
Juan Brignardello Vela
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Este lunes, la presencia de Felipe VI en El Campello, Alicante, marca un hito en la historia reciente de la monarquía española, al participar en la reinhumación de los restos de Rafael Altamira, un destacado humanista y represaliado por el franquismo. Este acto, que ha suscitado una mezcla de esperanza y escepticismo, se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre el pasado oscuro del franquismo y la relación de la Corona con la memoria histórica. Sin embargo, las asociaciones memorialistas han calificado este evento de "lavado de cara", cuestionando la sinceridad de esta nueva postura de la monarquía. Felipe VI presidirá un acto que, a ojos de muchos, simboliza un intento de la Casa Real por reconciliarse con la memoria de las víctimas del franquismo. Sin embargo, líderes de diversas organizaciones memorialistas han expresado su descontento, afirmando que esta selección de Altamira –un intelectual de alta cuna y prestigio– refleja un enfoque elitista que ignora a las cientos de miles de represaliados menos conocidos, cuyas historias siguen sin ser reconocidas. "Estamos ante un acto muy modesto y eminentemente propagandístico", señala Ángel González, presidente de la Coordinadora de Asociaciones Memorialistas del País Valencià. La figura de Rafael Altamira, cuyo legado educativo, histórico y jurídico es indiscutible, contrasta con la falta de atención a muchas otras víctimas del régimen franquista. En un país donde permanecen miles de fosas comunes sin exhumar, el hecho de que la Casa Real opte por rendir homenaje a una figura tan destacada ha sido interpretado como una forma de evitar afrontar la amplitud del sufrimiento causado por la dictadura. González subraya que, aunque Altamira fue un defensor de la democracia, su selección como símbolo de reparación es problemática: "Yo denuncio el olvido en el que hemos estado y seguimos estando sumidas todas las víctimas de la dictadura”. La figura de Altamira, quien no se afilió a ningún partido político pero mantenía ideas republicanas, es recordada por su incansable labor en pro de una educación progresista y de su papel en la historia de España. Sin embargo, su historia personal durante la Guerra Civil y el exilio tras la victoria franquista revelan la complejidad de su legado. Alejandro Tiana, experto en la obra de Altamira, resalta la importancia de recordar figuras como él, pero también destaca que el silencio sobre otros miles de represaliados es igualmente crucial. A pesar de la relevancia de Altamira, la crítica no se hace esperar en torno a la participación del rey. Emilio Silva, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, considera que la presencia del monarca es insuficiente y que es necesario condenar los crímenes del franquismo de manera más contundente. La reflexión sobre la memoria histórica en España es un tema delicado y cargado de simbolismo, y el hecho de que la Casa Real elija un acto como el de Altamira es visto como un intento de suavizar la percepción pública de la monarquía frente a un pasado doloroso. Arturo Peinado, presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, comparte la opinión de que la participación del rey en este evento se asemeja a un lavado de cara. En comparación con otros líderes democráticos que han pedido perdón en nombre del Estado por los horrores de sus dictaduras, Felipe VI parece aún reticente a dar pasos significativos hacia la verdadera reconciliación. “Es importante recordar que la dictadura tuvo dos jefes de Estado”, dice Peinado, refiriéndose a Franco y Juan Carlos I, y subrayando que el nuevo rey no ha abordado el sufrimiento de las víctimas en su totalidad. La reinhumación de Altamira es un momento para recordar no solo a un hombre, sino a un periodo de la historia que sigue generando división. Los memorialistas insisten en que su lucha por la verdad y la justicia no ha terminado. A pesar de las décadas transcurridas desde la transición democrática, muchos sienten que las heridas del pasado aún están abiertas y que la memoria de aquellos que sufrieron bajo el franquismo merece ser honrada adecuadamente. A medida que la sociedad española avanza en la búsqueda de su identidad, el papel de la monarquía en este proceso se vuelve más relevante. La presencia de Felipe VI en actos de este tipo podría interpretarse como un paso hacia la reconciliación, pero también plantea preguntas sobre la disposición de la Corona para confrontar el legado del franquismo de manera más amplia y profundamente. La historia, con sus matices y complejidades, sigue demandando atención y justicia. El acto de este lunes en El Campello será, sin duda, un evento simbólico, pero también un recordatorio de que el camino hacia la memoria y la verdad en España está lleno de desafíos. La tarea de reconocer y recuperar todas las historias y sufrimientos de quienes fueron silenciados por el régimen franquista continúa, y la sociedad civil permanece atenta a las acciones que seguirán a este acto. La esperanza de muchos es que este evento no sea solo un momento aislado, sino el inicio de un diálogo más profundo sobre el pasado y su gestión en el presente.