La Turbulencia Política de Tailandia en 2024: Lucha por la Democracia en Medio de Tensiones de Poder

La Turbulencia Política de Tailandia en 2024: Lucha por la Democracia en Medio de Tensiones de Poder

El panorama político de Tailandia en 2024 revela luchas continuas por la democracia, con las reformas del MFP sofocadas por la influencia militar y monárquica.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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El panorama político de Tailandia en 2024 ha continuado reflejando las complejidades y desafíos que han caracterizado durante mucho tiempo su gobernanza. Tras un tumultuoso 2023, marcado por el ascenso del progresista Partido Move Forward (MFP) y sus audaces propuestas de reforma, que incluyen cambios a la controvertida ley de lesa majestad, parecía que la nación finalmente podría estar dirigiéndose hacia un marco más democrático. Sin embargo, los establecimientos monárquico y militar han reafirmado una vez más su influencia, manteniendo un status quo que sofoca la reforma genuina. La victoria electoral del MFP se vio como una oportunidad para un cambio democrático real, particularmente con su compromiso de mejorar la transparencia en las instituciones gubernamentales. Sin embargo, la monarquía, cuya legitimidad parece cada vez más frágil, y el ejército, que sigue siendo un importante intermediario de poder, han mostrado una marcada falta de voluntad para acomodar tales reformas. Un acuerdo clandestino entre el establecimiento conservador y el Partido Pheu Thai, que permite el regreso del ex primer ministro exiliado Thaksin Shinawatra, ejemplifica esta falta de disposición. Este compromiso sirvió no solo para neutralizar el impulso del MFP, sino también para reforzar las estructuras de poder existentes sin recurrir a una intervención militar abierta. A medida que avanzaba 2024, se esperaba que el gobierno de coalición del primer ministro Srettha Thavisin se enfocara en revitalizar la economía. Sin embargo, las perspectivas de reformas educativas o económicas significativas han permanecido sombrías, ya que la inestabilidad subyacente en el sistema político obstaculiza la iniciativa. Esta inestabilidad puede atribuirse a varios factores interrelacionados que continúan afectando a la democracia tailandesa. En primer lugar, el panorama legal ofrece un arsenal de herramientas para marginar a los adversarios políticos. La constitución de 2017 permite la remoción vaga de funcionarios electos por motivos éticos, mientras que la ley de lesa majestad habilita acusaciones infundadas contra aquellos que desafían la autoridad de la monarquía. Tales disposiciones facilitan un entorno donde la represión política puede prosperar bajo el disfraz de la legalidad. El segundo factor contribuyente es la aparición de 'emprendedores illiberales', élites de menor rango dentro del régimen que compiten por poder e influencia. Estos individuos explotan frecuentemente los marcos legales mencionados para participar en conflictos faccionales, exacerbando así la volatilidad política y socavando la estabilidad ejecutiva. En agosto de 2024, el despido del primer ministro Srettha por una coalición de senadores alineados con el ejército, basado en acusaciones éticas dudosas, subrayó esta tendencia. Además, el ascenso de una 'sociedad incivil'—elementos dentro de la sociedad tailandesa que se oponen firmemente a las ideas liberales—agrega otra capa de complejidad. Estas facciones conservadoras han comenzado a atacar cada vez más a los jóvenes que abogan por reformas, creando un ambiente de intimidación. Thaksin, ahora una figura política disminuida, también se encuentra en aguas precarias, enfrentando desafíos legales en curso que podrían desestabilizar aún más el entorno político. En medio de este trasfondo de agitación, se hicieron esfuerzos para consolidar aún más el orden político existente. El nuevo senado, compuesto en gran parte por miembros afiliados al conservador partido Bhum Jai Thai, refleja una continuación del dominio conservador. Aunque este senado ya no tiene el poder de nombrar futuros primeros ministros, su influencia en asuntos constitucionales y nombramientos judiciales sigue siendo significativa. A medida que 2024 llegaba a su fin, se hizo evidente que el liderazgo de Pheu Thai había reconocido las limitaciones impuestas por las normas políticas arraigadas. El rechazo rápido de las propuestas para trasladar los nombramientos militares del jefe del ejército al gabinete ilustró una aguda conciencia del delicado equilibrio de poder en la arena política de Tailandia, donde incluso reformas modestas son recibidas con feroz resistencia. En conclusión, 2024 marcó un punto crítico en el panorama político de Tailandia, revelando los persistentes desafíos que obstaculizan el camino del país hacia una gobernanza democrática genuina. Con la constitución de 2017 demostrando ser más resistente de lo anticipado y la preferencia del ejército por formas más sutiles de control, el futuro de la democracia tailandesa sigue siendo incierto. A medida que la nación lidia con sus legados históricos y dinámicas de poder en evolución, se hace cada vez más claro que la búsqueda de una estabilidad democrática requerirá navegar por una compleja red de intereses, temores y aspiraciones.

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