
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




El pasado 28 de febrero, la casa real marroquí celebró un evento significativo, ya que Lalla Khadija, la hija del rey Mohamed VI, cumplió 18 años. Este día no solo marca la transición de la princesa hacia la adultez, sino que también simboliza una etapa crucial en la historia contemporánea de la monarquía marroquí. Con la llegada de la mayoría de edad, se espera que Lalla Khadija asuma un papel más activo y visible dentro de la esfera pública, contribuyendo a la modernización y apertura de la institución real en un país en constante evolución. Desde su nacimiento en 2007, Lalla Khadija ha sido objeto de atención en el contexto de la Casa Real. Aunque su hermano mayor, el príncipe Moulay Hassan, es el heredero al trono, la familia real ha depositado grandes esperanzas en ella, lo que quedó evidenciado en el perdón masivo que su padre proclamó para celebrar su llegada a la mayoría de edad, indultando a miles de presos como símbolo de renovación y esperanza. Su presentación ante los medios de comunicación, acompañada de fuegos artificiales, también ha sido un gesto significativo. Este acto, poco habitual para las mujeres de la familia real, refleja un deseo de acercar a la monarquía al pueblo marroquí, en un momento en que la figura de la mujer en la realeza está ganando protagonismo, en gran parte gracias a la influencia de su madre, Lalla Salma, quien fue pionera en el papel de consorte real. A pesar de la separación de sus padres en 2018, Lalla Khadija ha mantenido una relación cercana con su madre, quien ha sido una fuente constante de inspiración y guía en su vida. La princesa ha seguido los pasos de su madre, asimilando el estilo y el porte que siempre ha demostrado Lalla Salma, quien ha sido un modelo a seguir en el contexto de la realeza. La presencia de la madre, aunque en un plano más privado, ha sido fundamental en su desarrollo personal y profesional. El rey Mohamed VI también ha influido en la educación de su hija, eligiendo que se criara en un ambiente más tranquilo y menos expuesto a la atención mediática. Esta decisión ha permitido que Lalla Khadija se forme de manera sólida, lejos del bullicio del palacio y del escrutinio constante que enfrentan los miembros de la familia real. Su educación ha sido cuidadosamente planificada, comenzando en el Colegio Real de Rabat, donde pudo compartir experiencias con su hermano y aprender en un entorno que valoraba la tradición y la modernidad. Desde temprana edad, Lalla Khadija ha estado involucrada en diversas actividades y compromisos, lo que ha contribuido a forjar su identidad pública. Ya con seis años, inauguró un centro para niños en Casablanca junto a su madre, y a los diez años tuvo la oportunidad de conocer a importantes líderes mundiales, como los Macron. Estos momentos han sido cruciales para su formación y su futura implicación en los asuntos del país. En sus primeros años como adolescente, la princesa comenzó a mostrar un interés particular por causas sociales, lo que se ha convertido en un foco central de su futuro compromiso. La educación y los derechos de la infancia, así como el empoderamiento de las mujeres y la lucha contra el cambio climático, son solo algunos de los temas que ha manifestado su intención de abordar en su nueva etapa como figura pública. Con un talento notable para la música y una habilidad para hablar cuatro idiomas, Lalla Khadija se presenta como una joven versátil y preparada. La crítica y los medios marroquíes han destacado su capacidad para aprender y desarrollarse en un entorno que, aunque tradicional, está en proceso de modernización. Este aspecto de su formación será, sin duda, un activo clave en su futuro papel dentro de la familia real. La aparición pública de la princesa en 2024, durante la visita oficial de Emmanuel y Brigitte Macron a Marruecos, marcó un hito en su carrera como miembro de la realeza. Su presencia junto a su familia, así como su fluidez en francés al comunicarse con la primera dama de Francia, demostró su preparación y disposición para asumir un rol más prominente en el ámbito internacional. Este tipo de interacciones son esenciales para construir su imagen y fortalecer los lazos entre Marruecos y otras naciones. En el contexto actual, donde la monarquía enfrenta desafíos tanto internos como externos, Lalla Khadija podría ser la figura que ayude a revitalizar la imagen de la realeza marroquí, enfocándose en las necesidades y aspiraciones de las nuevas generaciones. Su educación, valores familiares y compromiso social la posicionan como una pieza clave en la evolución de la monarquía, y será fascinante observar cómo se desarrolla su papel en los años venideros.