
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Recientemente, grandes multitudes se reunieron en Katmandú, Nepal, para dar la bienvenida al exrey Gyanendra Shah, lo que refleja un cambio significativo en el sentimiento público respecto al panorama político del país. Se estima que alrededor de 10,000 partidarios monárquicos se congregaron cerca del Aeropuerto Internacional Tribhuvan, donde expresaron sus esperanzas por la reinstauración de la monarquía, un sistema abolido en 2008. La escena estuvo marcada por cánticos apasionados, pidiendo a Gyanendra que reclamara el trono y salvara al país de sus actuales luchas. A medida que Gyanendra regresaba de un viaje al oeste de Nepal, multitudes de seguidores chocaron con la policía antidisturbios, que intentó restringir el acceso al aeropuerto. La atmósfera estaba cargada de nostalgia y un fuerte anhelo por el liderazgo real entre los manifestantes, muchos de los cuales expresaron su descontento con la inestabilidad política y los desafíos económicos que han plagado a Nepal desde la abolición de la monarquía. Gyanendra, quien fue coronado rey en 2001 en medio de una trágica masacre de su familia real, enfrentó críticas generalizadas durante su reinado. Su mandato estuvo marcado por una controvertida toma de poder en 2005, cuando declaró un estado de emergencia y disolvió el parlamento en un esfuerzo por combatir a los insurgentes maoístas. Este enfoque autoritario llevó finalmente a su caída; masivas protestas públicas en 2006 lo obligaron a ceder el poder a un gobierno multipartidista. Para 2008, una votación parlamentaria desmanteló efectivamente la monarquía hindú de 240 años, convirtiendo a Nepal en una república secular. Desde entonces, el país ha presenciado un asombroso cambio de 13 gobiernos, lo que ha llevado a muchos a cuestionar la eficacia del sistema republicano. La frustración entre los ciudadanos ha crecido, con un descontento generalizado dirigido hacia los líderes políticos acusados de corrupción e ineficacia. Los participantes en la reciente manifestación expresaron sus quejas, con algunos, como Thir Bahadur Bhandari, de 72 años, prometiendo un apoyo inquebrantable a Gyanendra y pidiendo un regreso a un sistema monárquico como solución a los problemas del país. Curiosamente, algunas personas que antes se manifestaron en contra de la monarquía han cambiado su postura. Kulraj Shrestha, un carpintero que participó en las protestas de 2006, ahora apoya la idea de restaurar la monarquía, citando la corrupción rampante y la gobernanza ineficaz como razones para su cambio de perspectiva. Expresó un sentido de traición por parte de los líderes políticos, lamentando el impulso inicial para abolir la monarquía, que él creía que mejoraría la situación del país. A pesar de este aumento de apoyo, los analistas políticos siguen siendo escépticos sobre la posibilidad de que Gyanendra o cualquier monarquía regrese al poder. Expertos como Lok Raj Baral sugieren que la monarquía, históricamente una fuente de inestabilidad, es poco probable que sea reinstaurada. Argumentan que las recientes manifestaciones son manifestaciones de la frustración pública con los actuales líderes políticos, más que un deseo genuino de volver al gobierno real. A medida que Nepal navega por este complejo terreno político, la reciente manifestación subraya una división significativa en la opinión pública. Mientras algunos recuerdan la estabilidad percibida de la monarquía, otros permanecen comprometidos con los ideales de una república democrática. El futuro del sistema político de Nepal sigue siendo incierto, pero los ecos de la historia y las realidades de la gobernanza contemporánea continúan resonando poderosamente en los corazones de sus ciudadanos.