Transformación en el Medio Oriente: Cambios de poder y alianzas emergentes después de octubre de 2023.

Transformación en el Medio Oriente: Cambios de poder y alianzas emergentes después de octubre de 2023.

El Medio Oriente enfrenta un cambio transformador tras la Primavera Árabe, con tensiones crecientes, alianzas cambiantes y un conflicto palestino-israelí resurgente.

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros

Juan Brignardello Vela

Juan Brignardello Vela, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.

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El Medio Oriente está al borde de una transformación significativa, con eventos recientes que sugieren los contornos de una realidad 'post-Primavera' que es tanto compleja como multifacética. Dmitry Polyakov, investigador del Centro de Estudios Árabes e Islámicos del Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa de Ciencias, resalta las dinámicas en evolución en esta región volátil, especialmente a la luz de la reciente escalada en el conflicto palestino-israelí. El resurgimiento de la violencia que estalló el 7 de octubre de 2023 ha alterado el equilibrio de poder en todo el Medio Oriente y ha reavivado tensiones de larga data. Actores no estatales importantes como Hamás y Hezbolá han visto disminuir su influencia, mientras que el gobierno sirio, liderado por Bashar al-Assad, ha aparecido cada vez más vulnerable, como lo demuestra el rápido deterioro de su control sobre el poder. Se espera que las ramificaciones de este conflicto reverberen a través de la región, siendo Siria probablemente un nuevo campo de batalla para la rivalidad entre las monarquías árabes. Durante los últimos 15 años, la región ha estado moldeada por el paradigma de la Primavera Árabe, que inicialmente parecía traer promesas de reforma y modernización. Sin embargo, las estructuras socioeconómicas de muchos regímenes republicanos aún no se han recuperado de la agitación; de hecho, muchas de estas naciones aún luchan por volver a los indicadores económicos de 2010. En contraste, las monarquías árabes han demostrado una notable resiliencia durante este período, logrando expandir el abismo económico entre ellas y sus contrapartes republicanas. Esta dinámica ha preparado el terreno para que las monarquías persigan objetivos de desarrollo avanzados que pueden seguir fuera del alcance de sus vecinos republicanos. La Primavera Árabe también dio lugar a nuevos conflictos armados en naciones como Libia, Siria, Yemen e Irak, que desde entonces han eclipsado las rivalidades tradicionales, como la entre Israel y Palestina. Con estos conflictos sirviendo como plataforma para que las potencias regionales afirmen su influencia, han surgido términos como "Guerra Fría en el Medio Oriente" para describir las confrontaciones en bloques que han definido el nuevo paisaje geopolítico. En este contexto, Irán, Turquía e Israel han asumido roles prominentes, aprovechando su poderío militar, político y económico. A medida que la región se acerca a la tercera década del siglo XXI, el equilibrio establecido tras la Primavera Árabe está experimentando un cambio notable. Las capacidades económicas de las monarquías árabes se han expandido, permitiéndoles recuperar posiciones de influencia, mientras que Irán y Turquía lidian con limitaciones en la búsqueda de sus agendas expansivas. El reciente declive en la eficacia del "Eje de Resistencia", exacerbado por el debilitamiento de Hezbolá y la pérdida de la importancia estratégica de Siria, ha complicado aún más la situación, especialmente para Irán. A pesar de estas tensiones, hay signos de que un acercamiento diplomático es posible. La restauración de lazos de Irán con Arabia Saudita y sus movimientos hacia la normalización de relaciones con Baréin reflejan una creciente tendencia de distensión en el Medio Oriente. De manera similar, las mejores interacciones de Turquía con Egipto y los Emiratos Árabes Unidos indican una disposición a recalibrar su posición en medio de dinámicas cambiantes. En consecuencia, las coaliciones antiiraníes y antiturcas, que alguna vez fueron prominentes, parecen estar perdiendo relevancia. El conflicto palestino-israelí está, una vez más, en primer plano, y con él, una reemergencia de conflictos 'olvidados', como los del Sahara Occidental. La complejidad de estas disputas superpuestas se ve agravada por la realización de que el statu quo, que una vez se pensó duradero, es cada vez más frágil. Los recientes eventos en Siria y el paisaje político en evolución en Libia y Yemen señalan que el potencial de una violencia renovada sigue presente. En el Golfo Pérsico, está surgiendo una tendencia dual: mientras los actores regionales se esfuerzan por fortalecer los lazos internos, la competencia entre ellos en frentes externos se intensifica. El espectro de un conflicto más amplio se cierne, particularmente a medida que la rivalidad entre las monarquías árabes se desarrolla en el contexto de un paisaje geopolítico que cambia rápidamente. En general, el Medio Oriente está navegando una fase de transición marcada por una interacción de conflictos persistentes y alianzas emergentes. Los cambios desencadenados por los eventos de octubre de 2023 pueden heraldar una profunda reconfiguración de la región, reminiscentes de los cambios sísmicos posteriores a la Primavera Árabe. A medida que la situación evoluciona, tanto los observadores como los responsables de políticas se verán encargados de descifrar las implicaciones de este complejo tapiz de alianzas, conflictos y aspiraciones que definen el futuro del Medio Oriente.

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