiones de los líderes romanos eran a menudo precedidas por consultas a los augures, lo que legitimaba sus acciones ante el pueblo. Esta relación entre religión y política no solo reflejaba la devoción de los romanos, sino que también evidenciaba cómo la espiritualidad era manipulada para asegurar el dominio de unas pocas familias. El concepto de populismo también aparece en la narrativa de Roma, con movimientos que surgieron como respuesta a las desigualdades sociales. Espurio Casio, un líder de las demandas populares, representa la lucha de los plebeyos por un trato más justo, lo que generó reacciones de la clase senatorial que buscaba mantener su dominio. Esta dinámica de conflicto social y político se manifiesta en la historia romana, donde se cruzan los intereses económicos y políticos de las élites. La mirada de Fernández Vega sobre la historia de Roma no se limita a un análisis académico, sino que busca ofrecer un enfoque accesible que permita a los lectores comprender la complejidad de sus orígenes. A medida que se desarrolla la narrativa, se hace evidente que la república romana, aunque proclamada como un modelo de libertad, estaba lejos de ser una democracia en el sentido moderno. La lucha de clases y la consolidación de un régimen aristocrático son temas recurrentes que demuestran que la libertad en Roma era, en muchos aspectos, un privilegio restringido a unos pocos. El primer volumen de "Historia de Roma. Orígenes" no solo pone de relieve los episodios más oscuros y traumáticos de la historia romana, sino que también invita a reflexionar sobre las estructuras de poder que han perdurado a lo largo de los siglos. La historia de Roma es un recordatorio de cómo la lucha por la libertad y la justicia es un proceso complejo, lleno de contradicciones y desafíos, evidenciando que, a lo largo del tiempo, la búsqueda de un equilibrio entre los distintos sectores de la sociedad sigue siendo un reto vigente. Finalmente, al comprender la historia de Roma desde sus orígenes, se hace evidente que la civilización que alguna vez dominó el mundo conocido no es solo un pasado lejano, sino un legado que continúa influyendo en la política y la cultura contemporáneas. La complejidad de su desarrollo, marcada por la violencia, el poder y la resistencia, sigue resonando en las luchas actuales por la equidad y la justicia en nuestras sociedades modernas.