
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




La reciente aparición de un video falso protagonizado por Scarlett Johansson ha desatado un debate significativo sobre el uso de la inteligencia artificial y la necesidad urgente de regulaciones en este ámbito. En el clip, generado por IA, Johansson, junto a otras celebridades como Drake y Natalie Portman, aparece visiblemente indignada en un mensaje dirigido a Kanye West, quien ha estado en el centro de la controversia tras un polémico anuncio durante el Super Bowl. El mensaje busca condenar el antisemitismo que ha caracterizado las recientes declaraciones del rapero, pero Johansson niega haber participado en el video, lo que plantea serias preguntas sobre la autenticidad y el impacto de los contenidos creados por IA. La artista expresó su frustración tras enterarse de que su imagen estaba siendo utilizada de manera engañosa para transmitir un mensaje que, aunque en sí mismo es crítico del odio, no se alinea con su postura personal. Johansson, quien ha sido abierta sobre su identidad judía y su rechazo al antisemitismo, enfatizó que la capacidad de la IA para amplificar discursos de odio representa un peligro mayor que el mensaje específico del video en cuestión. "Es aterrador que el gobierno de los Estados Unidos esté paralizado cuando se trata de aprobar leyes que protejan a todos sus ciudadanos de los peligros inminentes de la IA,” declaró, haciendo un llamado a la acción. El video en cuestión fue creado por Ori Bejerano, un empleado de una firma publicitaria en Tel Aviv, quien ha utilizado su trabajo en IA generativa para crear contenidos virales. Aunque la intención puede haber sido criticar la retórica odiosa de West, la implicación de usar la imagen de Johansson y de otros sin su consentimiento plantea un dilema ético sobre la utilización de la tecnología y la responsabilidad de quienes la crean. Bejerano ha celebrado el éxito viral del video, lo que contrasta fuertemente con la indignación de Johansson y otros afectados. No es la primera vez que Johansson se enfrenta a los efectos negativos de la IA. En una experiencia anterior, se vio envuelta en una disputa legal con OpenAI tras el lanzamiento de un modelo de ChatGPT que empleaba una voz que le era sorprendentemente similar. Tras su queja pública, OpenAI optó por retirar esa opción de voz, lo que refleja la creciente preocupación entre las celebridades sobre la explotación de su imagen y voz sin su autorización. Este incidente ha resaltado la necesidad de un marco regulatorio claro en torno a la inteligencia artificial, un tema que Johansson instó a convertir en una prioridad para el gobierno estadounidense. “Es un tema bipartidista que afecta enormemente el futuro inmediato de la humanidad en general,” argumentó, sugiriendo que este no es solo un problema de la industria del entretenimiento, sino una cuestión que atañe al bienestar de la sociedad en su conjunto. El fenómeno de los videos generados por IA, aunque fascinante desde una perspectiva tecnológica, plantea una serie de desafíos éticos y legales. La capacidad de crear contenidos que parecen auténticos, pero que en realidad son falsos, puede desestabilizar no solo la percepción pública de figuras públicas, sino también contribuir a la desinformación en un ambiente ya de por sí polarizado. Incluso los creadores de este tipo de contenido, como Bejerano, han demostrado cómo este “éxito” puede ser efímero y potencialmente dañino. Su cuenta de Instagram, que presenta una variedad de creaciones de IA, incluye una mezcla inquietante de contenidos, desde representaciones absurdas hasta situaciones que desafían la lógica, lo que a menudo se traduce en un humor oscuro que puede resultar desconcertante para muchos. El uso irresponsable de la IA en estos contextos puede tener consecuencias significativas, no solo para las figuras públicas, sino también para el público en general. La confusión provocada por la mezcla de realidad y ficción puede erosionar la confianza en los medios y en la información que consumimos, un problema que requiere atención inmediata. Mientras las discusiones sobre la regulación de la inteligencia artificial continúan, el caso de Johansson puede servir como un catalizador para que el gobierno y las industrias involucradas tomen medidas proactivas. La implementación de leyes que limiten el uso indebido de la tecnología es esencial para proteger a las personas y garantizar que la innovación no se convierta en una herramienta para la desinformación y el odio. Las implicaciones de este incidente son vastas y complejas, y subrayan la necesidad de educar al público sobre las capacidades y limitaciones de la tecnología de IA. La vigilancia y la responsabilidad en el uso de estas herramientas son vitales para preservar la integridad del discurso público y proteger a aquellos que se ven injustamente representados o dañados por la proliferación de contenido falso.